|
|
|
Me había quedado callado esperando que pasara la histeria colectiva. Sin embargo, la cosas siguieron igual. Ya no me aguanto más, ahí voy: Shakira está sobredimensionada, no es tanto como dicen, su música no es innovadora, no representa ninguna avanzada rock nacional; aquí no hay invenciones, sólo una muy bien orquestada campaña publicitaria de una multinacional... No creo en Shakira ni en su séquito de aduladores pagados. Las mentiras construídas a su alrededor, lo juro, me dan pena. Por ejemplo, dicen que fue elegida para participar en el disco a beneficio de los refugiados de Kosovo. Mentira. Miré en cdnow.com y en ese mismo disco, en la versión norteamericana, no hay ninguna Shakira. La inclusión de un tema suyo, parece sólo funciona para este país o estos países. Que compre avión, que haya redescubierto las trenzas de Bo Derek, que piense en Nokia como un grupo de japoneses chiquitos o que esté representando al país en un comercial de Pepsi, seguro, no me dice nada, no le adiciona nada a la floja música contemporánea colombiana.
Mañana, por la mañana, me voy a ir directo a una oficina de Sky. Allí, solicitaré que me instalen la señal en mi cálido hogar. Cuando los chicos hayan ubicado la antena, el decodificador, cuando hayan cableado mi casa, sé muy bien qué voy a hacer: prenderé el televisor y buscaré el canal donde se puede escuchar a Radionet. Sí, éso voy a hacer.
Hay cosas bastante graciosas en la Radio colombiana. Por ejemplo, en RCN de la mañana, con mucha pompa, un locutor grandilocuente presenta Crónicas RCN. Uno se imagina que vienen informes especiales, investigaciones rigurosas, revelaciones, trabajo de campo que te va a llevar al fondo de algún tema. Pero no muchachos, no se emocionen. Dan los créditos como de cinco periodistas que salen a la calle a preguntarle bobadas a la gente, a escenificar lo obvio, a darle al periodismo nacional el famoso giro de 360 grados. Lo grave de todo es que esas bellezas de trabajos periodísticos son los que dan premios. Lo grave de todo es que lloran cuando los reciben; debe ser de verguenza, porque no se los merecen.
Ya he visto suficientes veces Francotiradores para contarles que me parece otra rolada, otro de esos insulsos programas construídos por y para yuppies capitalinos; un espacio de dudoso humor, dudoso ingenio, dudosa genialidad. Prefiero el original, el único, el auténtico: La Tele.
Me llamó mi amigo James Brown. Les dejó una razón a todos los publicistas nacionales: que, por favor, no usen más I Feel Good para promocionar desodorantes, calzones, toallas higiénicas, arequipes, gaseosas... Ya va siendo hora, piensa James, que se busquen otro tema... o que gasten en música original.
Javier Rodriguez, Reytin Tangarife, Braulio Uribe, Juan Camilo Jaramillo...
cartas@elocio.com |
|
|