Goces y desventuras del amor
¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?, se preguntan los ingenuos amantes (pleonasmo) al sufrir sus tormentosas historias de amor. Ya sea por las muchas ganas o el poco escarmiento, la rueda del amor da vueltas, sin parar, eternamente.
A su paso, los amantes brincan y caen, cual boñiga fresca, sobre el duro suelo. Pero a diferencia de las heces vacunas, los enamorados se incorporan y trepan de nuevo a la rueda, y vuelven a empezar, sin parar, eternamente; sacando tiempo incluso para visitar su videotienda favorita
When Harry met Sally
Muchos galanes y doncellas después, cuando ya las divas y divos del viejo cine romántico estaban muertos, o eran fantasmas de pelo blanco que se asomaban sólo en la noche de los Oscar, surgió un nuevo tipo de comedia tipo Hollywood.
Estos nuevos amantes son muy distintos a los clásicos: se despeinan, visten sin decoro, van a la Universidad, se permiten el horror de no saber bailar, y hasta se toman TODA la pelicula para declarar formalmente su amor. Antes, aunque no pasara nada, desde la primera mirada se notaba el final feliz
En el caso de este atípico enamoramiento, nos lo muestra la película desde el comienzo, el amor nace en la más banal de las situaciones, y con maña y paciencia puede durar toda la vida. No se si eso es bueno o malo, pero "Cuando Harry y Sally se encuentran" (traducción libre y equitativa) de Rob Reiner, es un punto alto en la comedia de espíritu neoyorquino, de esas que uno asocia sin pensarlo mucho a Woody Allen. Es una divertida oportunidad de ver a Meg Ryan antes de que empezara a clonarse a sí misma, así como a Billy Crystal antes de que se mudara al salón de los Oscar. Eso sí, hay algo terrible en esta historia de amor. Muchos incautos aprendimos con esta película que es cierto: ellas pueden fingir sus orgasmos.
William Shakespeares Romeo & Juliet
Las adaptaciones en cine siempre son difíciles, y si se trata de obras clásicas (Shakespeare, por ejemplo) no puede dejarse a todos contentos. La cinta de Baz Luhrmann no es diferente.
El director tomó una sabia decisión: reinventó la historia completa. Se atuvo a sus palabras originales, que son eternas, pero cambió con fortuna (y gran escándalo de ortodoxos) el marco general. El resultado es una viejanueva historia de amor; una de las mejores versiones que se han hecho sobre los amantes veroneses. Una simple razón: su espíritu.
Aunque transcurra en otras calles, otro tiempo, otro sol; aunque se vista de kitsch, cante pop-rock y reemplace las nobles espadas por flamantes pistolas, el espíritu permanece, y eso es lo que importa en historias como esta. Su fuerza, su dedo en la llaga, su amor sin prejuicios se asoman sin dificultad por sobre su nuevo vestido, que lejos de estorbar le ayuda a conectar con un público nuevo.
Hay que olvidar a Leonardo Di Caprio y Claire Danes como actores, y reconocer la eficacia con que dan cuerpo a sus papeles. Ellos son Romeo y Julieta como podrían verse hoy
si existieran. Porque ese es otro mérito de la película: mostrarnos, a través de una tragedia, como tantos amores enfrentados (Dios, honor, familia) y mal entendidos, pueden llevar a mal término el amor de dos adolescentes. Morirse por amor. Oscuro privilegio el de estos muchachos
Don Juan de Marco
Aunque no nos demos cuenta, o no queramos admitirlo, Don Juan (cualquier Don Juan) es uno de los personajes más sabios de la historia.
A todas enamoraba, y a todas endulzaba con la palabra, diciendo cosas de este tenor: "ninguna como vos, señora mía", con lo que salía siempre victorioso.
Podrá uno reprocharle muchas cosas, pero Don Juan está bien cruzado con sus instintos. Simplemente busca lo que quiere y envuelto en la capa del romanticismo (la cinta se basa, más o menos, en el personaje de Lord Byron) lo consigue de la mejor manera.
La película de Jeremy Leven, con Johnny Depp como Don Juan, juega a la doble realidad de un loco y su siquiatra. Tras discusiones y discursos los dos mundos se confunden, y el viejo doctor toma el tratamiento que el joven le propone. Marlon Brando (el Dr. Minkler) saca fuerzas de su gordura para seducir otoñalmente a su esposa Marilyn (Faye Dunaway), a la que había olvidado en el cajón de su rutina matrimonial.
Otra vez, como debe ser, la locura conduce al amor, y uno se deja perder en este juego de reflexiones y metáforas en torno al asunto.
¿Y Don Juan?, bien, gracias. Después de salvar a su salvador siguió su camino, pero tuvo tiempo de decirnos algo más.
Cada vez (he aquí su gran secreto), Don Juan se enamora de verdad. Es un soñador. ¿No les da envidia?.