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Chile ha sido llamado un paraíso para la producción de vinos finos. A lo largo de más de 4 mil kilómetros desde el desierto de Atacama hasta la Tierra del Fuego, el austral país está acorralado entre el frío océano Pacífico y la imponente cordillera de los Andes. Como Chile nunca ha sido invadida por la más temible enfermedad de los vinos: la Phylloxera*, esta gran región es uno de los pocos lugares en el mundo donde los viñedos pueden ser plantados desde su raiz (sin acodos especiales en plantas resistentes a la enfermedad). Agua limpia y abundante de las montañas hacen la irrigación de los plantíos confiable durante todo el año en plantaciones que crecen con naturalidad única en las tierras fertiles de su seis principales regiones viníferas: Aconcagua, Casablanca, Maipó, Rapel, Colchahua y Maule.
La historia de la elaboración del vino en Chile se remonta hasta mediados del siglo pasado cuando una oleada de inmigrantes franceses se asentaron en la región de Santiago trayendo con ellos uvas como Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot, Sémillion y Sauvignon Blanc. Aun hoy la tradición francesa de elaboración está arraigada en todo el país donde las tendencias hacia vinos elegantes y europeos son la regla. Por muchos años, el desarrollo de la idustria fue obstaculizado como consecuencia de la falta de confianza de los inversionistas. Sólo hasta hace dos décadas, los vinos en Chile se fermentaban en barriles de madera curada del arbol rauli que oxidaba los vinos blancos y literalmente anulaba la fruta en los rojos. La situación, afortunadamente, cambió a mediados de los 80s cuando los chilenos, agresivamente, empezaron a desarrollar su paralítica e ineficaz industria, para incluírla como un importante producto de exportación. Casi de inmediato, inversionistas de Europa, Australia y Norteamérica notaron el potencial y decidieron traer las últimas innovaciones para la elaboración de vinos de categoría mundial. Adicionalmente, enólogos de la estatura de Greg Upton, fueron contratados permanentemente como consultores de las principales casas productoras para elevar aún más el nivel y la calidad del vino chileno.
Chile nos interesa en Elocio por dos razones. La primera, porque es una industria naciente, con muchísimo potencial, de cuya evolución seguramente seremos testigos cercanos. La segunda porque en Colombia los vinos chilenos son, de lejos, los más consumidos, los más importados, los más conocidos, y los más alcanzables cuando de precio se trata (excluímos los de caja de esta historia). Queremos que nuestros lectores aprendan a tomar vino con vinos que se puedan conseguir, no con utopías que venden en Europa o Norteamérica.
Todos conocen a Undurraga, por supuesto, o a Santa Rita, Concha y Toro, Gato Negro e incluso a Montes y Santa Carolina
los más aficionados seguramente han probado Domaine Rabat o Valdivieso, pero con seguridad, sólo una selecta minoría ha tenido la oportunidad de pasar por el paladar un Reserva Doña Consuelo del 91 de la casa Viña Segu Ollé o acaso un Miguel Torres Curicó Manso de Velasco reserva del 89.
En esta primera entrega sobre Chile nos limitaremos finalmente a mencionar sólo este hecho ineludible: Chile está en la agenda de los grandes productores europeos. En California Robert Mondavi sabe que tarde o temprano Chile le pisará los talones. Los australianos no duermen bien pensando en los hermosos y sanos viñedos chilenos.
Tristemente, de los cerca de 700 vinos diferentes de 66 casas productoras en Chile disponibles en Estados Unidos, en Colombia solo podemos disfrutar de una fracción diminuta de ese mercado
No obstante creemos que eso va a cambiar pronto. En los próximos dos números de Elocio hablaremos en esta columna de las principales variedades de vinos chilenos disponibles en Colombia, sus precios y del Amelia un Chardonay de categoría también fácil de comprar aquí. Lo confieso desde ya: mi verdadero Sueño Americano es un sueño Suramericano. Algún día quisiera tener un pequeño pero prestigioso viñedo en el país del sur, con los nevados a mis espaldas una copa de rojo al frente y el Pacífico en los pies
* Hongo fatal para los viñedos considerado como la peor plaga de la industria y el azote de grandes y pequeños productores en casi todo el mundo
Juan Camilo Jaramillo
juan@elocio.com |
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