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No son un color ni un dulce. Ni siquiera son hermanas. Son un pretexto que ni pintado para hablar de Cine y mujeres. Separadas por el tiempo y el espacio, van a coincidir en nuestra cartelera, distribuidores mediante, dos mujeres extraordinarias provenientes de mundos tan distantes como el caviar y la hamburgesa.
La reina y el plebeyo
Hace falta aire en la Gran Bretaña. Son los años 60 del siglo XIX. La Reina Victoria ha quedado viuda y la sombra de su luto cubre todo el Imperio, que por esos días era uno de los más poderosos sobre la Tierra.
Con su rigor y disciplina acostumbrados, los súbditos (qué horrible palabra) aceptan que las cosas son asi. ¡Si la testa coronada está triste, pues todo el mundo debe estarlo!.
El Reino engorda y prospera mientras se acuña el que luego sería un término famoso, ligado a la mojigateria y el puritanismo. Nacía lo Victoriano, la época Victoriana, ni más ni menos.
Entonces aparece en la corte un sirviente atrevido y grosero, cuidador de caballos, llamado para que ayude a la Reina a dar sus paseos medicinales y levante el ánimo. El tipo se lo toma muy a pecho y termina, tras ganarse la confianza de la esquiva majestad, espantando a los otros y delirando sobre posibles planes que atentan contra su vida.
En cualquier otro Reino, en cualquier otra época, la cosa hubiera sido mal vista. En la Inglaterra del siglo XIX la cosa era poco menos que un cataclismo nacional.
Esto es un drama inglés y el ambiente es protagonista. En medio de tantas normas y protocolos, florecen silvestres las intrigas y las represiones. El clima no ayuda para nada y entre el cielo gris y el traje oscuro se marchita cualquier espíritu rebelde.
Cada cual es libre de imaginar lo que hubo entre la Reina y el plebeyo John Brown, por eso es una película de época. Aquí no se dice, se insinúa.
Por supuesto, si lo que quiere es aventura, mejor mire a otro lado.
Mrs. Brown, de John Madden con Judi Dench y Billy Connolly.
La reina de la plebe
La soleada California podría ser una buena opción. Pero antes de que salte de gozo, aquí hay unas cosas que conviene saber.
La reina de este capítulo es una mujer por completo distinta a su serenísima Victoria. Jackie Brown es negra. Ha tenido que luchar cada cosa ganada. Es astuta, hermosa y decidida. Su mundo no es nada dulce ni sencillo. Un maletín lleno de dólares puede llevarla a la locura o salvarla para siempre.
El director de Jackie Brown es Quentin Tarantino. Gracias a sus éxitos, su temperamento y muy especialmente a sus recaudaciones, puede hacer ahora lo que le de la gana con sus películas. En J.B. lo ha hecho. Primero, pasó una temporada sabática estudiando temas y haciendo cosas sueltas (Televisión incluída). Luego decidió que una novela de Elmore Leonard llamada Rum Punch era su próximo largometraje y le cambió personajes y locaciones para rendir homenaje a sus recuerdos de los setentas.
Finalmente decidió que era hora de hacer filosofía de callejón como sólo él sabe y dejó que los personajes crecieran a partir de sus palabras. El resultado es una película distinta a lo que le hemos visto o, como él prefiere decirlo, se trata de otro aspecto de su talento, expuesto sólo parcialmente en el pasado.
Oyéndolo hablar, leyendo sus declaraciones, sabiendo de lo que es capaz, no queda más que creerle.
Jackie Brown, de Quentin Tarantino con Pam Grier, Robert De Niro, Samuel Jackson, Bridget Fonda, Michael Keaton y Robert Forster.
director
Tarantino
Soy uno de los directores más grandes de Hollywood en los noventas. Será terrible para algunos, pero no importa, es cierto y no me ha salido gratis.
Nací en Knoxville, Tennessee, en 1963. Mi madre, Connie Tarantino es medio cherokee y completamente independiente. Mi padre también amaba la libertad, pero lo descubrió después de mi nacimiento y salió corriendo. Algunos llaman a eso de otra manera.
En Los Angeles (South Bay Area) donde fuimos a buscar futuro, me la pasé dando vueltas y yendo a cine. Eso fue después de que mi madre me llevó a ver Carnal Knowledge, cuando tenía como siete años.
Suena típico, pero fue algo así como el flechazo del cupido Cine.
El sexo y la violencia vinieron después, mientras trabajaba en las tiendas de video y caminaba las calles.
Por si no lo han notado, y aprovecho el momento para decirlo, lo mio no es sexo y violencia. Lo mio es cultura pop, un mundo subterráneo que palpita rápido y enérgico, un mundo incisivo y divertido.
El sexo y la violencia estaban antes, donde han estado siempre, sólo tengo que mirar hacia el lugar adecuado para incorporarlos.
Ahora, de mis cualidades como escritor de cine y agudeza hablan los guiones de True Romance y Natural Born Killers. Mientras estudiaba actuación pensé que podía llenar los espacios del drama que no me sonaban, y asi empecé mi rodar por Hollywood.
Tuve muchas peleas para llegar a dirigir. Yo era nadie y en Hollywood eso es peor que el infierno. No quiero aburrirlos con detalles, pero por fortuna mi filmografia es corta.
