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paz & cia ltda.
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Espero que Victor G. y su corte de optimistas no se enojen con este sencillo pero emotivo escrito. Suplico que mis necias e inocentes palabras no me conviertan en objetivo militar de alguno de los grupos armados nacionales. Imploro al Creador que no nos vayan a retirar la pauta las entidades, gubernamentales y privadas, empeñadas en utilizar la bandera de la paz como objeto de campaña publicitaria. Ruego, a quien corresponda, que la antipatía y el desprecio hacia mi persona no se vayan a apoderar de aquellos vestidos de túnicas blancas que se toman fuerte todas las manos todas y rezan porque esta vez sí haya convivencia armónica entre los hombres de buena y mala voluntad. A todos ellos (y a los que se me escapen) les tengo malas noticias: no busquen más la paz... la paz ya está aquí, allí, en las esquinas, en los estadios repletos de gente que canta hasta ponerse morada y llorar de una, nada fingida, emoción; la paz está en las banderitas que ondean victoriosas pegadas en los carros de los ciudadanos sencillos y de los otros (un carro con la banderita esa se pasó un semáforo en rojo... casi me manda a disfrutar de la paz eterna)... la paz está aquí.
Simple: ante la imposibilidad de conseguir la paz por los medios correctos, los medios debidos (diálogos, despejes, manos extendidas, reuniones, concertaciones, acuerdos, promesas...), unos hábiles señores sentados en sus cómodos sillones en algún Departamento de Mercadeo decidieron convertir la paz en mercancía, en objeto para llevar a la casa, para lucir en la solapa (la tirita verde de alguna tela barata, pegada con un gancho, ya viene en versión metálica... una paz más cara y glamorosa, una no violencia de más status), para ambientar comerciales de gaseosas, bancos o jabones. El concepto paz trascendió sus propias barreras y limitaciones hasta convertirse en útil herramienta que se puede manipular y acomodar a cualquier producto o servicio. Tenemos banderitas, afiches y camisetas; tenemos el Concurso Nacional de la Paz (siempre han pagado por matar... ahora, no matar, también da plata); ya está próximo a salir (al mercado, obvio) un álbum de figuritas a lo Amor Es... con la predecible Paz es... El Tiempo ya creó su propia Unidad de Paz, centrada exclusivamente en el tema (alucinante: ¡periodistas especializados!), un tema rico, inagotable, que ayuda bien a llenar el espacio que dejan las pautas canceladas; uno de los hermanos Santos (adalides, en su leídas columnas, del No Secuestro y de las salidas concertadas) es empresario del concierto Sólo le Pido a Dios... Jorge Barón, con sus multitudinarios shows de estrellas ya habla de estar llevando la paz a los lugares donde se presenta (El Mensajero de la Paz, lo llaman por abrazarse con políticos, negociadores, militares, policías y guerrilleros)... El tema da para todo... lo que falta es imaginación.
Mientras que en los campos miles de personas son desplazadas de sus pueblos; mientras sus casas son quemadas, sus familiares más cercanos masacrados por ser derechos o zurdos, bizcos o gagos; mientras todo lo que rodea a nuestras pacíficas ciudades se vuelve pedazos, nosotros, en la otra Colombia, ya tenemos la oportunidad de ir al supermercado más cercano a comprar paz... o al menos la ilusión.

Javier Rodriguez

javier@elocio.com

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Página actualizada el martes, 11 abril 2000
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