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Políticos como Carlos Moreno de Caro y Pablo Ardila lo creen a uno como güevón, lo mismo que a la Comisión Nacional de Televisión, al Consejo Nacional Electoral y a la ciudadanía en general.
os honorables ex-congresistas se la inventaron para armar un enredo que bien se merece este país de leyes para los de ruana.
Para nadie es un secreto que los tipos aspiran a la Alcaldía de Bogotá y a la Gobernación de Cundinamarca, respectivamente. No es un secreto la grosería y desfachatez de Moreno de Caro, ni las relaciones peligrosas de Ardila. Tampoco lo es que se hagan ver como los representantes de las minorías: De Caro por los pobres y Ardila por el pueblo seguidor del truculento periódico El Espacio, del cual es dueño. No es un secreto que hoy día cobra mayor valor la publicidad y el mercadeo político como soporte de campañas antes sustentadas sólo en las maquinarias. Como tampoco es secreto que hacer campaña en la Televisión tiene su reglamentación.
Pues los tipos se las ingeniaron para hacer campaña de revueltis. Burlando la ley y la reglamentación y a la vez burlándose de todo el mundo. Los tipos sacaron al aire, por la Televisión nacional, unos comerciales lindos, con mensajes llenos de optimismo, de ejemplos de convivencia y preocupación por los problemas de la gente, en los que ellos, de manera desinteresada, adoptan una posición proactiva, reflexionan y ponen a reflexionar, el uno sobre la discriminación racial y el otro sobre el abandono al que está sometido Cundinamarca.
A mi sí me parece mentirosa, tramposa, falsa la campaña de Moreno de Caro en la que pide que dejen jugar al moreno, mostrando un negrito que no lo dejan jugar fútbol. El propósito es evidente. Al igual que la argucia empleada por Pablo Ardila, cuando sale en Televisión diciendo que él, desde El Espacio, le presta mucha atención a su olvidado departamento.
El asunto se pretende definir de acuerdo con una decisión que debe tomar la Comisión Nacional de Televisión, pues el Consejo de Estado le pasó la pelota. Si deciden sacar del aire los comerciales es necesario abrir una investigación con todo lo que ello implica. Es decir, tiempo y desgaste, pues, por más que investiguen los comerciales en sí mismos no representan falta alguna o violación flagrante de la ley. Definitivamente, estos temas son más de sentido común, algo que le falta a las leyes criollas.
Yo, de Comisionado, llamaría a los dos personajes, los sentaría en frente y, como en las épocas de niño, les haría saber que no me como el cuento, que dudo de sus intereses y que por favor, escupieran sin reírse a ver si es verdad tanta belleza. Claro que el principio de la buena fe con el que se supone actúa la gente, no me dejaría hacer tal cosa; entonces todo quedará igual porque el famoso control posterior a los contenidos televisivos habrá permitido una cosa que estaba prohibida.
Reytin Tangarife
Tics nerviosos
No tengo nada en contra de las vallas electrónicas que cruzan algunas carreteras. No tengo nada en contra de lo que allí, de manera muy lenta, aparece de derecha a izquierda. No tengo nada en contra de esto porque nunca, lo juro, he podido leer completo un mensaje.
¿Por qué, ahora, todas las que eran vallas normales están soportadas en tubos descomunales? Incrementan los niveles de contaminación visual, me parece.
Me contaron un chisme: que un director de noticias de televisión se ganaba 68 millones de pesos al mes. Eso no tiene nada de malo, no señor, en Suiza, Japón o los Estados Unidos, pero en este país es escandaloso, es obsceno, es ofensivo.
¿A quien le importa que al Country Club de Bogotá lo compre la Alcaldía o lo expropie? Aparte de sus socios creo que a nadie en este país. Los medios nacionales, sin embargo, piensan lo contrario y le dedican tiempo y espacio a semejante absurdo.
No me chocan los mensajes institucionales que ahora emite la Comisión Nacional de Televisión en el horario triple A o Prime Time, en asocio con algunas entidades e institutos del país. Cortos, directos, de aceptable realización. Por lo menos sacaron del aire los ladrillos que emitían antes.
Oscar Ritoré, del Noticiero Nacional, se quiere parecer al olvidado y nunca bien ponderado Juan Guillermo Ríos. No me gustan su falsa informalidad, sus gestos y los sonidos que produce con la boca a la hora de presentar noticias.
Hablando de presentadores, me parece que Rafael Poveda está sobredimensionado. El tipo, en realidad, no hace reportería sino que presenta desde el lugar donde ocurren los hechos e introduce el informe de un reportero de verdad. Además, utiliza demasiado la muletilla "...y esto es muy importante". Rafa, para acabar de completar, tiene problemas de dicción; no pronuncia la erre sino que dice eggue.
Vick Vaporub es el producto más vendido entre las mudas, porque a través de su aplicación expresan todo lo que no pueden decir. Si no creen, miren el comercial de TV.
Nuestro hermano Héctor Abad, con su novela Basura, ganó el Premio de la Narrativa Americana Innovadora convocado por Casa de América de Madrid y Ediciones Lengua de Trapo. Bien por otro de los pocos periodistas a quienes nos le quitamos el sombrero.
reytin@elocio.com |
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