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queridos enemigos
[vea tambien el director, los alquilados y bloque de cortos]
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Hoy he visto la luz. He salido de la sala oscura con la extraña sensación de haber asistido a la obra más completa del cine nacional, un popurrí de cosas como Canaguaro, La vírgen y el fotógrafo, El inmigrante latino, La deuda, El embajador de la India…
Pronto desperté de la pesadilla y me dí cuenta de que la luz era una especie de revelación de perogrullo, una confirmación de lo que ya sabemos todos: el cine colombiano no existe.
Lo que ví fue Golpe de Estadio, y la extraña impresión me fue provocada al revivir en la pantalla momentos estelares de “nuestro cine” que ya creía perdidos para siempre bajo las ruanas de Emeterio y Felipe, Los Tolimenses. Mi odio empezó a despertar.
Que media docena de paisanos, cada uno por su cuenta y riesgo, siguiendo caminos diferentes y con resultados más bien mediocres, se atrevan a hacer una película de cine no significa que haya algo digno de llamarse cine nacional. A lo sumo hay Quijotes del cine. Se trata de gente que, como los deportistas, los científicos o los artistas criollos, pueden triunfar en el mundo a pesar de su condición de colombianos.
Pero, queridos enemigos, me estoy apartando un poco del tema.
Ví la luz, decía, y supe que nos falta mucho todavía pa’l peso.
El guión para Golpe de Estadio, fue escrito por un gringo y un francés, y el francés hace en la película papel de gringo. Ahí comienza el despelote.
Que la plata de donde sale, que si la co-producción, que si hay que poner a Emma Suárez a que haga de guerrillera, que si a Lorena Fortenza a que haga de... ridícula, que cómo se verá mejor el logo de Servi…......trega al llevar el paquete, que si los otros patrocinadores no chistarán, que si saldrá bien el sonido directo (la mitad de la película no se entiende), que qué papel le vamos a dar esta vez a Humberto, y a Florina, y a Fausto, y a…, que si la mezcla de talentos (¿cuales?) será la apropiada, que si el circo, que si el tricolor patrio… Ya tenía el odio alerta por completo.
Qué hubiera pasado, me pregunto, si aquella vez no se gana el partido contra Argentina. A lo mejor no existiría esta película, o en vez de celebración bobalicona hubieramos tenido guerra a muerte, por la simple razón de que nuestros valores más profundos están pegados con babas, y Golpe… no es más que una proyección de eso.
No se puede negar que la película dice de entrada lo que pretende, pero para hacer reir se necesita muchísimo más del talento que se requiere para el drama. Ser payaso o bufón de ingenio es un asunto sumamente serio, y no basta un grupo de caras familiares o un Titanic de cartón para suplir lo que falta. A Golpe… se le va la mano en simpleza y obviedad, y eso es muy malo para la comedia.
Después de esto estaba listo, queridos enemigos, para invitarlos a la fiesta y compartir mi odio con ustedes. Nobleza obliga.
Odio a los que hacen cosas como Golpe… y tienen el descaro de lucirlas como si fueran maravillas.
Odio a los que se tragan el cuento y hasta lo repiten sin pensar en radio, prensa o televisión para ingresar en la dulce sociedad del mutuo elogio.
Odio la rastrera trampa de jugar con el 5-0, ese placebo nacional que nos hinchará (¿henchirá?) el corazoncito patriótico hasta que algún día pase algo más.
Pero amo, que no todo sea malo, la agreste sapiencia del sargento de policía que vomita la perla más lúcida de la película: “¿No ve que si acabamos con el enemigo se nos acaba el trabajo?”… o algo así.
Es que un buen enemigo, queridos enemigos, hace mucha falta; y sin él muchas cosas no tendrían sentido. Piensen no más en la ley y la trampa, el guaro y el guayabo, el país y sus dignatarios…y así hasta el infinito.
Con toda mi enemistad los invito a que, pese a todo, sigan buscando la luz… y vayan a cine, también al nacional. Si les hace falta valor patriótico recuerden, ya para terminar, el conjuro de nuestros presidentes en cada alocución televisada: “Que el Dios de Colombia (¿habrá un Dios de Rusia, Kosovo, Ruanda, Francia, China…? ) nos proteja”.



