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Había una vez, en un país muy lejano, un hombre fanático del cine que decidió un buen día hacerlo de otra manera. El siglo era joven todavía, al igual que ese invento de luces y sombras, y nuestro personaje -de espíritu figurativo sin duda- decidió filmar la vida tal y como era o, al menos, como él creía que era.
Así fue como Dziga Vertov inventó el Cine Ojo, el Cine Verdad, una cámara fija que registraba desde puntos cambiantes lo que pasaba frente a ella; sin trucos, sin maquillajes. El tipo estaba loco, por supuesto, pero era un loco genial. Su idea del cine era fríamente intelectual y perdidamente romántica. Terrible combinación .
Siguiendo sus pasos, a lo mejor sin saberlo muy bien, aparecen todavía falsos profetas reinventando las ideas que este pionero resolvió sin mucho escándalo en la Rusia de los años veinte. Es que no había Internet ni festivales, y la gente no era tan ambiciosa. Pero en fin, hay que verlos para ponerlos en su sitio...
Dogma
Palabra peligrosa sin duda. Suena a punto final, a discusión imposible, a milagro revelado. Los padres de este singular movimiento cinematográfico pretenden, como Vertov, eliminar todos esos artificios que estorban al cine que ellos llaman auténtico: iluminación, locaciones, vestuario, maquillaje... quieren recuperar un paraíso perdido que imaginan con la cámara al hombro, y lo más lejos posible de ese infierno californiano llamado Hollywood.
Para hacerlo, Thomas Vinterberg (Celebración), Lars Von Trier (Breaking the waves, Los idiotas), Kristian Levring y Soren Kragh Jacobsen firmaron un documento fundamentalista con pretenciones de castidad en el que descargan todas sus poluciones fílmicas. El problema es que no es posible creerles: nos toman del pelo y nos cobran por ello.
Básicamente (lean por favor su decálogo en el recuadro) estos jóvenes y bien alimentados daneses nos dicen que detestan reglas y convenciones, pero para probarlo se inventan unas tan patéticas y discutibles como las que dicen despreciar. Renuncian a ser artistas y quieren, humildes, esconderse del público, así que lo gritan en las atestadas ruedas de prensa de los festivales en que triunfan, naturalmente en contra de su voluntad.
Les aseguro que el problema no es su obra: los tipos son realmente buenos. Lo que choca es su intento de hacerse pasar por auténticos revolucionarios cuando a leguas se nota que sólo se divierten. Celebración, por ejemplo, la primera película dogmática que se exhibe en el país, es una obra notable. Es ágil, aguda, divertida, subversiva, consigue imágenes interesantes con la cámara suelta, pone a pensar con su terrible historia de amor filial... pero todo esto lo hubiera logrado sin la parafernalia calculada de Dogma, que suena a pose; peor aun: a pose calculada para no parecer calculada. Sin ese estorboso vestido y sin algunos momentos mareantes de cámara loca, Celebración sería realmente una excelente película.
Para rematar, leo unas declaraciones de Lars Von Trier explicando la crueldad de ciertos personajes en su película Los Idiotas:
La moraleja es que hoy día, pese a las normas establecidas, uno puede hacerse el idiota hasta la muerte y, pese a todo, ganarse el reino de los cielos.
...y me quedo pensando.
Post Scriptum: a punto de cerrar edición me entero del próximo proyecto Dogma: Dancer in the Dark, una especie de comedia musical grabada con cien cámaras de video (¡! ¿?) por Lars Von Trier y protagonizada por Bjork y Catherine Deneuve. Amanecerá y veremos.
tricky tricky halloween
Pero si los Dogma se tomaron el trabajo de elaborar una doctrina pretenciosa para envolver sus películas sin necesidad, hay otros que han cubierto su falta de ideas profundas con un arma más poderosa en estos días: el mercadeo.
Me refiero a Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, que prácticamente de la nada se inventaron una endeble historia de brujas para convertirse, gracias a la suerte, o al olfato comercial más bien, en los directores de la película más taquillera y exitosa del 99 en los EUA según su relación costo-beneficio; y no tengo que recordarles cómo se enloquecen los estudios ante argumentos tan contundentes como este.
De un tiempo para acá Hollywood ha redescubierto el dulce olor del miedo. No sólo recupera temas e historias que parecían perdidos para siempre sino que llena las salas, generalmente con adolescentes ávidos de sensaciones extremas y dispuestos a gritar ante la menor provocación. Títulos como Scream, Sé lo que Hicieron el Verano Pasado, Carrie o La Momia, todos con secuelas, y algunos reencauches de viejos clásicos, demuestran que la tendencia es algo más que casualidad.
La otra pieza del rompecabezas es Internet, ese sitio de reunión natural para los jóvenes del mundo entero donde los directores de Blair... (jóvenes también) llevaron su guión incompleto y comenzaron a formar su mini leyenda. Allí, mientras pedían dinero y juntaban piezas de evidencia falsa, se esparcía el cuento, cual virus, hasta que infectó a los productores de Artisan Entertainments, una empresa medio independiente y totalmente sagaz que calculó rápido el potencial del negocio. Rumor, terror, furor. El resto ya se sabe; con dos o tres ideas se esboza la historia definitiva, se inventan todas las piezas arqueológicas necesarias para completar la ilusión, los actores son puestos en el bosque sin mayores instrucciones, bla,bla,bla... el bullicio y la leyenda autoinflada eran tan insoportables que no había más remedio que ir a la sala de cine, después claro de que la cinta hubo triunfado en el festival de Sundance y recibiera los debidos retoques que hicieran más auténtica su falsa veracidad.
