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Durante un par de meses planeamos con particular cuidado la que sería la primera entrevista novirtual de elocio. El elegido era nada más, nada menos que el músico pop más importante de toda América Latina, el argentino Gustavo Cerati. Luego del lanzamiento de Bocanada terminamos de convencernos que el tipo había ascendido a un nivel artístico superior; que su salida de Soda Stereo había potenciado su intelecto, su agudeza compositiva.
Quince días antes, intentamos establecer contacto con la disquera BMG. Obtuvimos el teléfono celular de un funcionario de la multinacional, el señor Oscar Gómez, a quien nunca encontramos: su aparato siempre estuvo apagado. Llamamos a la Capital. Su secretaria, un par de veces, prometió devolvernos las llamadas. Nunca pasó nada. Nos imaginamos que Oscar pensó que unos tipos de Medellín lo estaban buscando para sacarle escarapelas, pases, discos, afiches y autógrafos del ídolo. Pero no. Nosotros sólo pensábamos en reunirnos con Cerati, y preguntarle un montón de cosas más inteligentes, quizás más avanzadas que las consignadas en El Tiempo, del viernes 26 de mayo:
1. ¿Le quedó gustando el cine?
2. ¿Es un hombre feliz?
3. ¿Hasta dónde quiere llegar?
No fuimos al concierto de Cerati porque, simplemente, para nuestros propósitos periodísticos, no tenía sentido ir y no reunirnos a quien le hemos hecho reseñas en este periódico, a quien hemos seguido ciegamente porque conocemos su arte, sus intenciones (no recibimos payolas, nunca nadie nos ha pagado un viaje, nunca nos han regalado discos para rifar entre los lectores). No fuimos, porque un funcionario de BMG llamado Oscar Gómez prefirió esconderse de nosotros, un grupo de adolescentes cazaautógrafos. Eso nos pasa por querer cumplir con el papel de idiotas útiles. Medios como elocio son bastante raros: lo dan todo
casi nada piden a cambio.
cd´s básicos
Más que para mostrarle a las visitas, todos tenemos la obligación (no necesidad) de estar bien armados musicalmente. Olvídelo, el vinilo no va a volver. Sus viejos discos de pasta ya no sirven. Desde esta nada modesta columna le vamos a dar pistas claras para que tenga una ciditeca respetable, con discos imprescindibles de la historia rock
genesis
... and then there were three
Los más radicales seguidores de la formación inglesa Genesis declaran, sin el más mínimo asomo de temor, que esta banda se acabó justo en el momento en que Peter Gabriel descubrió que había muy poco oxígeno para respirar en los límites que trazaba un grupo. Después de una gira de conciertos por Francia, en mayo de 1975, Gabriel abandonó la carpa y se fue a construir un edificio sonoro aun más complejo, aun más rico en salidas y posibilidades. Ese mismo año, Phil Collins toma el control del ya por ese entonces cuarteto, y se internan en el estudio de grabación donde conciben una verdadera obra maestra del rock más serio y formal: A Trick of the Tail. El asunto estaba resuelto: el baterista, que sorpresivamente también cantaba, era capaz de soportar el peso de ser el líder de una de las bandas emblemáticas del rock sinfónico de los setentas.
Un album en vivo, Seconds Out, editado en 1977, marcó la salida de Steve Hacket... y entonces quedaron tres: Rutherford, Collins y Banks. Tal acontecimiento triste fue también motivo de inspiración para la siguiente placa, And Then There Were Three, el rompimiento casi absoluto del trío con los compromisos adquiridos con el ampuloso sinfonismo rock. Y entonces llegaron canciones más ligeras, más pop, menos densas lírica y musicalmente hablando. Un gran álbum que vale, más que en su conjunto, por temas como Down and Out, Snowbound, Many too Many, Follow you Follow me y el estemecedor The Lady Lies. Una pieza fundamental para quienes ya crecieron lo suficiente para entender... lo que no compendieron en 1978, año en que fue lanzado este disco.
cds recomendados
air
moon safari
Pocas veces un grupo había despertado mi entusiasmo instantáneo de la forma como lo hizo este dúo francés (Nicolas Godin & Jean Benoit Dunckel). Pocas veces me he topado con una banda que ofrezca una gama tan rica y colorida; una oferta sonora tan atípica, atemporal y, desde luego, original. Según sus propias palabras, la música de Air funciona como un complejo engranaje de sueños en forma de canciones
sueños, porque este par de sujetos quieren escapar de la realidad.
Quienes han tenido la oportunidad de reseñar la música de esta formación, no han podido nunca ignorar el hecho de que estos sujetos no programan sus instrumentos electrónicos. Como en los viejos tiempos, Nicolas y Jean se paran al frente de sus máquinas y, simplemente, las tocan, las pulsan, sacan sonidos de ellas. En un momento en el que la música electrónica ha caído en manos de un montón de mediocres (un dj no es un músico) empeñados en repetir hasta la saciedad esquemas preconcebidos; en un momento en el que los sonidos de vanguardia evidencian una vulgar manipulación por parte de artistas sin concepto, sin estudio o capacidad investigativa, la propuesta de Air deja sin sentido a centenares de discos, centanares de músicos que no han sido capaces de responder al reto de crear arte sonoro en verdad contemporáneo.
Los Air han construído un magnífico collage de sonidos tomados de las más disímiles fuentes. De lejos se percibe que los tipos tienen un bagaje enorme, que han escuchado un montón de cosas y que, de paso, han tenido la inteligencia suficiente para extractar lo mejor de cada una de las fuentes que los han nutrido. Pop atmosférico, sonidos líricos, temas cantados con letras finamente elaboradas
poesía electrónica en su más exquisita expresión.
Al escuchar Moon Safari se tiene la tentación de situarlo justo al lado de piezas fundamentales como After the Heat de los Cluster & Eno o las obras más experimentales y arriesgadas de la disquera inglesa 4AD. Sencillamente magistral.
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