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Ser mujer no es fácil. Y menos cuando te sales de los roles establecidos por la milenaria sociedad machista: las señoras son para mercar e ir a misa; nunca para que pinten, escriban, y menos para que compongan canciones o interpreten algún instrumento. Las mujeres son inferiores, tienen el cerebro más pequeño... en fin. Por siglos, las mujeres aceptaron callada y obedientemente tales mandatos, tales verdades incuestionables.
Billie Holliday, la legendaria vocalista jazz, es quizás una de las artistas que mejor simboliza la lucha de la mujer por ganar respeto y reconocimiento. Negra discriminada por negros, Billie tenía que entrar por la puerta trasera de los locales donde la dejaban cantar. No se podía alojar en los mismos hoteles de sus compañeros de banda y, como si tanto garrote no fuera ya suficiente, ganaba menos que cualquier aporreador de congas. Alcoholizada, prostituída y con el cuerpo lleno de heroína, esta bellísima heroína pasó, literalmente, a mejor vida.
Décadas
En los sesenta, cuando el rock and roll era religión oficial, las mujeres jugaron papeles más bien secundarios. Sus grabaciones eran de tono menor; caras lindas, figurines que vendían apoyadas en letras tontas e instrumentaciones elementales. Eran simples piezas intercambiables de una industria que apenas empezaba a mostrar sus colmillos. Los verdaderos talentos femeninos parecían ser monopolio de la raza negra, del blues, el soul y el jazz. Ya iban a buenos hoteles, entraban a todos los recintos por la puerta delantera, pero algo faltaba: el virtuosismo en la ejecución de algún instrumento, el concepto y composición completos de un disco... Solo había fragmentos, casos aislados; nunca un movimiento coherente o una pista que indicara que las cosas iban a mejorar.
Los setenta no son mejores para las mujeres, en términos musicales. Janis muerta deja abierta la puerta por la que entrarán otras creadoras con mejor autoestima. Carole King toca el piano y, cansada de componer para otros, lanza un campanazo de alerta con su álbum Tapestry. Nico, Patti Smith, Marianne Faithfull y Kate Bush, entre otras, dan muestras de independencia y nueva actitud. No obstante, la tendencia es general: muchas baladitas rosa, mucho killingmesoftly, mucha canción predecible de amor, poco ingenio temático... conformismo general.
Inteligencias Feroces
En mi opinión, los ochenta son el punto de partida, ahora sí masivo, de la mujer como sujeto artístico con bagaje, preparación, ideas que vuelan en todas las direcciones... mujeres capaces de influir en la carrera de otras mujeres y hasta en la de sus antiguos amos. Laurie Anderson, violinista, directora de cine, compositora, vocalista y quién sabe cuántas cosas más, edita Big Science, un álbum vanguardista, crítico de ciertas manías contemporáneas... una mirada irónica a la American Way of Life. El folk es redescubierto por Suzanne Vega quien también empieza a tocar temas vedados o demasiado fuertes para ser tratados por niñas lindas y frágiles: Luka es una bebé sometida a los abusos y maltratos tan comunes en todas las sociedades y países avanzados o no. Tracy Chapman canta a su novio preso con una voz que parece salirle con dolor de su alma afligida. Y tras ellas, docenas de creadoras sin equivalentes masculinos: Tori Amos, Sarah McLachlan, Natalie Merchant, Jewel, Heather Nova, Jane Siberry, Björk, Lida Husik, Elisabeth Fraser de Cocteau Twins, Sinead OConnor...
Han terminado los siglos de opresión y silencio. Las mujeres ya tienen un espacio conquistado con méritos, estudio y tenacidad. Nosotros, los que nunca creímos en su poderosa fuerza creativa, que acallamos sus voces, que nunca conocimos su alma verdadera, ya tenemos un papel definido: sentarnos a escuchar lo que tienen que decir.
cd´s básicos
Más que para mostrarle a las visitas, todos tenemos la obligación (no necesidad) de estar bien armados musicalmente. Olvídelo, el vinilo no va a volver. Sus viejos discos de pasta ya no sirven. Desde esta nada modesta columna le vamos a dar pistas claras para que tenga una ciditeca respetable, con discos imprescindibles de la historia rock
Manfred Manns Earth Band
Angel Station
Diez años antes de que los sintetizadores fueran el eje central del pop, el sudafricano Manfred Mann ya había edificado un sonido coherente alrededor de la máquina. Angel Station es la cúspide de ese concepto vanguardista, del cual están enterados muy pocos estudiosos o simples compradores de música. Este singular trabajo fue editado en 1979, y para soportar 19 años encima, ninguna de sus canciones delata el paso de ese tiempo. Todos y cada uno de los nueve temas contenidos en Angel Station deberían ser un manual de consulta para aquellos que piensan que los setenta sólo fueron rock sinfónico, Saturday Night Fever o Billy Joel.
