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colores
Esta columna es la más difícil que me han puesto a escribir en los casi dos años que lleva elocio circulando. Escribir de vinos alternativos no es fácil. Es más, basicamente me los tuve que inventar
Me explico.
En esta lúdica actividad no existe realmente lo alternativo. En cerveza tal vez sí, pues usted puede, si quiere, pedir una sin alcohol. Ahora bien, no sé por qué diablos alguien quisiera tomarse una de esas, pero un vino sin alcohol es sólo un jugo de uvas, y a eso no se le puede llamar una alternativa en realidad. La única alternativa a tomar vino es cualquier otro trago y si usted hace eso pues entonces ya no está tomando vino.
Así que no fue fácil encontrar los esquivos vinos alternativos. Sin embargo, hojeando un libro, una idea me saltó a los ojos cuando ví el anuncio de un rosé o un vino rosado. Luego me acordé del vino verde portugués, y ahí se me iluminó el día: vinos de colores (diferentes a los tradicionales amarillo claro y rojos)
Vinos rosados
Los vinos rosados no son más que una estrategia de mercadeo, aunque los productores y algunos conocedores digan lo contrario. Cuando un vino blanco es elaborado, éste es fermentado sin la cáscara y de ahí su pálido color amarillento. Por el contrario, un vino rojo es fermentado en compañía de las pieles oscuras que son las que finalmente regalan sus pigmentos y mucha parte del característico sabor de los tintos. El rosado, en cambio, es una manipulación deliberada de este último proceso con el único fin de agregarle un poco de color y poder vender algo distino. Y distintos quedan, de eso no hay duda. La teoría es realmente simple. Los vinos rosados son prensados, y como todos lo vinos inicialmente (blancos o tintos), son del color del jugo de uvas
amarilloso. Sin embargo, la primeras horas de fermentación generalmente entre una y tres se hacen en presencia de las cáscaras rojas, que sueltan parte de sus pigmentos y colorean levemente el líquido. El resultado es un vino rojo sin carácter o un vino blanco con muchos taninos. O sea, un vino a medias.
Reconozco que me he topado con uno que otro rosé de muy buen porte a traves de los años pero he tenido que que aguantar tantos fiascos para tomar uno bueno que decidí abandonar la busqueda del perfecto rosado y me dediqué mejor a explorar los tintos que son mi verdadera pasión (decepcionan con muchísima menos frecuencia).
Vinos verdes
Esta es una variedad o tipo de vino exclusiva de Portugal. Allá lo llaman Vinho Verde y lo de verde no se refiere realmente al color sino al estado de temprana madurez de las uvas con las que es elaborado y a la juventud del vino mismo. Por eso, un vino verde portugues puede ser rojo o blanco.
Los vinos verdes son los vinos secos mas conocidos de esta gran región y se caracterizan por su nitidez y frescura en el paladar. La mayor parte de los vinos verdes blancos se hacen con frecuencia de la uvas Loureiro y alvarinho respectivamente y se toman casi exclusivamente como aperitivos, caracterizados por su bajo contenido de alcohol y frescura en el paladar. También son perfectos acompañantes de la comida de mar pues son bastante secos y con sabores que recuerdan el limón y las manzanas. Los vinos verdes tintos por el contrario pueden llegar a ser buenos pero con frecuencia son ácidos y hasta astringentes haciéndolos más adecuados para las carnes y los quesos fuertes.
Vinos verdes y rosados
¿vinos alternativos?, no sé. Preferiría considerarlos estrategias de mercadeo antes que verdaderas alternativas a los tradicionales, sobre todo cuando hablamos de Rosé.
sorbos
El vino de este mes para la cata local no podia ser más apropiado para el tema general del periodico: Alternativo. Es tan común, tan ordinario que la palabreja alternativo le cuadra perfecto, si nos atenemos al sarcasmo general con la que le hemos tratado aquí, por supuesto.
Se trata de Segú Ollé $ 4.500, un vino de caja chileno con tan poco que decir que me tomó casi una caja entera decidir a que sabía, a que olia. El resultado fue realmente decepcionante
El color, bastante pálido para ser un tinto, auguraba lo que llegó después. Un aroma casi exclusivamente a alcohol y un sabor completamente plano y sin sorpresas, salvo la consabida amargura al lado de la lengua en el primer trago. Este tinto reservado como lo llaman los inteligentes productores (muy barato, muy comercial, muy lucrativo seguramente) carece en absoluto de carácter y podría ser catalogado entre los vinos llamados pobres, (ver elocio 21) no por su económico precio sino por su falta generalizada de calidad. No lo recomiedo para nada.
cata local
Si va a explorar los vino rosados no deje de hacer antes lo siguiente: Ya que hablamos de alternativas en este número, le propongo algo realmente diferente, sólo para paladares arriegados. Destape una botella de un tinto fuerte, digamos un Cabernet Franc o C. Sauvignon. Luego haga lo mismo con un Pinot Blanc o un Chardonay y vierta sólo un poco del primero en una copa del segundo. Lo que en efecto se está haciendo es creando un rosé in situ. Lo más seguro es que usted se confunda al principio y le disguste el sabor fuerte y alterado del blanco. Sin embargo luego de un par de intentos y con distinas combiaciones de cantidades es posible que aprenda a descubrir las virtudes de ambos en un solo sorbo. Algunos catadores poco ortodoxos usan esta técnica, para agudizar su memoria de paladar y poder luego diferenciar los vinos con más precisión. Recomiendo este ensayo sólo a aquellos que toman vino sin embriagarse
la resaca es de miedo.
Juan Camilo Jaramillo
juan@elocio.com |
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