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el diablo
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Son muchas y muy variadas las formas que tiene para aparecérsele a la gente Satanás, el Chucho, el Patas, Lucifer o el Diablo, a secas.
A algunos, por malos, se les aparece a cada rato. Y es que cuando se escoge el lado oscuro de La Fuerza uno tiene que estar dispuesto a lo que venga. Otros, en cambio, lo buscan a propósito: se hacen tatuajes que lo invocan, se meten a sectas satánicas que reducen dramáticamente la población de gatos, pollos y vírgenes; compran discos de Black Sabbath o King Diamond para escucharlos al revés (práctica cansona y, por demás, absurda) y, en los casos más extremos, leen elocio.
Y es que con nuestra entrada al Eje Cafetero, un montón de señoras (¿y señores?) piadosas de esa próspera región se dió a la tarea de buscar señales del Diablo en nuestras inocentes páginas. Al parecer, no tuvieron, ni siquiera, que abrir la guía práctica para hacer nada. Justo, en la portada, encontraron el argumento para ellos contundente sobre nuestra vinculación con las fuerzas oscuras. Las fotografías de nuestro amigo Juan Fernando Ospina sirvieron de pretexto para declararnos amigos de El Maligno.
Es fácil comprender la prevención que existe frente a fotos como las de Juanfer y textos como los nuestros en un montón de departamentos que, los más entendidos, han declarado como centro del satanismo en Colombia pues, dizque por allá, vive El Papa Negro... pues por allá han operado sujetos verdaderamente diabólicos como el engendro ese de apellido Garavito.
Para que nos saquen de una vez de la lista de futuros excomulgables, queremos avisar a nuestros amigos de Manizales, Pereira, Armenia y ciudades intermedias que no, no estamos aliados con el Diablo. Las fotos de Ospina, los escritos de elocio son sólo cuidadosas e irónicas lecturas de la sociedad de este tiempo; profundas elaboraciones sólo posibles en un país donde la lógica no existe, donde la vida vale poco, donde hace falta una buena dosis de humor e ingenio para sobrevivir; para no sucumbir al pesimismo y la desesperanza.
El Diablo, mis queridas señoras, está presente en los políticos que saquean el fisco y dejan sin educación y salud a tres cuartas partes del país. El Diablo es el sistema financiero nacional que se lucró toda la vida de una clase media que no aguantó más, y ahora se quedó en la calle, luego de pagar sus viviendas cinco y seis veces. Lucifer es el comerciante que vende productos de mala calidad y al triple de su costo original. El Diablo se disfraza de traje de campaña, tiene forma de revólver y escopeta, dinamita o rocket. Satanás está presente en las ex-esposas que piensan permanentemente en tu mal, en los padres que abandonan a sus hijos, en los malditos secuestradores que acabaron con la tranquilidad de todo un país. El Diablo es una mujer bella o arreglada, vestida con trajes de millones, andando en carros de millones, luciendo joyas de millones, mientras le paga el sueldo mínimo a su muchacha del servicio. El Diablo, doña, no somos nosotros.

Javier Rodriguez

javier@elocio.com

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Página actualizada el martes, 11 abril 2000
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