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armenia
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Lo bueno y lo malo que nos sucede en Colombia, nunca ha sido impedimento para convertirlo en fiesta, pachanga, carnaval. Los estudiosos del tema (cómicos todos ellos) pueden incluso afirmar que, como tenemos sangre latina, el fuego corre por nuestras venas. Es inevitable pues volver fiesta las tragedias o hacer tragedia de una fiesta. Conocí de cerca una familia que, en una ocasión, celebró con toda la pompa del caso un cumpleaños. Para evitar intrusos que alteraran el normal desarrollo de la celebración, se abstuvieron de invitar personas ajenas al apellido. A las tres de la mañana un tío ebrio apuñaló un sobrino.
Armenia nos has retratado de cuerpo entero, con todas nuestras virtudes y defectos; con toda nuestra bondad y enorme capacidad para hacer el mal. Atracadores de heridos, bandas organizadas para saquear, personas que envían medicinas cuyo precio máximo de venta al público era quince pesos, sujetos que envían Viagra o bronceadores, aprovechados de otras regiones que aterrizan en la zona para hacerse a una casa o a un mercado, damnificados que se quejan porque les mandan ropa vieja, personal de organismos estatales guardándose lo que los ojos de otros no alcanzan a percibir
falsos ingenieros y arquitectos que entran a hacer evaluaciones de daños y salen con televisor al hombro
el ingenio nacional, nuestra malicia indígena, siempre ha estado al servicio de la maldad, del engaño y el tumbe. Cuando las piadosas señoras que me encuentro en misa me dicen que en Colombia hay más gente buena que mala, callo premeditadamente para evitarles un disgusto y dejarlas que se vayan engañadas al cercano sepulcro
las dejo creyéndose que están rodeadas de querubines (¿será que nunca ven los noticieros?).
Armenia nos ha retratado de cuerpo entero, y a los medios también. Cuando ya se ha agotado el papel del periodista y del medio mismo, cuando la historia no estira, cuando los personajes ya no tienen nada nuevo para comunicar, cuando la pantalla se llena de amarillo por lo rojo de su contenido, comienza entonces el show, la búsqueda del protagonismo. RCN consiguió un camión, Caracol un switch para una planta, Radionet y Conavi 1800 carpas
Las promociones que se emiten cada quince minutos sobre la enorme bondad de cada estación radial, son francamente indignantes. Acaso no es más elegante, fino y ético callar, asegurarse el cielo en silencio, asumiendo una posición realmente noble. Me pregunto ¿por qué ninguna se ha autodenominado la emisora oficial del Terremoto?
El afán de protagonismo lleva a nuestros Larry King hasta los extremos más odiosos. Desde hace un buen rato están buscando una figura heróica, una Omaira que se convierta en el símbolo de la tragedia. Lamentablemente no han encontrado todavía quién les de la talla, y por desgracia para nosotros, la van a seguir buscando, van a seguir hurgando en el dolor de un montón de gente que no ve futuro, pero que al tiempo se lo está garantizando a las estrellas bogotanas (dícese de aquel que vive en Bogotá) de los medios. Dentro de poco ya veremos a los tres viejitos cubiertos de gloria y premios por el extraordinario cubrimiento. Ahí estamos retratados de cuerpo entero.
Javier Rodriguez
javier@elocio.com |
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