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Un buen nombre sin duda, es el mejor aliado para alcanzar el éxito. En edición anterior de Elocio hacíamos referencia a los nombres de las personas y la incidencia que podría tener algo tan simple en el futuro de las personas. En efecto, no es lo mismo llamarse Miguel, David, Felipe, Federico, Juan o Santiago que Elmer, Christian, Huber, Javier, Libardo o León. Si el lector es lectora, ¿a cuál de estos preferiría para una cita a ciegas? Los nombres, está comprobado, determinan gran parte del éxito o fracaso de una persona, de un producto, de un servicio, de un sitio público. Aunque suene a Pambelé, hay nombres ganadores y nombres perdedores. Por eso, la decisión más importante que se puede tomar en Mercadeo es el nombre que se le ha de poner al producto.
La Arepa de la Negra es un nombre antológico. Creo que ni siquiera las obras de ampliación de la autopista han podido acabar con el negocio. Al margen de otras consideraciones, una poderosa razón para que aun exista en Medellín el Blue Rock es su nombre. Es un nombre contundente, reducido, simbólico, directo al target, identifica, tiene rima y ritmo, es balanceado, fluído y es aparente. Caso contrario era Estación Local, por ejemplo. Aquel bar que pudo ser lo que no fue, podría haber sido también una caseta de revistas, una buñuelería o cualquier otra cosa en una estación del Metro o en sus cercanías. Problemas distintos a su nombre o a la falta de identidad del lugar tuvo New Order. Si el nuevo orden del desorden no hubiese sido invadido por sicarios y merodeado por radicales alborotados, estaría vivito y rumbeando. Su nombre fue fundamental en el éxito que tuvo y, creo, seguirá en nuestras mentes por siempre. Pero no se le ocurra repetirlo hoy día, no funcionaría. Más adelante le cuento por qué.
El comportamiento de un producto en el mercado, su grado de aceptación entre los consumidores se relaciona, más de lo que pensamos, con el nombre escogido. Había una vez una cola que se llamaba Conga, que aparte de su mal sabor, su nombre era pésimo. Sodoma fue el peor de los nombres que pudieron escoger para un bar juvenil; a ningún padre de familia le gustó que su hija rumbeara allí. Es más leída la revista Dinero que La Nota Económica, el nombre algo tiene que ver. Radio Deportes de Caracol es deportes. Antena 2 de R.C.N. puede ser música, variedades o, incluso, deportes. A pesar del 2x1, Esmeralda no es nombre de pastelería que pueda poner a temblar a Pastelitos o a El Tejadito. Los jugos Hit la tienen dura con Tutti Frutti, un nombre sin igual. Elocio, de no ser por su apellido Guía práctica para hacer nada, podría ser una página porno en Internet, el nombre de un granero en Itaguí (capital mundial de la pereza) o una sección más de Sábados Felices. A propósito de este último, nombre incomparable frente a La Hora Sabrosa, espacio de humor que pretende competirle y que le quedaría mejor a un programa de recetas de cocina. No sirven los nombres genéricos acompañados de la frase y algo más. Son nombres parroquiales las Empanaditas y
algo más, Ricuritas y
algo más, Fotocopias y
algo más, Relaciones Públicas y
algo más, Detalles y
algo más, etc. El sello Jackelyne Zapata siempre será distinto al Natalia Paris o al Claudia Perlwitz.
Estudie el nombre de sus competidores, qué técnica utilizaron y haga todo lo contrario, seguro que tendrá éxito. Ahora no se le ocurra ponerle a un negocio La Arepa de la Mona. Piense mejor en algo así como
La Morcilla de Juan
Clips y Tics Nerviosos
Solicitamos permiso a un prestigioso centro comercial de la ciudad para distribuir Elocio en los puntos de información. Nos pidieron cien mil pesos ó 170 mil diarios si queríamos instalar un stand. Estamos recogiendo plata para podernos codear con otros periódicos alternativos que distribuyen sus ejemplares allí y que, seguramente, se acogen a las tarifas que impone el C.C.
Yo sé que esto no me importa ni me debe importar: el hijo de William Vinasco Ch., Williamsito Jr., dice oistes y llegastes. Eso me lo cuenta su papá cada que transmite un partido.
Excelentes los informes del periodista Carlos Mario Arango, corresponsal RadioNet en Medellín. Equilibrio, seriedad y, desde luego, detalles de lo que está pasando. Nada de protagonismo innecesario.
Segmentación de mercados, espacios publicitarios multitarget: ví en el Informativo de Antioquía un comercial de Colanta sobre cómo ordeñar una vaca y, seguidito, un elegante anuncio de Mazda.
La aristocracia bogotana se ha tomado la pantalla chica. José Gabriel (un tipo con fotos al lado de presidentes, príncipes, sultanes y marajás), es la nueva sensación. Tan sensacional es el tipo que le ruegan para que acompañe a los verdaderos periodistas en la edición matinal de Telesucesos RCN. Ellos, allá, definitivamente, viven en otro país... el país que se cree todos los cañazos que se meten entre ellos, allá, en Colombia
el país que instala cómodamente a La Negra Candela como gran atracción y punto a favor del rating. ¡Qué horror!
¿Cuánto valdrá una página completa en El Colombiano a todo color? Esto me lo vengo preguntando desde que ví, un lunes, un informe completo con fotos coloridas y tres periodistas escribiendo sobre cómo se ve el estadio sin gente, un domingo: entrevistas a la señora de la morcilla, el chico de las gaseosas, el solitario corredor. Ojalá don Juan Gómez no lo haya visto porque, seguramente, los va a regañar por gastarse su plata tan bobamente.
reytin@elocio.com |
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