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Los ochentas se están empezando a comprender exactamente diez años después de terminados. Quizás por ello son masivas las ventas de música, las recopilaciones y el regreso de un montón de bandas de una década que muchos especialistas ignoraron y que ahora se apresuran a elogiar como si siempre hubieran visto la verdad.
La nostalgia siempre ha vendido. Sobre todo porque los nostálgicos siempre tienen más dinero que antes. Cuando The Eagles se juntaron de nuevo -a pesar de haber jurado hacerlo sólo cuando el infierno se congelara-, las entradas a sus conciertos comenzaban en 80 dólares y terminaban en 150, cifras escandalosas para los Estados Unidos (mas no para el tercer mundo... En Bogotá ví a Elton John, hace más de tres años, por ¡200 dólares!). Revivir épocas no es pues tan sano, romántico e ideal como quisiéramos los más soñadores. Pero tampoco debe llamarnos a la indignación o a los extremos tontos de negar que ahora, los que somos un poco mayores que antes, podemos disfrutar mejor y con más conciencia de un montón de músicas que antes nos llegaban hondo... pero no sabíamos porqué.
Se abren las puertas
Cuando Oliver Stone recreó la vida de Jim Morrison y sus Doors, a un montón de jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando el Rey Lagarto ya destruía cuartos de hoteles, les empezó a calar, creo, más que su música, su actitud. Los noventa no han dado un modelo a seguir, una filosfía lo suficientemente convincente, una corriente que se pueda seguir con los ojos cerrados. Cuando creían haberlo encontrado, el sujeto no aguantó su propia historia y se voló lo poco que le quedaba de cerebro. Por eso, pienso, un sujeto como Morrison podía llegar a simbolizar el espíritu rebelde que a los jóvenes les han dicho que deben tener. No obstante, la maquinaria comercial no está para detenerse en tonterías. Se reeditó todo The Doors, volvieron a vender millones, la imagen del héroe malogrado estampó las camisetas de cientos de miles de rebeldes y nuevos conocedores (¿se ha dado cuenta que ya nadie oye a Bob Marley, pero todos tienen la camiseta?) reescribieron su vida y actualizaron las enseñanzas del joven maestro.
Pero esos no son los setenta que le interesan a los chicos que venden cosas. La música disco esta otra vez aquí. Y qué bueno se escucha. En el Canal Sony ya hay una serie llamada That Seventies Show que intenta explicar qué fue lo que le sucedió a la generación que ahora controla los presupuestos. Jim Carey se aparece en los MTV Movie Awards con la pinta quese ve en esta página y en la que declara, en serio y en broma, desde luego, que extraña esa era de excesos. Se hacen películas sobre Studio 54 (para exorcizar los mitos alrededor de un lugar que, ciertamente, guarda algo del espíritu de una década permisiva e inconcientemente libre). Boogie Nights nos explica cómo el porno se volvió industria. Se editan colecciones completas con las mejores canciones de bandas que, observadas desde la distancia, ya no son tan insulsas: Boney M, Silver Convention, Chic, K.C. And The Sunshine Band... Abba está en su etapa más gloriosa, vendiendo lo que nunca imaginaron que se podría vender después de estar separados, desintegrados e intelectualmente dormidos. Los divertidos, excéntricos e inocuos Village People (que nunca, desde que debutaron, han dejado de ser moda) ya no parecen tan maricas ni tan anacrónicos. Las bandas de los noventa con la deliciosa evocación de los setenta (mucho funky, muchos instrumentos de viento, mucho culto a la estética sonora negra... el soul) son cada vez más aceptadas e imitadas (los Jamiroquai no sólo suenan a setenta, sino que también suenan a Stevie Wonder).
Los setenta están aquí, de nuevo, por segunda vez. Probablemente no para quedarse. Pero creo que esta es una excelente oportunidad para hacer un repaso de materias que cursamos a medias o que reprobamos. La nostalgia no hace daño a nadie. Quizás ayude, como en otras ocasiones, a replantear el futuro
cd´s básicos
Más que para mostrarle a las visitas, todos tenemos la obligación (no necesidad) de estar bien armados musicalmente. Olvídelo, el vinilo no va a volver. Sus viejos discos de pasta ya no sirven. Desde esta nada modesta columna le vamos a dar pistas claras para que tenga una ciditeca respetable, con discos imprescindibles de la historia rock
Fleetwood Mac
Rumours
Para comenzar, una observación temeraria: con Rumours se inicia, de verdad, el pop-rock. Y me refiero a esa música situada justo en la mitad de ambas corrientes: la energía y poder instrumental del rock, pero también el uso equilibrado de las sutilezas presentes en la canción intimista... de las estudiadas armonías del folk acústico y eléctrico más elaborado. Rumours es el producto de la mente brillante de dos recién llegados (en realidad era el segundo álbum con el grupo): Lindsay Buckingham y Stevie Nicks. Autores de más de la mitad de las canciones, esta pareja sacó a los Fleetwood Mac de una etapa de indecisiones y cambios conceptuales que los tenían en el limbo. Para los seguidores más antiguos y radicales fue una mala jugada: los Mac pasaron de ser, de la noche a la mañana (y después de ser un ícono del blues británico), una superbanda de ventas extravagantes (Rumours ya lleva vendidos más de 20 millones de álbumes), conciertos multitudinarios, varios número uno en listas mundiales y temas convertidos en clásicos del género (Bill Clinton utilizó Don´t Stop para su campaña presidencial.... los Fleetwood Mac fueron invitados a la posesión). En su siguiente placa, Tusk, los Mac lo tuvieron todo, menos la complicidad de una crítica que vió en Rumours un parámetro imposible de superar... Junto a Dark Side of the Moon, pienso, Rumours es el disco más importante de los setenta... porque inaugura un género que dejaron esbozado Beatles y Beach Boys... un género que aun en estos días tiene tantas salidas que ha sido prácticamente imposible agotarlo.
