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Lo alternativo en música funciona como parodia y contradicción de lo oficial. The Beatles, por ejemplo, rompieron con los esquemas sonoros y estéticos de sus predecesores. A su vez, The Rolling Stones, se encargaron de subvertir el orden implantado por Lennon & Co.: fueron más atrevidos, un tanto más sucios, menos recomendables para las niñas de mamá, con letras más ácidas y, desde luego, con la actitud de rebeldía corregida y aumentada; en otras palabras, se volvieron alternativos. A lo largo de la historia rock, este mecanismo de prueba y error se ha repetido infinidad de veces con las mismas consecuencias predecibles: lo alternativo se vuelve oficial, sin remedio; se le despoja de su carga ideológica, de los factores que lo pueden convertir en peligro para el Establecimiento, para el orden establecido. Veamos.
p.p. pobres punks
La muestra más clara y elocuente de alternativismo musical (y de forma de ver la vida) la ofrecieron los punks a finales de la década del setenta. Este movimiento nació como reacción no sólo al orden sonoro implantado por los grandes dinosaurios del rock. Recordemos que en ese entonces la música era dominada casi por completo por las bandas de rock sinfónico que transformaron este sonido (creado por jóvenes dizque para expresar su rebeldía y sed de cambio) en un movimiento de marcada orientación intelectual: muchas canciones de veinte minutos, mucho Bach, mucho Conservatorio, mucha pesada gafa. En otros términos, el rock se convirtió en algo pesado y aburrido; perdió su capacidad de interrogar a la sociedad. Los músicos estaban más preocupados por los sólos instrumentales que dejaran bien en claro su estatura, su puesto dentro de la Selecta Sociedad del Rock Sinfónico. El sonido de jóvenes y para jóvenes perdió pues su norte. Se volvió excluyente. Si no tenías en el brazo el cartón que te acreditara como maestro de algún artefacto musical, seguramente tu función en la tierra era sentarte a ver cómo es que hacían música unos señores con grandes túnicas y largas cabelleras, frente a estadios repletos de enloquecidas hordas de pacientes seguidores que ya se empezaban a cansar.
El punk nació como reacción, como alternativa. Al supertalento (e imagen pulcra) de unos músicos como los Yes, Genesis o Emerson, Lake & Palmer le enfrentaron los Sex Pistols, analfabetas de profesión, sin idea mínima de ejecutar cualquier instrumento; gamines con una pobre filosofía cuya única premisa era contradecir todo lo que dijera
cualquiera. Aunque tanta pobreza conceptual podría dar como resultado
nada, lo cierto es que lo punk empezó a sacudir las estructuras de una sociedad que, como la inglesa, manejaba un purita-nismo extremo, sin concesiones. Lo punk alcanzó a preocupar
pero no mucho. El movimiento se cayó por su propio peso, por su pobreza. Pero antes de que se derrumbara por completo, el Establecimiento se encargó de hacer lo suyo. La posible carga de subversión que pudiera tener el punk, rápidamente fue asimilada por la sociedad de consumo. Se crearon boutiques punk: pelucas, tintes extremos, pantalones rotos, camisetas y ganchitos punk que se podían poner y quitar (salías de tu oficina y en la noche te disfrazabas de punk, de loco, de rebelde). Ese fue el fin, aunque aun persisten ciertas actitudes positivas de ese entonces.
ahora es lo mismo
Lo alternativo en la música es un imposible práctico, una mentira verdadera. La estructura sobre la cual descansa este negocio, no permite a nadie ser demasiado diferente, especial, único u original. Para los que se apartan de la masa, hay una serie de denominaciones precisas: artistas pobres, sin público, sin mayor influencia o poder. Cuando un artista como Kurt Cobain y sus Nirvana explotan en el escenario con toda clase de improperios contra todo lo establecido, cuando se rebelan contra todo
y venden diez millones de discos, se debe empezar a sospechar de lo alternativo
como alternativa.
La música, creo, ya no es más un recurso para contarle a nadie que esto debe cambiar, que todo va mal, que vamos directo al abismo, que debemos ser diferentes, que no controlen más nuestras vidas
El rock ya no hace ese tipo de maniobras peligrosas. Hay demasiado en juego. Si alguien decide irse contra algo, el negocio de inmediato reacciona: crea la moda de Ir Contra Algo, de esta forma se despoja a cualquier ideología de su contenido básico.
