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el carro oficial del terremoto
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Como ya ajustaba dos artículos en línea hablando de publicidad, el de esta edición que tenés entre las manos y los ojos lo pensaba dedicar a los medios. Ya lo tenía casi listo. Casi. Sin embargo, cuando salí de la ducha, prendí la radio y escuché lo que nunca imaginaron mis oiditos. Cambié de opinión. Fue instantáneo. No tuve que pensar mucho para decidir que me tocaría escribir, nuevamente, de publicidad y no de medios. De publicidad en los medios y no de la publicidad de los medios, que era el tema. Un tema bello, agradable y al que se le podía sacar punta. El que elegí es feo, morboso, espantoso, vergonzoso y perdido. Es un jingle.
Es feo porque es un jingle mal hecho. No es bonito. Es un jingle demasiado gaseoso. No tiene un buen ritmo. No es una melodía con sabor a chicle dulce. No la recordarías fácilmente. Ni siquiera tarariarías un pedacito. El texto -la letra- es demasiado acomodado. Es feo porque fue hecho a las bravas. No lo pensaron lo suficiente y lo hicieron (grabaron, mezclaron, etc.), se nota, rapidito. Es, sin duda, feo.
Es morboso porque es un jingle que hace del dolor ajeno un espectáculo. Se aprovecha. Su concepción sólo se daría en una mente enferma. Es morboso porque no es sano. Esconde su verdadera intención. Es pernicioso, nocivo e insaluble. Es, definitivamente, morboso.
Es espantoso porque produce terror que el tal jingle pueda pasar por la cabecita loca de un creativo, por las manos de un ejecutivo de cuenta, por los ojos del PRESIDENTE de una agencia publicitaria, por la computadora de un fabricante de melodías comerciales (jinglero), por el escritorio de un gerente de mercadeo, por el maletín de una vendedora de cuñas de Radio, por la firma de su jefe y por los oídos de los oyentes y que, sin embargo, no pase nada. Asusta. Es, en realidad, espantoso.
Es vergonzoso porque el jingle ruboriza, da pena ajena que llaman. Me sonrojo de pensar el que la publicidad sea despreciable. Es publicidad institucional floja, pobrete. Es un jingle que demuestra, de nuevo, lo apocados que somos. Me pongo chiquito, como dicen por ahí. Es, terminantemente, vergonzoso.
Es perdido porque el jingle pasará desapercibido. Es tan simplón que la gente ni se dará cuenta que existió. Yo, porque me lo encontré de pura casualidad. Sin embargo, el jingle no será recordado por la gente. No será analizado por los inquietos estudiosos de la materia. Ni siquiera le darán una somera mirada a su contenido. Es, finalmente, perdido.
El jingle es una retahila de las ciudades destruídas o afectadas por el terremoto. Uno a uno se van juntando ahí, en el jingle, esos municipios donde se acabó casi todo hace un mes largo. Así, pasan uno a uno -a ritmo de bambuco & rock- Pijao, Calarcá, La Tebaida, Armenia, Montenegro y otros más. Luego, al final, una voz en off nos dice: aceleremos a fondo... refiriéndose a la ayuda económica y en especie que necesitan los damnificados e invitando, obvio, a que apresuremos el paso –aceleremos–, sigamos adelante. En este punto del jingle ya sabe uno que la cosa no es gratis. Ya está esperando uno a ver con qué salen al final. Y bueno, desde luego, el remate no podía ser distinto: Daewoo Motors de Colombia... el motor de yo no sé qué diablos.
En el Mea Culpa de Elocio número 7, el director de este quincenal ya formulaba una pregunta premonitoria: ¿por qué ninguna emisora se ha autodenominado la estación oficial del terremoto? Pues bien, no salió emisora pero sí carro. Ya tenemos carro oficial de la tragedia. Me imagino cuánto tiempo se molieron los sesos para encontrar una relación lógica de los carros con la tragedia. Palanquiemos a nuestros hermanos... Rodemos juntos el camino... Movilicémonos por el eje... y sabrá el diablo cuántas barbaridades más se les habrá ocurrido. Tenemos carro oficial del terremoto, muchachos. Tenemos la marca del auto que recogió las banderas de la solidaridad y que, por supuesto, pasará de nuevo en primer lugar por la meta de las ventas en nuestro país, como lo ha hecho en los últimos dos años. ¿Aceleremos a fondo...por nuestros hermanos damnificados? Siiiii, ufff. Cómo ño moñito.
Personalmente, es decir, sólo para mí –desde mi perspectiva–, ese jingle es feo, morboso, espantoso, vergonzoso y perdido. Es, en resumen, indignante. Es, se me olvidaba, desechable... como los Daewoo (dicen). Desconozco si eso es cierto y me quedaré sin comprobarlo pues nunca, seguro, me compraré el carro oficial del terremoto

P.D.
Las llantas Goodyear también están rodando por el Eje.

Reytin Tangarife

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Página actualizada el martes, 11 abril 2000
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