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Hay música diabólicamente mala. Productores perversos. Canciones endemoniadamente mediocres. Hay fusiones que no se le ocurrirían ni al mismísimo Diablo. Hay artistas tan feos que parecen salidos de los infiernos. Hay, en fin, una enorme posibilidad de que la música (en particular el rock) tenga una seria vinculación con Satanás y sus secuaces. No obstante, este texto de modestos alcances sólo quiere dejar en claro un asunto: si el Diablo y la maldad existen no son privilegio exclusivo del rock o el pop.
El Diablo Vende
Conozco docenas de tratados e investigaciones impresas por piadosas entidades al servicio de la moral y las buenas costumbres que, desde la década del sesenta, han intentado alertar sobre los peligros de sobreexponerse a los mensajes subliminales presentes en la canciones de rock; la relación rock-suicidios; la lengua de la perversión (Rolling Stones), las alusiones al pecado original que representaba la manzana mordida de Apple, la disquera Beatles... las escandalosas declaraciones de Lennon explicando que eran más famosos que Jesucristo o más recientemente, la espeluznate presencia de Marylin Mason con sus videos terroríficos y de manifiesta crueldad... todo, absolutamente, hace parte de una cuidadosa puesta en escena. Como todos sabemos, el rock -una de las más poderosas estructuras comerciales de todo el universo- es un sonido de provocación, con mensajes hábilmente elaborados por verdaderos especialistas en las más avanzadas técnicas de comunicación, publicidad y mercadeo. Las carátulas de los discos (en especial de aquellos inscritos en el rock más radical y violento), las letras de las canciones con referencias satánicas, los videos de millonarios presupuestos y toda la parafernalia elaborada por los departamentos de promoción de las disqueras, son finas piezas artísticas que intentan instalarse en la mente de jóvenes rebeldes con ansias de lucir diferentes y llevarle la contraria a sus indignados padres. Más peligrosa que una canción de Alice Cooper, Led Zepellin o el mismo Ozzy Osburne (un simpático abuelito que se pinta de vampiro o sumo sacerdote del mal... hay que verlo... el tipo es bastante gracioso), puede resultar una ranchera o un tema del popular y aun no investigado género del despecho que invitan a la venganza por las traiciones de amor. Puedo apostar que en cualquier pueblo de Antioquia se cometen más asesinatos (sobre todo con machete) al calor de unas copas y al verla con su amante, a los dos los maté... que bajo los efectos de Stairway to Heaven.
Peligrosas Asociaciones
Andar por ahí vestido de negro, con grandes ojeras, pelo largo y descuidado es un delito que debe ser castigado... por el Comité de la Moda o el Ministerio de Salud. Son variados y peligrosos los estereotipos que ha creado la Sociedad Correcta alrededor del rock. Ser rockero o parecerlo, desde hace tiempo, es una actividad sospechosa. Los sacrificios de vírgenes, niños y pollos, el beber sangre de gato o viajar con frecuencia al Eje Cafetero (supuesto centro del Satanismo en Colombia), son prácticas absurdas (no todas ellas punibles) que se han intentado asociar con el rock. El Satanismo es tan viejo como la Humanidad. El rock tiene menos años de establecido. No creo tampoco en la asociación fácil de drogas y rock. Conozco personajes relacionados con el vallenato con serios problemas de drogadicción y delitos contra la vida. He visto en noticieros bandas tropicales completas involucradas con el tráfico de estupefacientes. Me he topado con prestigiosas figuras de la salsa encartados por haberse enriquecido ilícitamente. Así pues que las drogas y sus consecuencias tampoco son exclusividad del género.
Llevo más de veinticinco años metido de lleno en el rock: como aficionado, comentarista o tímido investigador. En todo ese tiempo, lo juro por las cenizas de mi madre, nunca se me ha metido el Diablo, nunca he sentido su presencia, nunca mensajes subliminales me han llevado a cometer acciones perseguidas por la ley. He visto más maldad en programas de farándula como el de los domingos con el tipo este teñido de amarillo. He visto más crueldad en cualquier noticiero. Me he encontrado con contenidos más siniestros en periódicos alternativos dedicados exclusivamente a publicidad o rumbas tontas para aspirantes a yuppies. El rock, por el contrario, me ha servido para recordar que no todo es malo y que los que juegan a ser malos o parecer malos dentro del género, son sólo millonarias marionetas al servicio de una diabólica sociedad de consumo.