Aquí no hay éxitos ni temas recomendables. Un álbum clásico como este debe ser escuchado y juzgado desde la totalidad. Mann nunca ha hecho concesiones, no ha seguido impulsos de moda. Es por eso que cada una de sus creaciones posee ese aire atemporal, tan escaso en esta era de música desechable.
De Manfred también obliga el sentido común tener Chance, Watch y Somewhere in Africa.
cds recomendados
Happy Rhodes
Many Worlds Are Born Tonight
"Mi música siempre ha tenido tendencia hacia la ciencia ficción. Viene de un lugar oscuro".
Blade Runner, The Professional, Hunt for the Red October, The Last of the Mohicans... estas y muchas otras películas más, son la fuente de inspiración de un disco que incorpora elementos sonoros de la tecnología más avanzada junto a letras e inspiración filosóficas, experiencias personales y mundos mitológicos. "Creo que el Cine aglutina todas las formas de arte. Hay poesía en el diálogo, arte visual en la cinematografía, baile en la coreografía de las escenas y, desde luego música. Intento que mis obras recojan todo este tipo de recursos".
A pesar de contar con referencias algo pretenciosas, Many Worlds... está más allá de cualquier discurso que trate de explicarlo o justificarlo. Cada canción, cada giro vocal, cada instrumentación atmosférica contenida en esta colección, evoca muchos momentos de la música más bella que se haya creado en los últimos tiempos. Hay algo de Kate Bush, Tori Amos o los Cocteau Twins. Hay algo de Brian Eno, Peter Gabriel o Sting... claro está, con las obvias diferencias y distancias de una artista extrañamente sofisticada. Como todo el arte sonoro coherente de fin de siglo, este disco es una síntesis, un resumen de ciertos buenos momentos vividos en esta década.
Happy Rhodes, una auténtica desconocida en los circuitos musicales masivos, ha sabido poner en orden las piezas del rompecabezas. Ya es hora de empezar con los balances, y Many Worlds... es una excelente mirada de las múltpiles salidas de una década que no acabamos de comprender.
Neil Finn
Try Whistling This
Antes de comenzar a leer este artículo, tome un espejo y mire cómo cambia su cara de absoluto desconocedor de música de este tiempo, a otra, un tanto más digna y exhibible frente a un grupo de expertos. Atención.
Neil Finn es el creador en Nueva Zelandia, junto a su hermano Tim, de un proyecto musical de los setentas conocido como Split Enz (no tiene ni idea, cara de... bueno, de ingenuidad). Disueltos los Enz, Neil compuso una canción que le dió diez veces la vuelta al mundo: Don´t Dream is Over, con su nuevo grupo, Crowded House (cara de: ¡pues clarooooo!).
Para los que ya tienen ubicado a Neil y quieren prolongar la dosis de su talento, pero con otro envase menos rockero, menos efusivo y delirante, Try... su primer disco en solitario, es el remedio. Música simple, quizás elemental. Canciones sin mayores trucos, coros de irresistible encanto Beatle. Guitarras que repasan algunas rutinas básicas de los sesentas y setentas. Arreglos orquestales que navegan con cuidada delicadeza entre algunos temas y, lo más importante, esa voz reposada y clara de Finn.
Todo el encanto pop que se pueda buscar en un disco, lo tiene Try... Aquí no hay invenciones de ninguna especie. No hay mayores riesgos creativos. Pero las canciones funcionan porque están bien construídas, fabricadas con la paciencia y sabiduría de quien lleva más de veinte años en el negocio; alguien que ya no tiene prisa por alcanzar reconocimiento o fama instantánea. Finn ya es figura de obligado repaso para muchos que comienzan y para otros que deben reconocer que su arte fue una inspiración.
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