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¿estudias o trabajas?
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Tal vez, los colombianos nos estamos especializando para ejercer como doctores de lo absurdo. Prueba de ello son los cada vez mayores intentos por alcanzar records mundiales que no sirven para nada.

La estupidez florece en los fértiles campos criollos, y se sirve a diario en la mesa de los medios nacionales, donde los amigos periodistas se dan los banquetes más deliciosos del mundo. Por encima, se les nota lo que comen. Y es que no habría tanta idiotez junta si los medios no le hicieran eco. Pero no. Los medios saben lo que le gusta a la gente, lo que le gusta al pueblo y por eso, también, baten records de lo absurdo. Sin embargo, no todo es intencional, no todo es cuidadosamente estudiado.

Creo, por ejemplo, que, sin proponérselo, nuestros medios ya batieron otro record mundial: en ellos trabajan los peores entrevistadores del mundo. Los más malos del orbe. Los más predecibles del planeta. Los más desinformados del universo. Los más incultos de la galaxia. Los más deso-rientados de la constelación. Dirán ustedes que exagero la nota, pero es que cuando hay tantas estrellas juntas no sabe uno dónde ubicarlas. Me pareció lo más justo y merecido para con ellas entronizarlas en el espacio sideral. Nuestras estrellas que locutan, animan, informan, cantan, aparecen en comerciales, modelan... también entrevistan, o creen hacerlo. Todos se montan en ella, como la prostituta del paseo. Porque la entrevista dejó de ser, desde hace mucho, un género con el rigor periodístico que requiere. Entrevistadores y entrevistados han hecho de ella una cadena de preguntas (malas, mal hechas) y respuestas (igualmente malas, mal ofrecidas). Nuestras estrellas se encargaron de empeorar las cosas.

Gabo y yo, que detestamos las entrevistas y le corremos lejos a los entrevistadores, clasificamos a estos últimos, claro está, además de los malos y desinformados. Algunas categorías pueden ser:
-Los complacientes
-Los agresivos
-Los que tratan que el entrevistado caiga en contradicciones
-Los que acomodan el contenido según la conveniencia personal o del medio
-Los que editan sin misericordia
-Los que omiten frases (descontextualizan una declaración, por ejemplo)
-Todos los anteriores

No obstante, a veces -muchas veces, la gran mayoría de las veces- me veo a gatas para ubicar algunos personajes de la fauna nacional dentro de cualquiera de esos rangos. Por eso se me hace necesario inventar nuevas definiciones, nuevas clasificaciones.
Por ejemplo, ¿Dónde diablos mete uno, hoy día, a Yamid? Hace poco ví el otrora guía y líder de las artes en sacarle al entrevistado lo que no quería decir; el maestro del repentismo; el hombre que le sacaba punta a un mochito de lápiz; aquel que ha pasado por todas las categorías enumeradas; lo ví entrevistando a Miguel Bosé y, sin mentir, parecía un principiante. Bosé se lo tragó enterito. El español debía pensar por largos segundos la respuesta que daría a las estupideces de Yamid, y lo pensaba para no salir con una estupidez igual, que no por difícil o buena la pregunta. Se reía por dentro, se notaba. Se gozó la entrevista como ninguna otra, porque ante él estaba dizque el lucero más brillante de la constelación de periodistas estrellas del país y el lucero no brilló, lo tapó una nube.
El nefasto resultado de aquella edición de Pregunta Yamid se dió, básicamente, por dos razones que operan igual para cualquier otro caso. Cuando lo que se pretende es brillar más que el entrevistado, cuando se juega a ser más inteligente que el otro, cuando lo que se quiere es competir; o cuando no se conoce nada del tema, ni del personaje, ni de los temas que le gusta tratar al personaje.

Las mejores entrevistas, las verdaderas, son aquellas en las que entrevistador y entrevistado sostienen una conversación fluida; aquellas en las que el entrevistador es capaz de estar a la altura de su invitado y, de manera fácil, hablar de lo que habla el otro. Más tertuliar, que disparar preguntas. Pacheco es un tipo bueno para eso.
Este método, desde luego, tiene sus riesgos. El mayor es creerse el cuento de que podemos entrevistar a cualquiera y hablar mierda con el que sea. Eso es una mentira. Lo vivimos en nuestra vida diaria: no somos capaces de hablar con todo el que se siente al lado. Sin embargo, las estrellas de nuestros medios se lo tragan entero y, así, ponen su granito de arena para obtener el record mundial de los peores entrevistadores del mundo. Contribuyen, con el necio logro, locutores y gentes de otros oficios disfrazados de periodistas que conforman, además, el grupo más especial de los entrevistadores: el de los sordos e ignorantes; gente que no sabe de qué habla ese personaje del que apenas ha visto su nombre en revistas de vitrina; gente que se niega a escuchar lo que dice el entrevistado; comunicadores integrales como Jaime Sánchez Cristo (qué pena con don Steven Spielberg), Alejandro Nieto, El Gato, Carolina Gómez (la reina), Rodrigo Beltrán, los Francotiradores, el otro argentino del Canal Caracol, los DJ’s de la Radio y muchos otros que piensan que Lindsay Buckingham es una mujer o Stevie Nicks un hombre; que el sol sale y se pone o que Canberra es una pomada para las pelotas; gente cuya obligación es aceptar su condición pueril y que, como cualquier adolescente, debería aceptar el humilde consejo de comenzar sus entrevistas con el famoso y sincero ¿estudias o trabajas?.

Reytin Tangarife

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Página actualizada el martes, 11 abril 2000
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