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Vamos sin rodeos. El rock que se hace en Colombia es flojo, bastante flojito. Durante más de veinte años ha tenido cientos de nacimientos e igual número de muertes prematuras. Desde ese par de décadas seguimos esperando la banda o el artista que, en solitario, sea capaz de crear un cuerpo sólido y reconocible de rock hecho en Colombia. Sólo hay esfuerzos aislados, golondrinas sin verano, trabajos sin contexto, discos fácilmente olvidables. No somos rockeros...nunca lo vamos a ser.
Aterciopelados? Ekhimosis? Sí y no. El éxito de estas bandas oficiales obedece a bien planeadas estrategias comerciales, a canciones afortunadas que han pegado, a momentos brillantes de creadores con verdaderos chispazos de talento. Pero este artículo no va contra o a favor de ningún grupo en particular. Lo que queremos significar es la inmadurez de un movimiento que no es tal, de una generación perdida que no ha podido darle sentido a una música que, dicen, representa los ideales de la juventud; que retrata sus inquietudes, angustias y temores. No somos rockeros.
En la casa
Es difícil pretender que en Colombia exista un espíritu rockero que sirva de inspiración a las nuevas generaciones. Todos crecimos oyendo lo mismo: rancheras, tangos, canciones despechadas, Los Graduados, Los Hispanos. Con semejante bagaje sonoro, cuando en una familia bien surge un rockero, lo menos que puede pensarse es que Satanás ha hecho de las suyas. ¿Cómo pudo pasar, si mi hijo siempre recibió lo mejor? Si lo llevamos a todas las películas de Vicente Fernandez...si compramos todos los discos de Rodolfo Aicardi...si el Loco Quintero se dejó retratar a su lado... Ahí está el detalle (como decía Cantinflas, otro de nuestros íconos). No se si genéticamente hayamos tenido una mutación. Lo cierto es que por aquí no somos rockeros. Esa música no nos dice nada, no vibramos con ella. Una Andrea Echeverri la vemos más como una rareza, una niña loca que dice cosas charras...Juan Esteban, el de Ekhimosis, es más bien un símbolo que ilustra carátulas de revistas que quieren tener un niño bonito. Las letras de sus canciones a nadie le importan. No somos rockeros.
Sabooooooor
Los que aun no se hayan convencido de que no somos rockeros, ahí les va otra carga de profundidad. Sandy y Papo, Rikarena (un grupo que en todas las canciones grita su nombre...se imaginan a Beatles? Let it be, Let it be, Bea tles tles...), Proyecto Uno...Esas sí son imágenes a seguir por nuestra juventud. Están más cerca de nuestra cotidianidad e idiosincracia. Sus letras se acercan más a lo que vivimos a diario:
El tiburón, el tiburón Se la llevó el tiburón, el tiburón
Tenemos sangre latina...sangre que hierve al sonar los tambores. Nuestras mujeres son negras (en todas las canciones de salsa y tropical, en general, las mujeres son negras). Olvidemos esas tonterias de imitar modelos tontos y extranjeros. Quién quiere parecerse a Michael Jackson, quien ya no se parece a nadie ni a nada. Elvis no se nos aparece por aquí. Los grandes grupos no asoman sus empolvadas narices por acá. No perdamos más el tiempo. No somos rockeros.
cd´s básicos
Más que para mostrarle a las visitas, todos tenemos la obligación (no necesidad) de estar bien armados musicalmente. Olvídelo, el vinilo no va a volver. Sus viejos discos de pasta ya no sirven. Desde esta nada modesta columna le vamos a dar pistas claras para que tenga una ciditeca respetable, con discos imprescindibles de la historia rock
no hay CD básico este número
cds recomendados
Morcheeba
¿Who Can You Trust?
Inglaterra parece seguir ejerciendo un sutil dominio sobre los Estados Unidos. Hablamos, desde luego, en términos estrictamente musicales. La nueva invasión se denomina trip hop y, por fortuna, no deja víctimas para lamentar. Bandas como Portishead, Massive Attack o creadores individuales como Tricky, han tomado las bases rítmicas del hip hop, y las han llenado de letras que no intentan cambiar la historia de la lírica pop, pero que si contribuyen a formar un cuadro de ensueño. Trip hop es un sonido que te atrapa, te envuelve y te mantiene en un delicioso estado de relajación. Es música diseñada para que te muevas lento, para que mantengas una cierta paz espiritual. La descripción es algo hippie, pero funciona cuando se va a hablar de un trabajo como ¿Who Can You Trust?, del trío inglés Morcheeba.
Para los puristas, para quienes todavía buscan la esencia original del rock, un disco de esta especie puede resultar particularmente desagradable. Pero, si usted es uno de aquellos sujetos que va tras nuevas experiencias sonoras, si le gustan las distorsiones, los instrumentos que suenan a otra cosa...si le gustan las músicas que intentan romper con ciertos dogmas, entonces Morcheeba es para usted.
La exquisita y bien articulada voz de Skye Edwards, junto a las maniobras instrumentales de Paul y Ross Godfrey, son apenas suficientes para crear uno de los mejores discos de este año.
Manolo García
Arena en los Bolsillos
La disolución de El Ultimo de la Fila lo único que hizo fue multiplicar por dos las opciones creativas de sus integrantes. Quimi Portet ya había publicado, en catalán, una colección de canciones titulada Hocquei Sobre Pedres. Ahora, el vocalista del dúo ha lanzado su respuesta: Arena en los Bolsillos. Flamenco pop. Las fusiones ya no son asunto extraño en la música. Ante el agotamiento de las viejas fórmulas del rock, los músicos contemporáneos están reciclando raíces, sonidos de origen étnico para entregar un nuevo paso en la evolución natural de este arte. Y fue El Ultimo de la Fila quien mejor sintetizó y armonizó la desfachatez e irreverencia rock con la elegancia, finura y milenaria tradición del flamenco. En su disco, García lleva estos postulados hasta los extremos para entregarnos el que puede ser considerado el más ultimo de la fila de todos los discos de la banda. Obvio. Manolo era la voz, la presencia, la actitud en el escenario. Portet estaba entretelones, entretejiendo, entreteniéndose con su guitarra. No sabemos aun quién se ha llevado la mejor parte de la banda. Pero, para comenzar, lo que hemos escuchado en Arena en los Bolsillos, nos deja bastante contentos. Ya tenemos la tranquilidad de que la filosofía sonora de El Ultimo de la Fila sigue viva, creciendo y transformándose para bien. Quedamos pues a la espera de entregas futuras de unos autores que intuimos tienen más para dar.
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