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Lo único que la literatura de ciencia ficción no ha podido anticipar es, definitivamente, el camino que va a tomar la música.
Los escritores, al parecer, poco se han preocupado por las artes. Y no los culpo. Lo que hicieron sujetos como Dalí o Picasso en la pintura, la escuela Bauhaus en el diseño o los atrevimientos dodecafónicos de los serialistas de Viena, por citar unos pocos, son obras de un intelecto avanzado que implicó un rompimiento radical y abrupto con la tradición; son ejemplo de una fuerza creativa que se expuso a la incomprensión, y sacrificó glorias terrenales por una fría lápida de reconocimiento póstumo. Tener visión artística de futuro es un ejercicio demasiado costoso para los que aman las palmadas en la espalda. El arte vanguardista está desprendido de egos inflados; no espera nada
lo arriesga todo. La Literatura siempre supo todo esto, y poco arriesgó en especulaciones. Era pues un ejercicio inútil imaginarse cómo iba a sonar el futuro.
música futura
Desde principios del siglo veinte se estaba empezando a gestar una música que, para ese entonces, ya resultaba demasiado arriesgada, quizás extravagante y, en general, poco asimilable para unos cerebros sintonizados desde hacia varios siglos con pianos, violines y partituras. La electricidad empezaba a ser parte del juego, pero el ruido y el azar, como formas no organizadas de articular sonidos, cobraban cada día más protagonismo. En ocasiones era bien difícil separar los ruidos de la música. Sujetos como Xenakis, Stockhausen, Nono, Pierre Henri, Erik Satie y el mismo Boulez se encargaron de romper en mil pedazos el pentagrama, e incluso propusieron nuevos sistemas de notación.
Para los más puristas, trabajos construídos con tres helicópteros, máquinas registradoras, pianos preparados con trozos de goma y madera entre las cuerdas, percusión con canecas antes utilizadas para almacenar tóxicos, sintetizadores y computadores, son algo menos que música. Y a veces, de pronto, no les falta razón. El mundo de los sonidos se ha venido adaptando a los cambios que se han operado al interior (y el exterior) de la sociedad. Algunos, sin embargo, han tomado el atajo. Quienes piensan que la música de bandas como The Orb o los Chemichal Brothers es una perfecta muestra de futuro, se deberían dar una pequeña pasadita por los principios de los setenta. Discos de Klaus Schulze e incluso las monótonas elaboraciones de los alemanes Kraftwerk, ya sonaban a treinta años adelante.
La era de la industrialización tiene sus perfectos equivalentes en el espacio sonoro; la era espacial tiene sus propias y caprichosas tonadas
la concepción de este planeta como una gran aldea global encontró en la World Music esa razón para creer que todos somos hermanos, y de alguna forma estamos conectados. Describir lo que está pasando es demasiado sencillo. Proyectar es tarea más arriesgada: genera nuevas enemistades, te acerca peligrosamente al error. Sin embargo, alguien tiene que hacer estos trabajos sucios.
mil músicas
El jazz viene cambiando desde el día mismo en que nació. En los sesentas había un sólo rock and roll, con algunas pequeñas modificaciones. La década del noventa terminó con tantas variaciones alrededor de todas las músicas que los críticos más serios (entre los que me gustaría incluirme) han llegado a la conclusión de renunciar a la inútil tarea de rotular cada sonido específico. El rock alternativo tiene tantas cabezas como patas un milpiés. La música de sintentizadores ha desarrollado tantas salidas que, incluso, ya ni la llaman electrónica.
En el vasto territorio pop, la constante, por fortuna, va a ser el cambio. Pero mi pronóstico también le apuesta a un regreso cíclico hacia períodos sonoros poco explorados o subvalorados en su momento; nostalgia o sano reconocimiento de errores pasados. También creo que van a desaparecer las fronteras entre algunas corrientes: la new age se va a acercar cada vez más a la world music. Se van a estructurar músicas con elementos tomados de diferentes culturas (ya está pasando, pero va a ser más radical en el futuro), lo que implica que van a terminar las adivinanzas fáciles sobre el orígen geográfico de una banda
la fusión pacífica de culturas. El sintetizador va a seguir ganando terreno. Por desgracia va a seguir cayendo en las manos equivocadas (por favor, un dj no es un músico). Los Rolling Stones van a seguir sacando el mismo disco con diferente título. A George Michael no se le van a acabar las ganas de reemplazar a Freddie Mercury (ser gay no es suficiente, Georgie). Al rock lo van a seguir acusando de satánico (apuesto que a Garavito, el asesino de niños, le gusta más la música guasca que Marilyn Manson).
el futuro, por aquí
La balada romántica se va a mantener intacta en los próximos mil años. Vendrán los hijos de Enrique Iglesias, Carlos Ponce y Ricky Martin. Diomedes va a sacar un libro que se llama Yo no Fui ¡ay hombe!. El juicio, en el 2050, no habrá terminado. Otro grupo tropical irá a la cárcel por rellenar las tumbadoras de cocaína. Claudia de Colombia se va a cambiar el nombre por Claudia de Miami. Los 50, de Joseeeeelitooooo, van a componer una canción. Charlie Zaa le va a seguir pegando a la señora (demás que se lo merece
por gastársele la gomina). Shakira va a madurar, va a aprender a pronunciar en Español, va a ser música de verdadera calidad y
va a fracasar. Las rancheras, el vallenato y los nietos de Darío Gómez, continuarán con la tradición. El rock colombiano, por fin, va a editar su primer disco. En pocas palabras, a la música, no le va a pasar casi nada.
