.
.
archivos
amarillo, azul y rojo cine
[vea tambien el director, los alquilados y bloque de cortos]
Regreso al listado de artículos archivo de cine video & dvd
El pequeño calendario prometía un año entero de cine colombiano para todos los gustos y ambiciones. Los festivales de cine son una de esas perfectas ocasiones en que todo resulta posible, y esa vez, marzo del 2000, en Cartagena, no iba a ser menos. Por eso el entusiasmo al ver la cartilla y su colección de películas colombianas que nos prometieron ese día, tras una presentación del Ministerio, resumidas como calendario para seguir las fechas del 2000. Patriotismo cinematográfico, ¡qué concepto interesante! Se renuevan las promesas de florecimiento para el cine nacional. Cada año pasa en Cartagena, pero los días que siguen nos despiertan, poco a poco, filme tras filme, del largo y dulce sueño. Cuatro meses después, es tiempo de mirar…

En el Festival de este año, Colombia era la protagonista no oficial, y por razones tambien no oficiales. Por una ¿feliz? coincidencia, eran siete las películas con bandera patria que se ofrecían al público esa vez. Coincidencia, digo, porque fue el azar del apoyo oficial y las financiaciones individuales quien hizo posible la inusual reunión. No había una estrategia calculada (y mucho menos financiada) detrás del asunto. Se encontraron en las puertas del teatro, y ya.


Diástole y Sístole
De Harold Trompetero, resultó ser un entretenido juego de situaciones amorosas aglomeradas una detrás de otra para conseguir, por pura acumulación, una especie de retrato de pareja con amigos. Las anécdotas son incisivas y perfectamente verosímiles, dentro de esa lógica simpática que cubre los procesos de enamoramiento y conquista. La idea general está bien, pero con todo y eso, Diástole… no alcanza el título oficial de largometraje, al menos no por las vías convencionales. O desmonta uno todos los criterios de juzgamiento, o la llama, por ejemplo, casos breves de la vida real, pequeña muestra para cine.

El intruso
De Guillermo Alvarez, fue una de las más unánimes experiencias del Festival entero. No hubo nadie (creo) que al final de su exhibición supiera qué había pasado. Tan anacrónica, extraña e incluso torpe se veía. La historia de un crimen pasional y su reconstrucción por parte del juez encargado son el cuerpo central de la cinta, pero todo parece suceder en un mundo de sueños, casi pesadillas, que nos embolata con reconstrucciones simbólicas del crimen y la relación de los involucrados. La película discurre por caminos polvorientos, en un limbo rural y muy colombiano que un analista desprevenido llamaría "minimalista", pero que los colombianos llamamos, sin pena, una lata.

Es mejor ser rico que pobre
De Ricardo Coral, es una de las mejor libradas en esta maratón espontánea de cine con bandera nacional. En la línea esperpéntica que han trazado cosas como La Gente de la Universal o La Estrategia del Caracol (buenas ambas, colombianas las dos), lo que aquí se ve es una historia con aire criollo hasta la médula, al menos cundiboyacense. Si uno tiene dudas o no quiere creer en esa niña rica que decide colarse en un estrato "inferior" después de una tragedia personal, está en su derecho; pero esta es una de esas cintas que terminan inventando su propio mundo, autojustificándose y creando un sentido independiente de la historia. Al final, pese a los imperdonables clichés de nuestro cine, resulta interesante ese amor de barrio; esos personajes mínimos se crecen vistos en la distancia. La falta de pretensiones hace que la película cumpla con su cometido: mostrar una Colombia auténticamente cinematográfica. Mientras escribo esto, creo notar la clave profunda de todo en la caricatura. En un país de monstruos, como el nuestro, el arte del retrato exige desafueros como los de esta cinta. Feítos pero reales, aunque le pese a los delicados.

Kalibre 35
De Raúl García, tiene indudablemente unos momentos excelentes, unas secuencias de vértigo verdadero y unos planos hermosos. Los créditos iniciales son un buen abrebocas que alcanza a subir el entusiasmo. Todo eso es cierto, pero el eterno vicio (no sólo nuestro, pasa en muchas partes) de decir con más lo que se puede con menos, lleva a Kalibre 35 por un despeñadero inatajable que termina como folletín detectivezco de cuarta. Eso, y la increíble justificación del crimen perpetrado en nombre de los más altos propósitos del arte. Un robo de banco con ínfulas de poesía. Eso es muy escaso, y más aun en nuestra sufrida tierra. Tiro descalibrado.

El séptimo cielo
De Juan Fisher, es la prueba de que no basta filmar en la capital del mundo para que una película aumente sus dimensiones, o que la emigración no es un tema que pueda tratarse a la ligera. Una pequeña historia criminal en una tierra extraña, asi puede definirse la película, pero resulta que en su desarrollo no pasa nada más que le agregue valor a la mera descripción. Básicamente, se trata de una mala administración de la pobreza (técnica, argumental, actoral) en una historia llena de posibilidades, uno de los grandes problemas del cine nacional. Además, cómo dijo alguna vez Mark Twain: para clima el cielo, para vida social el infierno. Escojan.

Soplo de vida
De Luis Ospina, me lleva a pensar que la violencia, en todas sus presentaciones, ha hecho de nosotros un colectivo muy peculiar. Los colombianos parecemos embotados por ese horrible tema, y los esfuerzos que hacemos para dominarlo producen unas criaturas confusas, oscuras, indecifrables. Ospina es un veterano de nuestro cine, llevaba muchos años sin poder hacer otro largometraje (Pura Sangre de ¡1982! fue el anterior) y decidió que la avalancha de Armero era el telón ideal para su intento de cine negro, con víctima de nombre Golondrina y detective con gabán. El resultado, desigual y polvoriento, nos deja en el punto de partida. Otro discurso en torno a la guerra, las tragedias naturales, la vida y la muerte. Se percibe un espíritu en el fondo, pero la histora exige mucha elaboración (del público y el autor) para sentirse completa. Una sola golondrina…

Finale
No. No. No soy un traidor a la patria fílmica, y sé también que no basta un artículo para resolver el asunto. Sólo creo que una casual reunión de cintas tricolores no constituyen una real muestra de la industria fílmica nacional. El arte del celuloide requiere ser ejercitado, aprender del viejo sistema de ensayo y error, y probar cada día que se mueve hacia el frente. En el cine, las cosas nunca se acaban de inventar, y Colombia, con sus políticas erráticas y su poca práctica, no lo ha sabido todavía.

director

no hay director este número

alquilados

no hubo alquilado este número

bloque de cortos

no hay bloque de cortos este número

Braulio Uribe

braulio@elocio.com

Secciones elocio
portada
cartas en el asunto
brújula
sonido... 1,2,3
karma sutra de paroli
mmmmmmm
afuera
medios y publicidad
tempo
al vino, vino
mondo
mea culpa
cine, video & dvd
charlas virtuales
lo raro, lo absurdo
allá sí, aquí no

archivos informacion | info@elocio.com contribuya | elocio ahora


Página actualizada el viernes, 14 julio 2000
elocio online© es un producto de Publicaciones Elocio Ltda.
Todos los artículos firmados son responsabilidad de sus autores.
Ningún artículo puede ser reproducido sin permiso previo.
elocio© es una marca registrada
Todos los derechos reservados © 1998–2005