director

Cabrera

Sergio es hijo de Fausto. De Fausto Cabrera, español andariego y vocinglero que vino a parar finalmente en nuestra tierra para convertirse en un peculiar personaje cultural y uno de los últimos declamadores del siglo XIX que aún nos quedan.
Sergio, su hijo, bebió cultura y rebeldía desde su infancia mas tierna. Por las transhumancias de la familia (y algo de enrredos políticos), el joven Sergio dejó su cuna paisa y fue adoctrinado en los misterios comunistas en la mismísima República China. De ahí nace su militancia, teórica y durante un tiempo efectiva, en el ELN. Pero la guerrilla no es lo que solía ser, y Sergio re-dirigió pronto sus pasos y su vida.
Con sus estudios a cuestas (cine, filosofía) y sus contactos en un portafolio, Sergio comenzó a transitar el camino de la imagen en un país tan carente de ella como el nuestro.
Dirección de fotografía para otros, cortometrajes y cine publicitario son su escuela práctica, antes de acometer la realización de largometrajes, sueño último de todo realizador criollo, aparte del político, que según la (absurda) leyenda, nos hace a todos anhelar la presidencia de la República. Por lo pronto, Cabrera fue elegido senador en las pasadas elecciones.
Como director de cine, su filmografía contiene:
-Una Opera Prima: Técnicas de duelo. Viñeta costumbrista que retrata lo absurdo de nuestra violencia, y lo fácil que se desata.
-Un trozo de “realismo mágico”: La estrategia del caracol. Su obra más lograda, por mostrar esa manera esperpéntica en que discurre nuestra realidad, por reirse de nuestros vicios y virtudes, por capturar algo de esa indefinible y a veces inexistente “nacionalidad”.
-Un engaño: Águilas no cazan moscas. Entrampado por el éxito, Cabrera perpetró este refrito en el que, tomando trozos inéditos de Técnicas… junto a unas pocas escenas originales, quizo hacernos ver una película completamente nueva. Fiasco merecido.
-Un dudoso rapto poético: Ilona llega con la lluvia. De Alvaro Mutis dicen muchas cosas los críticos. Entre ellas, que no es fácil ni simple, ni leerlo ni adaptarlo. Ya tuvimos una Mansión de la Araucaima para defender el punto, pero al parecer había que tratar de nuevo. El resultado fue una película ambigua, brumosa y tan emocionante como uno de esos parajes de alta mar en plena noche que Maqroll conoce tan bien.
-Y un mal chiste: Golpe de estadio.


alquilado

Priest

Pueden oirse (otra vez) los gritos histéricos de aquellos auto-denominados guardianes de la moral y las buenas costumbres, protestando por el escándalo que representa un sacerdote homosexual (un cura marica, dirán los más simples) presidiendo el culto católico. De eso se trata. Después de la bulla vendrá la calma y podrá verse en perspectiva lo mucho que hay de humano y sensato en casos como ese, como el que trata Priest, película británica de 1994.
La ambientación es casi perfecta, así como el desarrollo del conflicto y las actuaciones de protagonistas y secundarios. El sacerdote Greg Pilkington (interpretado por Linus Roache), recién salido del seminario, llega con sus ánimos y su inexperiencia a una parroquia de la minoría católica en Liverpool. De pronto se ve rodeado por toda clase de problemas: con su feligresía, sus colegas y superiores, y con él mismo, por no saber cómo afrontar tantos dilemas que lo acosan, por dividir sus lealtades entre la fe religiosa que profesa y la realidad inmediata que lo golpea en la cara.
Priest, sin embargo, y a pesar de las apariencias, no es un filme “provocador” o “buscapleitos” que quiera hacer enemigos o pretenda siquiera escandalizar. Lo que hay es más bien una dosificada historia de reconciliación a través de la tolerancia y el acercamiento a los otros, a esos que a veces nos resultan tan extraños y lejanos aunque vivamos juntos o asistamos a los mismos ritos colectivos.
La directora Antonia Bird reconoció que el de la película es un tema tabú y que la esperada falta de colaboración de la Iglesia británica haya tal vez acentuado el tono de su discurso. De todas maneras, Priest nos ofrece un drama extraordinario y la oportunidad de asomarnos a esos terrenos que tanto evadimos con la certeza de que aprenderemos algo al final.


bloque de cortos

El futuro ya está aquí. A lo mejor ha llegado también el fin de los tiempos, y con él la extinción de la creatividad. En este juego de épocas y calendarios, el cine nos cuenta hoy las historias del mañana y, para completar el círculo, nos contará mañana las historias del ayer.

