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El vino se inventó en el Oriente... el Medio Oriente. Ya lo habíamos discutido en nuestras primeras columnas. Hablamos de Armenia (antigua Unión Soviética) y alrededores, hablamos de Grecia y Yugoslavia y un poco de Egipto, o sea el Medio Oriente. Sin embargo, no mencionamos nada del Oriente Oriente... de Japón, China o Corea. No los mencionamos porque históricamente ninguno de esos países ha tenido tradición de vino como lo conocemos en Occidente.
Mi primera intención para esta columna fue la de escribir sobre el tradicional Sake japonés, pero luego me arrepentí porque el Sake no es realmente vino sino un delicioso licor de arroz que podría ser apresuradamente etiquetado como el equivalente del vino de uvas, del vino occidental. Luego pensé escribir sobre vino del Medio Oriente, pero como es casi imposible conseguir en nuestra ciudad cosechas de Rumania, Turquía y países enemigos, decidí más bien mirar el artículo de Andrè sobre el Restaurante Sakurahana y complementar lo que el dijo sobre Sushi... del cual, debo confesar, soy un absoluto fanático.
Ya lo dijo él (Andrè), Sushi es pescado crudo... ¿cómo puede alguien comer pescado crudo? ¿y encima tomar vino para acompañarlo? Pues bien, se puede hacer y es sencillamente delicioso. El Sushi es de lejos la carne más delicada que hay... los japoneses llevan varios milenios perfeccionando su preparación. Seguro usted no lo va a creer pero un trozo de un poco más de una onza de Atún Azul del Océano Pacífico puede costar cien dólares en Tokio. Un solo Atún de una media tonelada, algo así como 50 millones de pesos o el equivalente de un Volskwagen Concept en cualquier concesionario de Medellín. No espero que a ciegas acepten lo que les digo... lean National Geographic, ahí lo leí yo.
Es apenas lógico pues que a tan costosa comida se le acompañe con algún vino de igual o mayor cuantía, o al menos con el vino indicado: un Sauvignon Blanc. Escogí este porque su olor casi siempre me acuerda de algun cítrico (de toronjas o naranjas frescas) y porque no es muy ácido, lo cual combina perfecto en la boca con el suave sabor del Sushi. Personalmente prefiero el Sushi de pescados con carne roja (Atún), o rosada (Salmón), aunque admito que soy particularmente debil al Sushi de anguila ahumada (único que no es crudo) con el que el Sauvignon Blanc se entiende perfectamente. Ahora bien, cualquier Chardonay compite decorosamente en este inexplorado campo. A quienes disfrutan de sabores sutiles a barril o maderas y que no tienen muchos reparos con la crudeza del Sushi, les recomendamos pedir un buen Chardonay para acompañarlo. Amelia de Concha y Toro ($27.000) es en este caso la elección perfecta. Ahora bien, si usted desea menos alcohol en la boca y le teme al amargo en las comidas, le recomendamos que trate de encontrar un Riesling para amenizar su velada de Sushi. Los vinos Riesling tienen menos contenido de alcohol y algunos son algo dulces (en diferentes grados dependiendo del productor y la región)... algo que muchos comensales realmente prefieren a la hora de acompañar pescado, asi sea crudo.
No deje de todas maneras de experimentar con Pinot Grigio (en Medellín se puede conseguir, por ejemplo, Orvieto Clásico, italiano a $15.000). Otra opción es un fuerte tinto como Merlot de Undurraga ($16.000), pero eso de pescado y tintos lo dejamos para otra ocasión
Juan Camilo Jaramillo
juan@elocio.com |
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