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Sigamos con el milenio
Después de mucho pensar cómo aproximarme a las palabras «milenio» y «vino» para esta columna decidí que era inútil
Sí, podría asumir la ardua tarea de enunciar las mejores cosechas del milenio, pero eso me tomaría semanas y realmente no le aportaría nada a nadie.
El vino se toma desde hace mucho, más de cinco mil años, pero el que hoy tomamos no tiene similitud alguna con el brevaje avinagrado que nuestros antepasados consumían. El concepto de «buena cosecha» sólo existe desde hace un par de siglos, desde que se inventaron la botella y el corcho; así que las mejores cosechas del milenio estarían todas arrumadas entre 1700 y 1999. Incluso me atrevería a decir que las mejores cosechas son las de este siglo, cuando finalmente la producción de vino se tecnificó lo suficiente, y pasó de ser un mero arte a una verdadera ciencia. Son memorables, por ejemplo, la cosecha de Francia y en general toda Europa del año 1945. Las de principios de los 60s y finales de los 80s son igualmente maravillosas en Europa; pero en California o en Australia, o en Suráfrica la cosa cambia. Las cosechas son distintas. Los vinos son distintos. Los consumidores son distintos. Además, con la variedad de vinos en el mercado mundial actual, escoger unos vinos sobre otros se vuelve una tarea casi imposible. Lo mejor entonces es evitar el tema del todo, hablar de otra cosa.
Sugiero entonces algo más práctico: qué tomar a fin de año. Estamos a fin de año, no importa si es fin de milenio o no. La gente no va a comprar (yo sí, pero eso no cuenta) botellas mucho más especiales de vino por esa razón (aunque deberían, ¿cuantas veces se tiene la oportunidad de cambiar de milenio?), pero no sobra mencionar algunos tipos especiales para esta temporada de mucha comida y trago de dudosa reputación culinaria. No se piensa en qué aguardiente combinar con el sancocho del 25, pero sí hay que hacerlo si esa comida se va a acompañar con vino.
En Navidad se consumen cantidades ilimitadas de carne roja en este país. Carne de cerdo, carne de res
carne. Aunque no profeso el antiguo dogma estricto de vinos rojos para carnes rojas, en este caso seré dogmático. Compren vino tinto para acompañar sus asados navideños. Si es carne de cerdo deben inclinarse por tintos livianos como un Rioja español, o un Merlot suave chileno, francés o californiano
Pero si van a comer carne de res, el vino a escoger debe ser sin titubeos un Cabernet Sauvignon o un Zinfandel tinto de California. Ambos con buen contenido de alcohol y pigmentos.
Pollo y pernil son también consumidos con avidez por los comensales de fin de año. Ambos van muy bien con vinos blancos. Particularmente Sauvignon Blanc o Chardonay, pero también son buenas elecciones los Pinot Grigio. Algunos Riojas blancos (seguramente elaborados con la uva tempranillo) pueden finalmente ser una perfecta decisión a la hora de acompañar estos platos.
Lo más importante, como escribí en mi columna anterior, es dejarse llevar por el instino y no el snob. Si su tío rico ha ido a Francia dos veces y le trata de decir que cómo se le ocurre acompañar un ajiaco con vino
ahorre y páguele un tiquete de sólo ida para que se devuelva a Francia. Por su lado, con lo que le sobre después de ese gasto, cómprese una buena botella de Fumé Blanc o Sauvignon Blanc y siéntese tranquilo a disfrutar de ese delicioso Ajiaco
( y no se olvide de las arepitas redondas).
Juan Camilo Jaramillo
juan@elocio.com |
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