Un caótico, histérico y absurdo deambular por el bosque. Un abuso total de la cámara al hombro, ni siquiera justificado por el carácter dizque documental de la historia. Una ausencia de miedo verdadero con sólo dos o tres chispazos del universal y primario terror a la noche diluído entre carreras y balbuceos. Eso es el Proyecto de la Bruja de Blair: un excelente negocio, una mala película.
Hay que cuidarse cada día más de los descubridores de agua tibia. El Cine, mejor no olvidarlo, es una divinidad exigente e implacable. Una vez estás adentro no hay manera de salir impune, así se tengan los bolsillos llenos. Con la cámara al hombro se notan más los temblores.
director
Dogeme 95
Juro que me someteré a las reglas siguientes:
El rodaje debe realizarse en exteriores. Accesorios y decorados no pueden ser introducidos (si un accesorio en concreto es necesario para la historia, será preciso elegir uno de los exteriores en que se encuentre este accesorio).
El sonido no debe ser grabado por separado de las imágenes y viceversa (No se puede utilizar música, salvo si está ejecutada en la escena en que se rueda).
La cámara debe sostenerse en la mano. Cualquier movimiento&Mac178;o inmovilidad- conseguido con la mano, está autorizado.
La película tiene que ser en color. La iluminación especial no es aceptada (si hay luz, la escena debe ser cortada, o bien se puede montar sólo una luz sobre la cámara.
Los trucajes y los filtros están prohibidos.
La película no debe contener ninguna acción superficial (muertos, armas, etc...) en ningún caso.
Saltos temporales y geográficos están prohibidos (la película sucede aquí y ahora).
Las películas de género no son válidas.
El formato de la película debe ser 35 m.m.
El director no debe aparecer en los créditos. ¡Además juro que como director me abstendré de todo gusto personal! Ya no soy un artista. Juro que me abstendré de crear una obra, porque considero que el instante es mucho más importante que la totalidad. Mi fin supremo será hacer que la verdad salga de mi personaje y del cuadro de la acción. Juro hacer esto por todos los medios posibles y al precio del buen gusto y de todo tipo de consideraciones estéticas.
Así pronuncio mi Voto de Castidad. Copenhague, lunes 13 de marzo de 1995. En nombre de Dogme 95.
alquilado
Ser malo tiene sus ventajas. Hacer de malo, también. Hablo del cine, la TV, los libros, etc... aunque en la vida real las cosas son muy parecidas. Hacer de malo exige un cierto lucimiento desvergonzado que los buenos no se pueden permitir. Dicen por ahí que las niñas buenas van al cielo, y las malas (que de malas sólo tienen el nombre) a donde les da la gana. Esto, que es muy cierto, funciona también para el cine, donde los malos y las malas hacen de las suyas sin problemas; y eso, admitámoslo, es muy atractivo... por eso, en su próximo viaje a la video tienda permítase llevar algo de maldad a casa.
mars attacks
Cuando vea los platillos sobre el techo de su casa será demasiado tarde. Para entonces la ciudad estará en su poder y habrán reducido a cenizas a esos políticos que se hacen llamar líderes (algunos francamente se lo merecen).
Total, tendremos que tragarnos las risas burlonas con que siempre ignoramos esas ingenuas y apoca-lípticas películas sobre invasores verdes. Los libros tenían razón. Los locos eran otros. Los malos son ellos: los marcianos.
Dirigida por Tim Burton, Mars Attacks es, no tanto un muestrario de cultura popular como un indirecto homenaje al director Ed Wood (vean la película que lleva su nombre y que dirigió el mismo Burton) y una burla sutil a los valores del mundo libre, en contra de la xenofobia que corre, ella sí libre, por tantos rincones de este insignificante planeta.
Alquile Mars Attacks, si no se ríe, al menos verá una divertida colección de actores, y sabrá como acabar con las criaturas verdes cuando las tenga delante.
the funeral
Siempre se ha visto a las familias mafiosas como epítome del mal. En el cine, El Padrino de Coppola tiene casi toda la culpa, pero que sea o no del todo cierto, tiene más que ver con el carácter atormentado de sus integrantes y las tensiones que suelen soportar.
Aquí, un reparto de primera nos recuerda que un velorio es un poderoso acto social, y que el muerto, sólo por estarlo, pone en movimiento toda una serie de emociones encontradas. Christopher Walken, Isabella Rosellini, Anabella Sciorra, Chris Penn, Benicio del Toro y Vincent Gallo interpretan a esa familia (casi) perfecta y le dan al director el registro adecuado para esta pequeña pieza de violencia sicológica y maldad multiforme.
Abel Ferrara es un tipo raro que dirige desde el lado más oscuro de los oscuros temas que aborda (policías, vampiros, traficantes, alienígenas). Esta vez nos cuenta porque las ovejas negras son malas y son negras.
blood and wine
Sin hacer mucho esfuerzo, la sangre y el vino han escrito capítulos principales en muchas historias. En la de esta película parecen parte del paisaje, pero poco a poco van ocupando el lugar fundamental que merecen como columnas que sostienen un thriller tan poco probable como efectivo: Un comerciante de vinos de Miami (Jack Nicholson) planea un gran robo de joyas en complicidad con un viejo camarada suyo (Michael Caine), pero entre sus deslealtades familiares, su ambición y unos cuantos reveses de la suerte las cosas se ponen feas; es entonces cuando... bueno, en estos casos los finales no se cuentan.
En cuanto al resto del reparto (Judy Davis, Stephen Dorff y Jennifer López) todos hacen lo suyo respaldando a los dos monstruos que encabezan el cartel. Dirigida por Bob Rafelson esta cinta da testimonio de esa maldad que nos acecha a todos, todos los días, haciendo del vecino un monstruo capaz de clavarnos el puñal y salir, acto seguido, a pasear el perrito.
bloque de cortos
no hubo bloque este mes
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