Lo alternativo se volvió la trampa donde caen los más inocentes, los más desconectados con la realidad fundamental del rock. Aunque para ellos también hay opciones: los MTV
unplugged.
cd´s básicos
Más que para mostrarle a las visitas, todos tenemos la obligación (no necesidad) de estar bien armados musicalmente. Olvídelo, el vinilo no va a volver. Sus viejos discos de pasta ya no sirven. Desde esta nada modesta columna le vamos a dar pistas claras para que tenga una ciditeca respetable, con discos imprescindibles de la historia rock
morrissey
bona drag
Es tan alternativo este inglés enigmático e indescifrable que su arte, su forma particular de enfrentar la música (cada canción suya sale de muy adentro, es casi una confesión y, a veces, hasta una venganza) no tiene equivalente alguno en el circo rock. Su marcado acento irónico, el poder explosivo de sus letras; su sonido simple, sin mayores artificios electrónicos (un rock básico, que confía plenamente en el talento de los ejecutantes de cada instrumento) lo apartan a una distancia considerable de todos los que están haciendo música. Morrissey sigue su propio instinto, no va detrás de modas o falsas religiones sónicas. Es él quien se ha construído su propio universo musical, primero con su banda The Smiths, y más tarde en solitario, sin alterar mayormente su estilo y actitud
pero también sin cansar ni estancarse. El tipo, de verdad, es alternativo. Sin poses, sin falsas pretensiones. Un deprimido de profesión al que le funciona el cuento de marginal. Bona Drag es una buena forma de presentarse ante quienes no lo conocen o lo ignoran.
cowboy junkies
the trinity session
La música que hace esta formación canadiense, no tiene equivalentes, no es suceptible de ser comparada. De alguna forma, el cuarteto comandado por Margo Timmins le dió una nueva lectura e interpretación al blues; lo volvió más blanco, más melancólico, más sombrío y atmosférico. Aunque tales adjetivos podrían dar la idea de un sonido siniestro, lo cierto es que los Cowboy Junkies edificaron una música de una belleza no formal, no intentada antes. Para los que les gusta el blues, y creían que lo habían escuchado todo, esta placa grabada con un sólo micrófono en una iglesia, puede resultar una muy buena sorpresa. Blues alternativo; una obra maestra.
belle & sebastian
the boy with the arab strab
Se ganaron un premio hace un par de años como la Mejor Nueva Banda Inglesa. Y ni eso ha sido suficiente para que sus seguidores hayan crecido en forma considerable. La razón es simple: hacen una música que exige una complicidad absoluta. El verdadero arte, aquel que no está construído a partir de encargos, es libre, no tiene condicionamientos. En cada una de las obras grabadas por esta banda, se encuentran arreglos para instrumentos de cuerdas y vientos, grandes pianos, voces celestiales (Isobel Campbell), guitarras, bajos y baterías. Esta es una nueva forma de enfrentar el problema de crear una música que trascienda el tiempo y el espacio. Quizás, algún día, alguien por aquí, entienda que la calidad de un disco no es proporcional al número de copias vendidas. Ellos se lo pierden.
cds recomendados
the cure
bloodflowers
La primera pregunta que llega a la cabeza, cuando te dicen que Robert Smith y sus muchachos de turno acaban de editar una nueva colección de canciones, es: ¿más de lo mismo? La respuesta, obvio, es sí, más de lo mismo. The Cure ha construído otro álbum que gira alrededor de la visión oscura y pesimista de un sujeto que ha llevado el arte de la depresión a sus cotas más elevadas. Bloodflowers puede evocar en algunos apartados al mismísimo Disintegration (pieza maestra) no sólo en su fina y depurada elaboración sonora (atmósferas superpuestas de guitarrazos distorsionados y, desde luego, sintetizadores), sino también en sus contenidos líricos de glamoroso pesimismo. Si somos objetivos del todo, vamos a contarle a los lectores que The Cure no ha evolucionado, que sigue apostándole a los mismo trucos, que sigue recreando hasta el cansancio las mismas fórmulas que ya funcionaron. Pero cuando oprimes Play y empieza a sonar esa guitarra triste y melancólica de Robert, ¿a quién le importa que le hayan empacado las mismas canciones con diferente empaque?
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