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El asunto es fácil: en Publicidad, cuando no hay nada para decir, nada distinto qué ofrecer, ninguna ventaja comparativa para competir, nada, generalmente se acude a dos opciones: o se hace un jingle o se le mete sexo al asunto, eso sí, escondido en asuntos menos agresivos, más aceptados, como lo sensual, lo sexy, lo subliminal o con doble sentido. Igual sucede en los medios; la falta de nuevas y buenas ideas, la ausencia creativa proporciona, también, dos alternativas: o se hacen rifas o se hace un magazine bien picante; generalmente se combinan las dos cosas y se obtienen excelentes resultados. Una encuesta radial sobre el tamaño del falo y un cd de regalo a quien llame, es fórmula infalible. Como también lo es una mujer en calzones cometiendo el pecado de comer arequipe. En ambos casos, por lo menos se atrae y mantiene la atención, otra cosa es hacia cuál emisora se vaya el oyente a ganarse otro premio y que la compradora, ya en el supermercado, se acuerde de la marca del arequipe que la dejará diez veces más gorda que la modelo del comercial.
El sexo, entonces, al igual que es el motor que mueve la existencia de muchos humanos débiles por la carne, es el principal impulsor de ventas y, supuestamente, de recordación y fidelidad hacia una marca. Durante mucho tiempo, nuestros padres y madres se preguntaron qué hacía una mujer en vestido de baño anunciando tuercas y tornillos. La respuesta, obvio, no la tenían sociólogos ni curtidos expertos en Publicidad; las razones estaban expuestas en las paredes de talleres, montallantas y bodegas de soldadura (fieles usuarios de tuercas y tornillos). Y es que una vieja en pelota nunca ha podido ser vencida por razones de lógica, cuando de anunciar se trata. Los hombres somos útiles marionetas movidas por los hilos de la perversión soterrada. Las mujeres juegan a la imitación. Los publicistas que conocen el asunto desde la Psicología (la Dinámica Sexual como motivación natural de los humanos) saben ambas cosas y, desde luego, las usan en nuestra contra o a nuestro favor. Los que no la saben lo hacen por instinto o porque no encuentran nada más qué decir y, entonces, hacen un jingle al que le ponen imágenes muy bonitas, sin mayores rodeos, certeras, contundentes. Los que no saben se ubican en el estadio menor, en el primer piso del ejercicio creativo. Los que saben han superado algunos peldaños hacia el estadio siguiente: el de la permanencia, el de la recordación real, el de la tendencia que no la moda.
No se necesita ser ni un mago ni un estudioso para descubrir diferencias fundamentales entre, por ejemplo, una revista como Playboy y otra como Hustler, ambas exitosas. No se necesita ser un experto para interpretar la pobreza mental de un tipo como Julio Sánchez nuestro amo y señor de la FM según una revistilla farandulera- cuando habla de sexo, frente a la capacidad creativa y audacia de un verdadero rey de la Radio como Howard Stern en los Estados Unidos. El primero pregunta a una oyente despalomada que llamó a opinar sobre otra cosa y a ganarse un libro: ¿cuándo fue la última vez que sintió un orgasmo?, el segundo indaga: ¿te gustaría sentir un orgasmo ahora? Toma entonces el parlante de tu equipo de sonido, voltéalo de manera que los altavoces queden hacia arriba... quita el brillo y pon al máximo los bajos
bájate las bragas sin quitarte el vestido- sientate en él como en una bicicleta... ahora escucha y siente... El tipo se pega al micrófono y... brrbrrrrrrrrrrrrrr. ¡Verdadero sexo oral!.
Para tener una verdadera experiencia de sexo oral, entonces, -el otro debería nombrase como sexo bucal, no verbalizado, blow job, fellatio, chupada o mamada- o para dejar el sexo impreso por ahí, silvestre en cualquier anuncio o calendario, o para hacer una campaña o inclusive- para tener sexo, se puede tomar cualquiera de los caminos que conducen a él. Esta noche quiero barndy para entrar en calor... es tomar el atajo; dame un zoom anatómico... es más largo, más sugestivo, más hermoso, más poético, más creativo, más inteligente... siempre y cuando no se sufra de la temible eyaculación precoz.
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