cd´s básicos
Más que para mostrarle a las visitas, todos tenemos la obligación (no necesidad) de estar bien armados musicalmente. Olvídelo, el vinilo no va a volver. Sus viejos discos de pasta ya no sirven. Desde esta nada modesta columna le vamos a dar pistas claras para que tenga una ciditeca respetable, con discos imprescindibles de la historia rock
the cars
shake it up
Este, el cuarto álbum que editó en 1981 la ya disuelta formación norteamericana encabezada por Ric Ocasek, más bien parece un Grandes Exitos: Since Youre Gone, Im Not The One, A Dream Away, Shake It Up
Producido por Roy Thomas Baker (nada más, nada menos, que el productor de los primeros discos de Queen y de una desconocida, pero no menos interesante banda llamada Starcastle) este disco se me antoja describirlo como una pieza fundamental para comprender a cabalidad el nacimiento y la evolución de la new wave, en muchas de sus formas (acústica, eléctrica, electrónica). Queda claro que la nueva ola que sacudió los ochenta, en realidad, ya se había empezado a esbozar desde 1977, o quizás antes. No tuvo pues que morir el punk para que llegaran bandas que, como The Cars, fueron parte fundamental en la constitución del sub-género que, aun hoy día, es capaz de entregar un montón de agradables sorpresas. Shake it Up resiste los casi veinte años que tiene encima. O la música ha avanzado poco o, definitivamente, estamos frente a un clásico.
Heart
greatest hits
La nostalgia no es error, y menos, pecado. La mejor etapa de las hermanas Wilson, creo, fue en la década del setenta. Y como contundente testimonio de lo afirmado les puedo mostrar este Grandes Exitos de quince canciones (tres menos que en su versión original de acetato), en las cuales hay tantos buenos temas que se tiene la sana tentación de considerar esta banda como una de las más importantes de la historia (y también una de las más subvaloradas). Mucho antes que las mujeres rockeras se tomaran por asalto el mercado; mucho antes que artistas de la talla de Madonna, Tori Amos, Laurie Anderson o Melissa Etheridge demostraran que podían ser algo más que coristas, Anne y Nancy Wilson ya estaban encaramadas en un escenario gritando himnos como Barracuda, Crazy on You, Bebe Le Strange, Dog & Butterfly o Magic Man, entre otras. Una pieza ineludible para entender cómo es que la mujer en el rock ha llegado hasta la mismísima estratosfera creativa.
october project
october project
No sé si alguna vez haya existido un género llamado New Age Pop (el que quizás haya comenzado con la formación irlandesa Clannad, y que alcanzó sus cotas máximas de perfección y belleza con las creaciones de Enya). No sé si hayan escritos que describan los fundamentos de este sonido, las reglas básicas por las cuales se rige. De lo que sí estoy completamente convencido es que si este pop acaramelado e intencionadamente bello alguna vez tuvo o va a tener espacio, el trabajo debut (1993) de la formación norteamericana October Project (ya desaparecida tras editar dos discos) debe ubicarse a la misma altura de creaciones básicas como Watermark de Enya. Gracias a la entonada, dulce y hermosísima voz de Mary Fahl; gracias a las letras inteligentes y evocadoras de una juglar moderna llamada Julie Flanders; gracias a una musicalización situada a la mitad del pop y la new age (equilibrio ideal para un género incierto), los October Project lograron concebir una de las piezas más perfectas y profundas de este tiempo, uno de esos discos que, lo juro en silencio, pueden llegar a arrancarte una lágrima rebelde. No se puede ir por ahí, por la vida, sin antes haber escuchado mil veces esta obra.
cd recomendado
david bowie
hours
Para entender a cabalidad los giros y evolución que ha experimentado el rock, no hace falta pegarse de una enciclopedia, escuchar alguna Super Estación o preguntarle a Camilo Pombo. La cosa es más sencilla de lo que parece: cómprese todos los discos de David Bowie. En todos y cada uno de ellos están presentes las claves para comprender, no sólo qué rumbos ha tomado la música, sino también son guía práctica para descifrar el espíritu de los tiempos, la ropa y peinados de moda, las actitudes que identifican cada período. Con esta nueva colección, Bowie ha hecho, de alguna forma, una síntesis perfecta de lo que ha sido su brillante carrera (no suceptible de ser comparada con la de ningún otro músico contemporáneo); con estas diez canciones, el artista inglés parece haber hecho un borrón y cuenta nueva para empezar un nuevo siglo con nuevas disposiciones (incluyendo una precisa cirugía plástica y peinado nuevo que parece haberle quitado de encima un par de décadas). Aquí hay un Bowie básico, sin las extravagancias que lo hicieron básico y digno de ser imitado. Después de casi treinta años de carrera, este hombre que cayó en la Tierra sigue dictando los destinos de una música que, también, va más allá de los sonidos mismos.
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