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dios nos libre
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Este país no es serio. Y más aún: me está entrando la seria sospecha de que es un país bobo, de gente tarada, sin la astucia necesaria para escoger inteligentemente, por ejemplo, los gobernantes que han de regir sus destinos y el de las personas a las que les vamos a dejar lo que las diferentes fuerzas vivas de la patria no han sido capaces de acabar. Para demostrar lo que afirmo con tanta tranquilidad y certeza sólo me basta citar un nombre: Edgar Perea. ¿En qué debe estar pensando uno cuando decide que el morocho está capacitado para sentarse junto a los más fieros, hábiles y manipuladores políticos que sólo es capaz de parir este aun joven país? ¿En el cerebro de qué borracho cabe la idea de que a Edgar le cabe el país en el cerebro? Para ambas preguntas hay una buena respuesta, una respuesta única: en el cerebro de un borracho. No de otra forma se explica que el simpático chocoano, autoproclamado barranquillero, se haya sentado en el honorable Senado de la República a recitar un sólo discurso veintejuliero, una sóla idea deportiva, un sólo concepto vacío. Este país vota, en su mayoría, embriagado, pero embriagado con diferentes bebidas: licor, promesas de puestos, esperanza de un país mejor y, desde luego, la fe ciega de que esta vez las cosas sí se van a hacer correctamente. Y con esas ideas fueron a las urnas quienes votaron por la farándula nacional. Allá están, en la fría Capital, sentados en sus curules nacionales o de carácter local, disfrutando de sus carros blindados, choferes y demás comodidades que brinda el poder, un montón de personajes que tienen mínima idea de lo que deben hacer o para qué los pusieron allá: Alfonso Lisarazo, La Negra Grande de Colombia, Sergio Cabrera (sólo un Senador pudo haber hecho una película tan mala como Golpe de Estadio), Bruno Díaz… Votos perdidos, esperanzas rotas.
Esta breve introducción de 320 palabras, esta reflexión escrita me sirve para advertir a mis paisanos que, cuando lleguen las elecciones, piensen muy bien en quién va a recaer la confianza de su voto. Este artículo quiere llamar la atención sobre los ojos ciegos y oídos sordos que debemos tener cuando, por ejemplo, un tipo como Donnie Miranda o el elenco de La Grúa, les de por lanzarse al poder… No creo que necesiten más influencia de la que ya tienen con la sintonía de Radio y Televisión; no creo que necesiten más culto y devoción del que ya despiertan entre el público especialísimo que se han fabricado; no creo que necesiten divertir y educar más a la ciudad y sus alrededores; no creo que nos debamos privar de sus elaborados libretos cómicos, sus acertadas intervenciones matinales, sus despliegues de talento cada que abren la boca. Quédense allá… algunos ciudadanos se lo vamos a agradecer… la política no es graciosa, los políticos no necesitan boletas gratis para nada… ya las tienen.
No quiero pensar en el día en que Baltazar Botero le de por llevar a sus fanáticas amas de casa (incluyendo a mi inocente madre) a las urnas; un experto en todo lo de la casa sentado en su cómodo sillón del Concejo o la Asamblea junto a Alonso Arcila, El Gurú del Sabor, el hijo de Montecristo o Vargasvil… Dios nos libre de que llegue ese día. Dios nos salve del día que estos queridos y pintorescos personajes decidan que están capacitados… para gobernar. Pero, conociendo como conozco a mis paisanos, creo que todo es posible. Dios nos libre aquí, porque allá, en Santafé de Bogotá, no pudo, o llegó tarde

Javier Rodriguez

javier@elocio.com

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Página actualizada el martes, 11 abril 2000
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