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brújula
amor y amistad
amor & compañía ltda.
Lo tengo que reconocer abiertamente: me pudre el Día del Amor y la Amistad. Y me pudre no por las razones clichés de todo el mundo: …es que es muy comercial… no, es que es un día inventado por los comerciantes para ganar plata… yo no necesito un día especial para quererte… etc. No, no me gusta es simplemente porque cada año se me olvida, y cada año me meto en problemas de los cuales tardo casi un trimestre para salir, justo a tiempo para que se me olvide el cumpleaños o cualquier otra fecha especial. Mejor dicho, mi vida es un problema sin solución y la culpa la tienen los que inventaron tantas fechas especiales. Hay demasiadas para una mente normal que está preocupada por cosas verdaderamente importantes como comer, dormir..., sobrevivir, en este país donde casi no hay amor y mucho menos amistad. Si no me cree, mire los noticieros para ver cómo nos queremos de bastante.

El caso es que, si pudiera (si en esta sociedad no fuera tildado de monstruo o paria, por lo que quiero proponer), compraría todos los regalos correspondientes a los próximos cinco años, y le pagaría a un tipo bien detallista para que cada año enviara un presente en la fecha indicada. Piénselo… Regalos a Tiempo Ltda, puede llamarse una próspera empresa fundada en este simple principio.

Juan C. Jaramillo


agujero negro
Lo más fácil es acudir a las citas célebres, que en el caso del amor se cuentan por millones. Pero no, hay que darle la cara al monstruo ese y lidiarlo sólo; de otro modo no vale.

Lo mejor es tratarlo entonces con respeto, pero con ligereza; ni muy en serio, ni en broma del todo. Puedo vivir cien años sin saber de que se trata, pero un sólo instante feliz por causa suya es más que suficiente. No se trata de un discurso, sino de una sensación, de esas que difícilmente se dejan atrapar con las palabras. Sin embargo, y en eso se ve su poder, seguimos intentando.

El Amor es un demonio que te posee y no te deja descansar. Es como nosotros: difícil, inconstante, paradójico, mortal. Es nuestro espejo más peligroso, por eso hay que pulirlo bien y cuidarlo hasta el final. Es el otro, pero también soy yo.

El amor es una sensación de plenitud en la que el universo entero te cabe en el corazón. Eso está muy bien, pero como en todo, los peligros existen, y hay que cuidarse, particularmente, de los terribles agujeros negros. No sabe uno a que mundos puede ir a parar…

Braulio Uribe


el pobre adorado
Un saludo a esos que en todas las fiestas los saludan, que tienen una libreta telefónica casi tan grande como el Directorio, que se saben el árbol genealógico de todas las familias de la ciudad, que están enterados de los chismes de todo el mundo.

Un abrazo a esos que tienen fama de queridos, de adorados, apreciados.

Mis felicitaciones para todos aquellos que nunca les falte coctel y rumba, invitación, almuerzo y desayuno de trabajo. Mis más sinceros respetos a ustedes, a quienes les llegan cien o doscientas tarjetas de navidad. Mi admiración señores, ustedes que se acuerdan de todos los nombres y rostros… ustedes que tienen un calendario lleno de cumpleaños.

Mi envidia, de la buena, para ustedes que en todas partes los saludan, salen en la televisión regional y/o nacional, en las páginas sociales, alguna vez en una revista de circulación nacional. Ustedes populares, reconocidos, que son motivo de chismes, comentarios, habladurías…

Mi mayor compasión para esos que como consecuencia de su popularidad no pueden salir a la calle con el pelo sin lavar, que no tienen derecho a olvidar un cumpleaños, un aniversario, un nombre.

Un sincero sentimiento de pesar para esos que siempre tienen que saludar queridísimos, que deben mandar tarjetas, que están obligados a manejar una libreta telefónica tan grande como el Directorio de la ciudad, que se saben árboles genealógicos, que nunca faltan a coctel y rumba, que reciben cientos de tarjetas en navidad, que salen en las páginas sociales y son motivo de chisme y comentario.

Carolina Corrales


nunca frente a mis amigos
El amor exige cierta delicadeza, cierto grado de ternura. Las parejas, en el proceso de enamoramiento, pasan por los predecibles pasos de confianza y afecto. Es apenas lógico pues que cuando entro en contacto con una representante del sexo femenino el primer recurso que emplee esta para llamarme sea el ya tradicional Javier. Si la cosa se empieza a poner buena, es decir, si es capaz de resistir la primera cita, resulta bastante probable que me convierta en este loquillo adorable. Camino al amor, después de consumado horizontalmente lo que se piensa cuando uno está parado todo el día, con toda seguridad voy camino de un cálido Javi. Pero cuando el amor ya ha tocado a las puertas, cuando no parece haber una vía de escape o retorno, me convierto en gordis, loquis, chuflis, calvis, pirucho, corocito o lo que a la afectada le venga a la cabeza. No me opongo. De hecho yo incurro en semejantes prácticas de lenguaje y trato kitsch extremos. Pero la cosa se sale de las manos, cuando se sale de la boca de ella -delante de algunos conocidos míos- unos ciertos cariñitos que deberían ser guardados con celo en la intimidad de la pareja. No me ha sabido nada bueno que mis amigos, en tono de burla, y a los gritos, en una fiesta, me exijan, como si fuera el empleado de guante blanco: gordis trae más pan para la lasaña… otro poco de langosta, corozoooo… limón y sal para el tequila, pirucho… Nunca frente a ellos, muñeca… Nunca…

Javier Rodríguez

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Página actualizada el lunes, 4 septiembre 2000
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