“Prequels”
Primera estrategia posible, la más digna de las tres que observamos. Al menos en este caso se construye algo nuevo sobre la sólida base del pasado. El ejemplo perfecto es Star Wars, metida ya en la iconografía contemporánea, hecha mito y paradigma de la ciencia ficción en la pantalla, y responsable de que su creador, George Lucas, esté en el Olimpo del cine. Él, supremamente listo, ha encontrado una manera ingeniosa de continuar una historia que luego de tres entregas y una re-edición parecía agotada: las “prequels”.
Simplemente, siguiendo la dirección opuesta de las secuelas, ha retrocedido el reloj de su historia para mostrarnos ahora lo que pasó antes, cuando Obi-Wan Kenobi era niño y Anakin no se había rendido al lado oscuro de la fuerza, transformándose en el terrible Darth Vader.

“Remakes”
Por otro lado está el caso más común, y el que más variantes presenta. Mira uno la cartelera y descubre, sin esfuerzo, títulos y títulos que se basan en viejas películas (algunas no tan viejas), sin vergüenza alguna: Born yesterday, Kiss of the Death, The gettaway, Godzilla… algunas no han cambiado el título siquiera. En cuanto a actores y directores, Sharon Stone protagonizó Diabolique, malcopiando la versión francesa original, y está por estrenar Gloria, calco exacto de la cinta que John Casavettes hiciera con su esposa Gena Rowlands en el papel principal. Meet Joe Black, para no ir mas lejos, es un remake de Death takes a Holiday, y Mel Gibson esta trabajando en una “nueva” Farenheit 451, el clásico de Truffaut.
¿Herejía o puesta al día?. ¿Trampa creativo-comercial o legítima recuperación de temas clásicos para conocimiento de los nuevos cinéfilos?.
¿En qué queda la nueva Lolita, dirigida por Adrian Lyne, si se la compara con la de Kubrick, de hace 37 años?. Algunas obras tienen su momento, su especial situación en el espacio-tiempo. Su agudeza para capturar ese instante y hacerlo permanente es lo que las convierte en clásicos. Traerlas a nuestros días puede causarle a la historia daños irreparables.
Podrán mostrarnos a Lolita una y otra vez, pero ninguna tendrá el aroma de la original, que representa un mundo particular y seguirá siendo única por siempre.
Halloween H2O, por su parte, y aligerando los ejemplos, es la nueva explotación de un monstruo que ya asusta poco. La leyenda de la primera vez, esa que John Carpenter hizo con las uñas y una novata Jamie Lee Curtis, radica justamente en eso: su precariedad. Clonada una y otra vez, recompuesta con argumentos forzados y una actriz ya consagrada (de pocos escrúpulos además), no resulta conmovedora; ni siquiera bajo el argumento de la celebración y el homenaje a sus veinte años de gritar y hacer gritar a medio mundo.
Todo esto –aclaro- no significa que una nueva versión no pueda ser tan digna como la original, o en cualquier caso aportarle un elemento nuevo a la historia.

Descaros
Para evitarse posibles molestias y fatigas, algunos toman el camino fácil. Universal decidió simplemente copiar uno de los clásicos más grandes del cine de suspenso: Psycho, de Alfred Hitchcock, que por cierto fue producido por el mismo estudio la primera vez, en 1960.
El que un director tan capaz como Gus Van Sant preste su nombre y desperdice su talento copiando angulaciones, diálogos y escenas enteras es, al menos en este caso, una afrenta más que un homenaje.
Se reclutan actores que llenen la sala, se busca una historia segura, se estimula el morbo garantizado de antemano y se queman unas pocas neuronas actualizando detalles menores de la historia. Así, tan tristemente, pueden resumirse muchas de las obras que Hollywood estrena con bombos y platillos cada temporada, haciéndonos creer que vemos el futuro cuando se trata en realidad de un volver al pasado.

Braulio Uribe

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Página actualizada el jueves, 6 abril 2000
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