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Trópico y vino no se entienden bien. Se puede tomar vino en el trópico, por supuesto (mientras se mantenga artificialmente a temperatura adecuada), pero es dificil cultivar buenas uvas (de vino) por estos lados. Nada para lamentar
si pudiéramos cultivar uvas para elaborar buen vino en Colombia, también tendríamos que soportar inviernos con hielo, nieve y -20°C, veranos húmedos de más 40°C a la sombra, primaveras con alergias al polen y tendríamos que pasar tres horas diarias recogiendo las hojas caídas en octubre. Una vez se han sufrido esas rigurosas condiciones climáticas (tan lindas en las postales) es preferible tener que pagar más por el vino para traerlo desde allá. El problema es el ridículo sobreprecio y la increíblemente pobre variedad de vino disponible en Medellín. No es una queja, entiéndanlo. Así como en Siberia no pueden cultivar café y tienen que pagar mucho por una buena taza del mismo, en Colombia no hay clima apropiado para cultivar y mantener buenos viñedos. No tomamos vino, no sabemos de vino y pagamos mucho por cualquier botella: por eso somos apáticos hacia él.
Los que intentan
A pesar de estos obstacúlos climático-geográfico-culturales, hay en Colombia valientes empresarios dispuestos a nadar contra la corriente. La famosa casa Grajales en el Valle del Cauca lleva años intentando elaborar un buen vino. Lastimósamente, tengo que agregar, sin ningún éxito hasta ahora. En Antioquia no nos quedamos atrás. La empresa Provica, en San Pedro, hace ya más de 15 años que tambien luchó por lo propio, con similares decepcionantes resultados. No quiero mencionar aquí a Cariñoso o Sansón. Tampoco a Tres Patadas conocido por cualquier bachiller de la ciudad por sus interminables resacas, básicamente porque no sé nada de ellos
sólo, que son de dudosa reputación.
Una excepción
Curiosamente y en el lugar menos pensado de Colombia hay una excepción a la ecuación. En el Valle del Sol en Boyacá, en las inmediaciones de las poblaciones de Belencito y Sogamoso, hay un Viñedo llamado Marqués de Punta Larga. El propietario, un enólogo colombiano educado en Alemania, encontró las condiciones adecuadas, el clima frío perfecto, la inclinación y composición del terreno ideales y las cepas de uvas necesarias para producir un buen vino contra todas las posibilidades. No hay estaciones en Boyacá pero su Riesling, uva alemana blanca, se produce desde hace varios años, adquiriendo lentamente, sino un culto, por lo menos un grupo importante de seguidores en el país. Infortunadamente la produccion es baja y no es fácil de conseguir. Hasta donde sé, sólo se puede comprar en el viñedo mismo y en La Vinoteca en Bogotá. Además, es también curioso que no sea muy caro, lo que hace de éste un vino obligatorio al menos una vez, para todo aquel que decida sumergirse en la afición por los vinos en Colombia. Tristemente, otros vinos de la casa, como el Grenache, no pueden ser tan halagados.
Ya no diremos como curiosidad que hay un paisa vendiendo camellos en el desierto del Sahara o que un bogotano es el rey de los jalapeños en México , sino que tendremos que decir el más ingenioso de todos es un colombiano haciendo buen vino en Colombia.
Juan Camilo Jaramillo
juan@elocio.com |
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