Reservoir Dogs pude hacerla después de lo bien que recibieron True Romance. Causó escándalo y fue muy criticada, pero costó US $1.5 millones y dejó más de 20 de ganancia. Argumento poderoso.
Con Pulp Fiction, mi siguiente película, además del éxito económico, vino la sorpresa de Cannes. Ni yo me esperaba la Palma de Oro, y con ella se oficializó mi ascenso al Olimpo.
Soy un autor de cine. Puedo hacer cosas como Four Rooms sin debilitarme, o cosas como Jackie Brown sin traicionarme.
Mi nombre es una marca y para algunos, un evangelio. Me llaman Tarantino.
alquilado
no hubo alquilados este mes
bloque de cortos
Brujas
La culpa fue de Samantha. Después de que la vimos en Hechizada aprendimos, con algo de miedo y mucha alegría, que las brujas no eran necesariamente aquellas viejas horribles, de nariz verrugosa y ganchuda. La marmita de brebajes puede ser ahora la botella de perfume y la escoba, un automóvil nuevo de agencia. Mejor dicho, por si había dudas, las mujeres hermosas también podían ser brujas.
Ellas, por supuesto, lo niegan. Vaya dígale a su señora madre (con su permiso), a su señora novia, incluso a su señora-señora que lo es, para que vea lo que es bueno. La escapatoria puede ser aquello de hechicera encantadora, pero ese no es más que un sofisma. Llámese como se llame, bruja es bruja.
Ahora vamos al cine, donde las cosas han ido más bien parejitas.
En los primeros tiempos (del cine, se entiende) era la recreacion de mitos antiguos, leyendas, cuentos, tradiciones... Eran las brujas de aquelarre en luna llena y bebé tierno al desayuno. Eso asustaba, asusta todavía, pero los tiempos, y a lo mejor las propias brujas ofendidas, demandan cambios. Looks diferentes. Estrategias más amables hacia el público. Modernización. Reingeniería.
Los magos del cine (guionistas, productores, directores) lo supieron y lo llevaron a la pantalla con un traje listo para cada ocasión.
Witches, de Nicholas Roeg, por ejemplo, muestra nada menos que la versión moderna del Aquelarre: convención en hotel cinco estrellas. Las señoras brujas sólo se dejan ver el cuero cuando están a punto del ritual mayor, y es en ese momento cuando la bella Anjelica Huston rompe el encanto.
En Four Rooms, episodio primero, hay también un aquelarre, también en un hotel y también un crimen de por medio. Allison Anders, la directora , suele ser una mujer encantadora y preocupada por los asuntos femeninos. Eso la hace sospechosa. Lo otro es el reparto, encabezado por Maddona y la ambigua Lili Taylor. Concluyan ustedes.
Las brujas, más que nadie, saben que la unión hace la fuerza. Miren si no a las de Eastwick: Cher, Michelle Pfeiffer y Susan Sarandon, capaces de lidiar y someter al mismísimo diablo. Ante tres viejas como esas, hasta Jack Nicholson no pasa de ser más que eso... un pobre diablo.
Ahora que la vida comienza más temprano, porque no ibamos a tener brujas teenagers, o hasta dulces bebe-brujas. Por cierto, ¿cuántos años tendrá hoy Tabitha, la hija de Samantha? Más creciditas y aprendidas, las cuatro niñas de The Craft, una por cada elemento (griego) de la naturaleza, una por cada color de piel o raza (United Witches of Hollywood), juegan con fuego y aprenden que para darle dos vueltas a un tipo no hace falta un conjuro. Con un toque femenino basta.
Pero no hay que descuidar las tradiciones. Bueno, algunas. Lo mejor a veces es ponerle el toque Disney y unas brujas que causen más gracia que miedo. Kathy Najimy, Bette Midler y Sarah Jessica Parker (la que está allí arriba, en su escoba, tras la B), estaban perfectas en sus papeles de Hocus Pocus, comedia familiar donde vienen del pasado a llenar de alegría un típico Halloween gringo.
El Cine nunca terminará de agradecerle a la Televisión todo el alimento y la inspiración que le proporciona. La Familia Adams, por ejemplo, es un caso extremo de monstruosidad simpática, donde conviven tres generaciones de brujas (Wednesday, Morticia y la Grandma, cuya tierna figura preside esta página desde la foto gigante), con sus modos particulares de ejercer el oficio.
Tampoco se puede descuidar el futuro. En Mecanicas Celestes, peíicula hecha en Paris por la venezolana Fina Torres hay una bruja multimediática y posmoderna que tan pronto hace conjuros como happenings (instalaciones o intervenciones, según nuestros amigos artistas). Y la actriz (perdón por la debilidad) es la tres veces hermosa Arielle Dombasle. Algún día se las mostraré.
Finalmente, casi en la cima del glamour Made in Hollywood, Sandra Bullock y Nicole Kidman hacen una pareja de brujas hermanas de temperamentos opuestos. En Practical Magic se verán, (tomen nota, jóvenes aprendices), algunas claves de la brujería para el próximo milenio. Descubriremos otra vez el agua tibia, la más vieja y profunda verdad del gremio: una bruja es, antes que nada, una mujer. Por eso nos encantan.
braulio@elocio.com |
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