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colombia la fea
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No es difícil hacerle un diagnóstico a este país enfermo. La realidad es tan absurda, tan violentamente contundente; ya la muerte está tan cercana a todos y cada uno de nosotros, que no se necesita usar símbolos o apelar a símiles para describir el estado de horror diario al que nos tienen sometidos los que nos van a liberar del poder opresor del Sistema; aquellos que encontraron en la Revolución una excusa perfecta para masacrar, saquear o dinamitar o los otros que, dizque a nombre nuestro, se están tomando la ley por sus manos, generalmente en forma de asesinato selectivo.

Ávidos de disculpas (lógicas o no) que nos generen una nueva verdad, de argumentos que nos ayuden a escapar del hecho mismo de ser colombianos, de vivir en Colombia, los medios nos están inventando realidades alternas, alternativas. La banalización de las noticias no violentas (¿el equilibrio perfecto?), parece ser el camino más fácil que escogieron los directores de noticieros televisivos, principalmente. Quizás por eso las informaciones de farándula cada día cobran más importancia (y espacio). Quizás por eso las nuevas reinas del rating (y de la devoción mediática) son un montón de muchachitas sin más valores que los que se invirtieron a la hora de aplicar silicona en tetas y culo (senos y derriere). El país del poco pan y el mucho circo anda desenfrenado a la caza de los nuevos amoríos de sus ídolos prefabricados; anda curioso y ansioso por saber de qué se va a disfrazar hoy Catalina, cuál presentadora de Televisión va a grabar un disco, con quién va a salir Miguel Varoni; a quién se van a comer esta semana.

La maquinaria funciona en forma tan perfecta y sincronizada que, para cada evento, hay una respuesta. El asesinato infame de doña Elvia Cortés es olvidado con el desenlace del beso entre Betty y su patrón. Los muertos de las inundaciones son tapados rápidamente con la teta que se le salió en un concierto a Lady Noriega. Los nuevos secuestros y asesinatos son hábilmente desvanecidos con los chismes insulsos que generan figuras de la farándula nacional internacionalizada (¡Sofía Vergara conquista Hollywood!).

Y al periodismo nacional se le olvidó explorar otra Colombia. No hay puntos intermedios. Somos los más crueles y despiadados del mundo o los más bobos de toda la Vía Láctea (no se les olvide el Record Guinnes nuestro de cada día). Al periodismo se le olvidó que hay gente en la mitad; gente que hace otras cosas, piensa y quiere otro país. Colombia, como Betty (la magnificación absoluta de la estupidez nacional) es fea, muy fea. Decirlo así, desde luego, no es un acto de antipatriotismo. Mirarnos al espejo, sin maquillajes o efectos especiales, quizás es más edificante que reproducir boletines de prensa o amplificar el atraso mental mediático.

javier rodriguez
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Página actualizada el miércoles, 31 mayo 2000
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