cd´s básicos
Más que para mostrarle a las visitas, todos tenemos la obligación (no necesidad) de estar bien armados musicalmente. Olvídelo, el vinilo no va a volver. Sus viejos discos de pasta ya no sirven. Desde esta nada modesta columna le vamos a dar pistas claras para que tenga una ciditeca respetable, con discos imprescindibles de la historia rock
Jan Garbarek & The Hilliard Ensemble
Officium
No puedo empezar la reseña de este bellísimo disco sin citar las notas de John Porter presentes en el elegantísimo cuadernillo que acompaña la que ha sido, quizás, la más exitosa creación de la disquera alemana ECM: Cuando el jazz comenzó, a principio de este siglo, no tenía nombre; tampoco, mil años antes, la polifonía había sido inventada. Estos dos momentos históricos sin nombrar fueron los puntos de partida de las dos ideas más fundamentales en la historia de la música occidental: improvisación y composición. El orígen de las creaciones impresas en Officium, que no son completamente compuestas ni totalmente improvisadas, es encontrado en esas expresiones sonoras separadas por mil años de diferencia. Sí señores: dos músicas separadas por mil años han encontrado padrinos para su feliz unión. El saxofonista noruego Jan Garbarek, autor de docenas de trabajos ineludibles en la discografía del jazz más avanzado y el Hilliard Ensemble uno de los cuartetos vocales más buscados, citados y mejor comentados juntaron quince canciones que datan del siglo doce en adelante, con autores conocidos y la gran mayoría de ellos unos auténticos desconocidos. Describir cómo suena una obra de tales caracterísiticas, es una tarea ciertamente difícil. Pero déjenme explicarles que se trata de una de las concepciones más atrevidas, sublimes y exquisitas que se puedan encontrar desde su año de edición, 1994. Officium, como lo han hecho infinidad de obras musicales con el toque mágico de clásico instantáneo, le ha abierto las puertas a decenas de creadores que tenían en la cabeza multitud de ideas que, en el cerebro o en el papel, parecían francamente absurdas. Para los más puristas esta colección puede resultar insultante. Para los que vemos la música como una experiencia atemporal e ilimitada, Officium resulta una excelente excusa para ahorrarnos mil años de historia en un viaje de sólo 77 minutos y 41 segundos.
cds recomendados
Kate St. John
Indescribable Night
Inglesa con sólida formación académica, especialista en instrumentos de viento; música sesionera presente en discos de Van Morrison y Tears For Fears, entre otros; antigua integrante de una gran banda de los ochenta, The Dream Academy... autora de bandas sonoras para cine y Televisión; creadora de discos junto a Roger Eno y un excepcional grupo llamado Channel Light Vessel... St. John es una figura inusual dentro del panorama pop-rock. Su actitud, conocimientos, expectativas, motivaciones e inspiración corresponden más a los de una autora clásica. Es por eso que al escuchar The Indescribable Night, su primera (mas no la única) placa en solitario, uno se siente metido de lleno en una colección de temas más cercanos a la música de cámara moderna que a una canción pop convencional. El empleo inteligente y sutil de arpa, oboe, vibráfono, corno inglés, órgano, mandolina o clarinete, por citar unos pocos instrumentos utilizados en este disco... el empleo de la voz como eje central sobre el que se estructuran todas las canciones (¡la música crea una atmósfera ideal para las palabras!), le confieren un acento tan lujoso y delicado, que no se puede dudar de que se trata de uno de esos trabajos a los cuales pocas veces se tiene acceso (el costo elevado también es un inconveniente: son importaciones japonesas especiales). Durante mucho tiempo, St. John estuvo buscando el punto medio en el cual se pudieran encontrar su música y su voz, una sin opacar a la otra. The Indescribable Night es su hallazgo final... pero también es la oportunidad de ponernos en contacto con unos sonidos a los que nunca vamos a tener acceso si seguimos atentos a los movimientos de las listas de éxitos o los trabajos convencionales que se editan en el país.
Hector Zazou
Lights In The Dark
La llegada del Cristianismo cambió, definitivamente, el rumbo de muchas cosas en la Irlanda del siglo quinto. San Patricio introduce al país el Latín. La música retoma estilos paganos como los Lamentos. Presente en muchas culturas, en Irlanda eran las mujeres las llamadas a lamentarse por la muerte de alguien (la misma función que cumplen nuestras plañideras). Estas lamentadoras eran en verdad poetas profesionales, con sus propias reglas y estructuras definidas de composición... El nuevo trabajo de Hector Zazou es una recopilación de esas Lamentaciones, Canciones de Cuna y otras piezas de orígen religioso de la antigua Irlanda... una colección de un artista que tiene obras y colaboraciones junto a Harold Budd, Ryuichi Sakamoto, Bill Laswell, John Cale, Bjork, Siouxie, Suzanne Vega, Jane Siberry... Desde hace más de diez años Zazou y su música han estado lanzando una pregunta inquietante: ¿Para qué sirve la música sino es para cambiar el mundo? Navegante de alternativas, este músico francés con ascendencia africana ha estado presente desde principios de los ochenta, inicialmente con un grupo de rock-protesta llamado Barricades, luego con un dúo de música impresionista francesa llamado ZNR y más adelante creando provocativos montajes escénicos. Un artista incansable, sin fronteras divisables... un artista capaz de combinar diferentes culturas y edades culturales... capaz de expandir los límites y diferencias que existen entre todas las músicas... Zazou tiene la facultad de integrar, en cada uno de sus trabajos, docenas de ingredientes con los cuales pocos logran un producto lógico o medianamente coherente. Esa es, ni más ni menos, su virtud.
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