|
|
|
Esperamos que ni clientes ni agencias ni anunciantes ni un medio tan prestigioso como Semana, se pongan bravos con nosotros porque pensemos que lo que hicieron publicitariamente hablando- en la edición Cómo sería Colombia en Paz (No. 948), la de portada fea con un árbol talado y una florecita que nació en él, es por el lado de Semana- un aprovechamiento descarado, una estrategia conjunta de la redacción con la parte comercial para generar más dinero y, simplemente, anunciantes y agencias le comieron cuento al acudir al concurso convocado por el medio.
Para mí, es sólo otro embeleco que no conduce -que no condujo- a ninguna parte. Pero hay avisos, eso sí (es lo importante... que haya avisos, de eso se trata) y los hay de toda clase: tiernos (Tenemos un sueño en común con todos los colombianos... no más lágrimas... Johnson & Jhonson), de impacto, informativos, connotativos, emotivos, de fantasía (Es blanca y todos los colombianos la necesitamos... Alpina), racionales, buenos, delirantes (Es hora de ver... nuestro país con optimismo. Porque creemos en Colombia somos la cadena más grande de ópticas... Optica Lafam), malos (ojalá ella -una paloma- nunca se pensione... Porvenir), con juegos de palabras, que no dicen nada, de premio (La sangre, la derramada... nos está cambiando. Queremos una Colombia en Paz... La Tienda Creativa), con humor (Pongámosle a Colombia una nueva cara.. de paz. El Instituto para la Cirugía Plástica ) y sale una foto de la renovada Senadora Piedad Córdoba-.
Podría pensar alguien, entonces, que el hecho de que los avisos conectan el mensaje con la marca a parte de la intención de ayudar, desde luego, con la paz de este sufrido país- justifica el gasto, pues contribuye en su construcción o sostenimiento. Pienso que no. Me parece hasta peligroso para la marca asociarla, de oportunidad, con cualquier tema y mucho más con el de la paz. Por eso, si yo fuera el cliente, me hubiera gastado la platica en otra cosa, porque, seguro, con esos avisos no pasó ni pasará nada. Además me asiste una razón adicional expuesta líneas atrás: No es sano mercadear la paz y Semana lo hizo, con la complicidad, claro, de anunciantes y agencias, a no ser que la revista hubiera regalado los avisos. Eso sería tan increíble como que Edgar Perea hubiera narrado sin cobrar.
La Pauta de La Nacional de Chocolates
No es mentira. No es un montaje. Es una paradoja. La Pauta se llama una revista que nuestra Nacional de Chocolates y Noel distribuyen en tiendas y autoservicios. Sacan 50.000 ejemplares en los que tratan diferentes temas de utilidad para los tenderos, quienes, nos imaginamos, se deben identificar plenamente con las características físicas y el estilo de vida de quienes aparecen allí retratados. Los honores se deben compartir con El Taller de Edición, empresa que dirige editorial y gráficamente la publicación. Por eso, en la anterior edición, decíamos nosotros que no queríamos La Pauta, de La Nacional de Chocolates.
Reytin Tangarife
reytin@elocio.com
|
|