|
|
|
A menos que uno haya pasado mucho tiempo frente al televisor, el más reciente trabajo de Peter Weir, The Truman Show, trae a la conciencia al menos dos referencias literarias, tan inquietantes como similares.
La primera es de Platón, y sirve para darnos un sutil aire de investigadores: Iguales que nosotros. Porque, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos, sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?.
Se trata, claro, del famoso mito de la caverna, interpretado una y mil veces desde su primera aparición, y traído aquí por obra y gracia de su preocupante relación con The Truman Show.
Nuestro hombre vive en su propia caverna, no importa que salga el sol y se pueda uno mover de aquí para allá con relativa soltura (siempre dentro de los límites de la ciudad). Truman habita un reflejo construído y calculado a partir del llamado mundo real, por oposición al mundo del espectáculo, o show business, definición más apropiada y rica en significados.
Aquí es donde entra a escena la segunda referencia: De esa forma verdad y falsedad se volvían indiscernibles y el espectáculo se legitimaba únicamente a través del espectáculo.
El artículo de donde viene la frase, publicado en la revista española Archipiélago, se refiere a la filtración que de todos los hechos hacen hoy los medios masivos de comunicación.
Al convertir nuestra vida un show permanente, al pretender que las puestas en escena sean modelos a imitar por la misma realidad, al editar las partes desagradables o incluso hacerlas parte del programa; al jugar a todo esto, estamos viviendo, tal vez sin saberlo o sin creerlo, nuestro propio Truman Show. Pero esa es otra historia, por ahora.
En la película, un hombre se da cuenta de que todo su mundo, hasta entonces tranquilo y luminoso, descansa sobre una enorme y monstruosa mentira.
Nosotros vemos como ellos ven como él va abriendo los ojos y se rebela contra su felicidad libreteada, su futuro perfecto y su camino sin obstáculos. Saberse engañado fue la afrenta final, y como pasa muchas veces, Truman escogió correr los riesgos de la verdad a la tranquilidad de ciertos engaños.
De nuevo la gran serpiente se muerde la cola y expone al mundo sus miserias. La sociedad del espectáculo, en su grado más alto de sofisticación, es capaz de hacer un show sobre sí misma, un meta espectáculo, como diría algún teórico simpático. O juega de nuevo a los dioses que controlan el mundo, como literalmente hace Ed Harris en su interpretación del omnipresente y omnipotente Christof, amo y señor del show.
Tal vez sea una broma, y por eso es Jim Carrey el protagonista. A lo mejor Peter Weir, el director, sabe que un bufón puede decir verdades que un humano cualquiera no podría sin correr demasiados riesgos. Ya lo había hecho alguna vez dándole un papel serio a Robin Williams en Dead Poets Society. Tal vez el guionista Andrew Niccol, que ya había explorado los dulces horrores del futuro en su película Gattaca quería darnos un pequeño susto, aún a sabiendas de que tenemos flaca memoria.
Apenas se acaba el programa cambiamos de canal. A veces ni esperamos que termine. Es que la adicción es mucha y el hambre de espectáculo es una de las más fuertes hoy en día.
director
Peter Weir
De joven quiso conocer algo de las tierras mas allá de su nativa Sidney, y a eso dedicó tiempo, dinero y energía abandonando incluso sus estudios universitarios.
Con todo lo visto en su cabeza, empezó a ganarse la vida en la televisión, haciendo también documentales y cortometrajes para el cine australiano.
Combinando influencias y oportunidades, Peter Weir se fue abriendo camino en su país culminando la que podríamos llamar su etapa inicial con The Last Wave, largometraje de 1977 que explora las profundas y siempre ignoradas tensiones sociales entre la cultura aborigen y la europea en Australia,
A partir de ese momento, aparece en escena el Peter Weir formado que produce, ya para un público internacional, obras como Gallipoli o The Year of Living Dangerously, que además impulsarían extraordinariamente la cerrera de un joven actor australiano-americano llamado Mel Gibson.
Por su parte Weir sigue equilibrando historias profundas con dosis adecuadas de acción y aventura, sobre todo cuando es parcialmente absorbido por el mercado de Hollywood.
El listado de sus obras en este período comienza con la extraordinaria Witness de 1984 seguida por una serie irregular de trabajos en donde se muestra lo difícil que es mantener el talento y la independencia si se quiere ser autor y además extranjero. Mosquito Coast, Dead Poets Society, Green Card, y Fearless son su resumen fílmico entre 1986 y 1993.
Ahora, a sus 54 años, Weir vuelve por sus fueros con un trabajo que, al menos, deja ver su intención y su mano firme, más de lo que se puede pedir a un auténtico director de cine.
alquilado
Gattaca
Saltando épocas intermedias, resulta que el futuro ha llegado y lo que antes se veía como dulce porvenir se ha convertido en la pesadilla del presente.
En Gattaca, el debut cinematográfico de Andrew Niccol, el futuro es cosa del pasado. No sólo por el aire retro que llena todas las atmósferas sino también, principalmente, por esa actitud tranquila, casi indolente y totalmente seductora que asumen los personajes. A diferencia de otras cintas donde todos se esfuerzan en dejarnos ver su futurismo, Gattaca se ocupa del conflicto humano que envuelve a los personajes (Ethan Hawke y Uma Thurman) envueltos en las prosaicas corrientes del amor y la mentira, una suplantación de identidad de graves consecuencias. El espacio exterior es una realidad completa, más allá de lo sonado, pero exige un precio muy alto a quienes lo enfrentan.
Todos sabemos que es posible la manipulación genética.
Las piezas están a punto de juntarse efectivamente y los miedos de la ciencia ficción son ya más parte de la primera que de la última. Gattaca los presenta sin aspavientos y eso la hace una óptima elección para llevar a casa.
bloque de cortos
La selva llama y Hollywood se apresura a responder, esta vez de nuevo en el corazón de Africa donde alguna vez los gorilas y la niebla recibieron a Sigourney Weaver. Ahora el director Jon Turteltaub (Phenomenon) viaja con una historia prometedora y un par de actores extraordinarios a las selvas de Uganda que finalmente fueron reemplazadas por algunos parajes de Jamaica...¡y todo con la idea de mostrar Ruanda! Cosas del cine y la política. El caso que trata la película al fin y al cabo es de un antropólogo (Anthony Hopkins) que convive con gorilas por dos años antes de ser encarcelado por matar a un cazador furtivo. Luego es traslasdado a los Estados Unidos a una institución siquiátrica donde conoce un doctor (Cuba Gooding, Jr), que va a tratarlo y resulta a su vez tocado por la extraña sabiduría del hombre que vino de la jungla...Y a propósito de tipos que regresan, dos grandes actores vuelven al plató de rodaje para trabajar por primera vez juntos y dar vida a los personajes del thriller político Arlington Road, acerca de un profesor universitario que tiene serias dudas sobre sus vecinos y, mas aún, sobre sus conexiones políticas. Los actores son Jeff Bridges y Tim Robbins, acompañados en el reparto por Joan Cusack y dirigidos por Mark Pellington...
Braulio Uribe
braulio@elocio.com |
|
|
|