|
|
|
Tomémonos el arranque no es una expresión que se use mucho entre los aficionados serios al vino. Tampoco lo son fondo blanco, arriba abajo al centro y pa dentro, y mucho menos a pico de botella.
El vino se toma en copas, en copas especiales. Generalmente éstas deben tener tres características en común.
1- Son transparentes y no tienen grabados u opacos.
2- Tienen un tallo largo .
3- Son de cristal o vidrio.
Además de lo anterior las copas son de una forma especial que casi siempre incluye un cuerpo redondo y una boca más cerrada que el mismo. Todas estas características tienen un propósito y son consecuencia de un proceso de diseño inteligente (y nesesario) a través de varios siglos. Evitaré relatar la historia de la copa de vino. Baste decir que al principio eran hechas de casi cualquier cosa: cerámica, estaño, cobre... no eran transparentes y sólo servían para contener el vino antes de tomarlo. Las copas de vino modernas son, al contrario, mucho más que simples recipientes. Las nuevas copas son pequeños escenarios donde el vino muestra todo lo que es o deja de ser.
La transparencia de una copa es vital. Como ya lo mencionamos en columnas anteriores, el color y la viscosidad son apreciados en un vino cuando se agita en movimientos circulares dentro de la copa. Ambos se aprecian fácilmente si las paredes son translúcidas e incoloras. El tallo largo es importante por la misma razón. Si usted coge la copa del cuerpo (como se tomaría una de Cognac, por ejemplo) no sólo va a calentar desagradablemente el vino sino que lo manchará con sus huellas digitales. Al mirarlo contra la luz, una copa con huellas no es una visión elegante (excepto para el FBI).
El cuerpo redondo es apenas lógico si pensamos que estamos agitando un líquido (que mancha) circularmente, para en una sola acción, observar su color, apreciar la fluidez y extraer sutilmente los vapores que emanan de él antes de tomarse. Una copa con aristas sería un engorroso problema. Finalmente, la principal característica es que la boca sea un poco más angosta que el cuerpo para evitar derrames luego de tanto movimiento.
Obviamente hay variaciones en la forma básica de las copas. Las de vino blanco son un poco más pequeñas que las tradicionales Burdeaux para vino tinto, las usadas para Champaña son alargadas para dejar que las burbujas asciendan con elegancia, y las usadas para tomar vinos de Borgoña o Pinot Noire son como burbujas inmensas en las cuales el vino puede ser violentamente maltratado y obligado a revelar sus más intimos secretos aromáticos.
Si quiere comprobar lo que decimos, haga el siguiente ejercicio: compre una buena botella, digamos un St. Emillion (francés de aproximadamente $35.000, Superley, Exito...); hágase a una buena copa de Burdeaux y sirva un poco. Haga lo mismo en un vaso de plástico. Tome primero un gran trago directo de la botella. Repíta el proceso en el vaso de piñata y luego aplique la técnica de agitar, mirar, oler y tomar desde la copa de cristal. Le aseguramos tres experiencias distintas
dos regulares (baratas), una sofisticada... con el mismo vino
Juan Camilo Jaramillo
juan@elocio.com |
|
|