cds recomendados
Unbelievable Truth
Almost here
Cuando se inicia una juiciosa audición de la producción debut de este trío inglés, la primera imagen que se te viene a la cabeza es Radiohead. Una exploración inicial te dirá que Unbelievable Truth está integrado por Nigel Powell (batería, teclados, guitarras), Jason Moulster (bajo, guitarra) y Andy Yorke (guitarra, vocales). ¡Claro, Yorke! , el hermano de Thom, el líder indiscutido de Radiohead. Y, de alguna manera, este trabajo evoca algunas líneas del O.K. Computer, pero en sus momentos más oscuros, más dramáticos, más acústicos... Almost Here sin embargo, está construído con ideas propias, con un acento, con una reposada inteligencia y una intensidad que nunca lograrían, ni están interesadas en lograr otras bandas de su generación (más ocupadas en sonar duro y mostrar la apariencia de maldad, lo alternativos que pueden ser en escena). Por llamarlo de alguna forma, el universo sonoro que se han fabricado los ... Truth tiene más relación con un pop de cámara, algo intelectual, fruto de duras jornadas de construcción intelectual, con letras y composiciones calculadas. Pero este trío británico no es tan frío ni distante como las palabras que lo describen. La belleza de cada canción, las letras, los acompañamientos que se hacen con pianos, los arreglos vocales... todo, absolutamente todo los acerca a prudente distancia de los postulados de, por ejemplo, una maravillosa banda norteamericana llamada Red House Painters o de nuevas bandas que se han empeñado en refinar los antiguos y a veces decadentes esquemas del folk. Y este tipo de comparaciones, en cualquier parte, son definitivamente halagadoras, hablan bien del comparado.
Indigo Falls
Indigo Falls
Indigo Falls es el capricho, la disculpa, el pretexto de una señora inglesa llamada Suzanne Barbieri -poetisa, escritora, artista conceptual, compositora y vocalista-, para sacar a la luz un montón de poemas y escritos que ya llevaban esperando demasiado tiempo. Sin dejarme llevar por fanatismos ni mostrar demasiado entusiasmo por su obra, puedo concluir, tranquilamente, que esta señora se acerca bastante a los límites de la genialidad, de una genialidad que la lleva a adelantarse unos cuantos años a sus contemporáneos. No sólo porque su voz me dice algunas cosas que he sentido escuchando a Kate St. John, Sarah McLachlan, Jane Siberry o a la mismísima Tori Amos... No sólo porque Richard Barbieri y Mick Karn (ambos ex- Japan, el grupo de David Sylvian) le fabricaron las ya consabidas atmósferas electrónicas, los loops y efectos de sintetizador para que naveguen tranquila y plácidamente cada una de sus palabras (bellas con sentido... no la belleza de las ya consabidas frases preconcebidas, predecibles). No sólo porque Indigo Falls es un plácido viaje a través de unos sonidos atemporales, vanguardistas, inclasificables... no sólo por todas estas cosas me parece genial, diferente, especial. Se me ocurre también pensar que esta obra podría ser el siguiente paso que daría una Enya si tuviera un espíritu más atrevido, y unos manejadores menos interesados en sólo hacer millones... unos manejadores que le evitaran ya el papel de pálida diosa celta. Barbieri ha tomado en Indigo Falls todos los riesgos para quien está comprometida con el arte... para quien no teme ser incomprendida... por el momento. La paciencia, según parece, es una de sus mejores virtudes.
Tin Star
The Thrill Kisser
Rock adulto, rock de saltos al vacío, de estridencias a lo Bauhaus y experimentaciones temerarias. Rock conectado con esas cadencias tan propias del trip hop y la nueva música electrónica llena de efectos, a veces despiadada explotadora de la flexibilidad que ofrece la máquina. Pero este también es un rock que actúa como deliciosa evocación de ese montón de cosas que en los ochenta eran última palabra, palabra de Dios. Tin Star está recién formado, pero sus integrantes no son ningunos novatos, ningunos adolescentes de garaje y disco grabado con los ahorros del weekend. Los tres creadores ingleses que integran Tin Star tienen una historia importante, pero es quizás Tim Bricheno (guitarra, teclados, programación) quien tiene un recorrido más largo e importante para mostrar: antiguo miembro de los All About Eve y de los ya legendarios Sisters of Mercy, Tim ha dado a la banda la sapiencia, el sonido compacto y los caminos correctos que se pueden tomar. Más de veinte años de experiencia, viviendo de cerca los cambios y evolución del rock, le han dado a Bricheno la sensibilidad y el olfato necesarios para armar un disco que actúa como resúmen del pasado y proyección de lo que viene. Con The Thrill Kisser te podés dar, en menos de una hora, un viaje de diez años, sin mayores turbulencias o sobresaltos. Todo funciona en este disco, todo está puesto en su lugar. Magistral, sencillamente magistral. Ideal para los que pasamos de treinta pero que aun no nos da pena ir a una tienda de discos y preguntar por algo diferente a Emma Shapplin, Francisco Céspedes o Bocelli.
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