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no me contés...
Regreso al listado de artículos archivo de mea culpa |
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La culpa es mía. Cada vez, con más frecuencia, estoy encontrando problemas para comunicarme con mis amigas, las mujeres. Y hablo desde mi posición de hombre que ha sido hijo, primo, novio, esposo, yerno, ex-esposo, novio y futuro esposo de alguien. Escribo desde el lugar que, siempre, hemos ocupado los hombres de una sociedad que, cada día, se precia de dar más y mejores oportunidades a un género que, como el femenino, ha luchado duro por ganarse un lugar de respeto, justo al lado de nosotros, los que construímos y acabamos con el mundo, día a día.
La queja viene de toda la vida. Las mujeres, con razón, nos han reclamado que nunca les prestamos atención, que las cosas nos las deben contar dos y hasta tres veces. Nos acusan, justificadamente, de nuestra incapacidad de concentrarnos en lo que nos están relatando. Por eso nos equivocamos tanto con ellas. Por eso, a toda hora, hacemos cosas que nos advirtieron no hacer o evitar. Por eso, los hombres, nos pasamos la mitad del tiempo tratando de recomponer las situaciones; ganando de nuevo sus frágiles corazones.
de nada, muchachos
Yo, a nombre de todo el sexo masculino, creo haber encontrado la clave de esta peligrosa incomunicación entre hombres y mujeres. Yo, como aventajado profesional de la comunicación, descubrí el lío que sitúa en polos opuestos a géneros que deben estar por ahí, juntitos, disfrutando de los más diversos placeres. La verdad me fue revelada una noche cualquiera, mientras departía alegremente con una vieja conocida. Sin muchos preambulos, sin demasiada prosa le pregunté qué había hecho esa mañana. Atención:
Me levanté como a las 6.15 de la mañana. Pasé una noche más bien regular. A una vecina le llevaron unos mariachis. Al parecer era un ex-novio que estaba tratando de re-conquistarla. Es una vieja que vive en el piso de abajo. Estudió dizque Diseño de Modas. Pero hay que ver lo mal que se viste. Debe haber perdido todas las materias. Pero claro, como tiene un novio como raro que viene en carro distinto cada rato, nunca le falta qué estrenar. Si yo hubiera sabido que las cosas eran tan fáciles, ni hubiera estudiado; me hubiera gastado toda la plata tiñéndome el pelo y poniéndome un par de tetas bien grandes. Aunque pensándolo bien, como voy
es mejor. El caso es que esos mariachis no dejaron dormir a nadie. A una amiga le llevaron el otro día una serenata de mariachis con un cantante espectacular
igualito a Vicente Fernández. ¿Lo has visto alguna vez? Demás que no
a vos sólo te gusta ese rock de peludos y viciosos. Me muero donde me lleven todo ese montón de músicos, con esas canciones tan lindas
Es que un hombre, cuando la quiere a una, es capaz de hacer hasta lo imposible. Claro, al principio cuando la están conquistando a una, no saben dónde ponerla
Después de relatarme durante más de cuarenta y cinco minutos los pormenores de su ruidosa noche; después de divagar sobre su vida, la de sus amigas, sobre el significado real de una jornada de música mexicana, mi amiga, finalmente, llegó al centro de lo que yo había preguntado: ¿qué hiciste esta mañana?
Pues nada
me desperté y después me quedé dormida otra vez
Aclaro que mi amiga no es tonta, no es boba. Es una mujer estructurada, profesional. Es una bella morena con un buen trabajo. Pero es una mujer que espera comunicarse con los hombres como lo hace a diario con las otras mujeres: con su mamá, hermana, cuñada o amiga. Es una mujer, y para las mujeres los detalles son importantes. Por eso ellas saben cómo estaba vestido este o el otro
hace cinco años, el primer día que fue a la Universidad. Es una mujer, y como todas las mujeres, fija su atención en cada uno de los acontecimientos que suceden a su alrededor. Quizás por ello uno debe tener mucho cuidado con los gestos, con todos y cada uno de los movimientos corporales que se hacen delante de ella. Es una mujer, y como tal, espera de los hombres la misma atención y respeto que recibe
de otras mujeres.
A ninguna de las mujeres que conozco le voy a pedir que se comporte como un hombre. Voy a seguir dejando que me cuenten que en la tienda donde iban a comprar ropa, se encontraron con faldas de color verde, rojo, amarillo, fucsia, blanco acaramelado, caramelo, azul, acuamarina, café, naranja, caqui, mostaza, lila, gris marfil, un gris un tanto más oscuro
y que la empleada del almacén tenía cara de no haber dormido toda la noche; voy a dejar que me expliquen cómo fue el viaje a la costa, aunque a la hora y media de comenzar el relato, no haya podido salir de la casa, ni empacar. Voy a dejar que sigan haciendo una de las cosas que más les gusta en la vida: disfrutar de cada segundo
disfrutar contando cada segundo...
javier rodriguez
javier@elocio.com |
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