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[vea tambien el director, los alquilados y bloque de cortos]
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No hay escuela para todos y algunas cosas no se aprenden en las aulas, así que el cine se ha encargado de enseñarnos (a su manera) todo lo necesario para sobrevivir en el loco mundo de nuestros días. En eso, como en todo, hay categorías.

Una de ellas nos deja ver y aprender cómo es que Van Damme o Stallone o Segal o Swarze-nneger aplican sus golpes más efectivos. Este es un capítulo que podríamos llamar de agresión personal. El riesgo es que muchos fanáticos se entusiasman en este punto (culpa compartida con la películas, claro) y aprenden cómo fabricar una bomba, colarse en una base militar, escaparse de una base militar o, lo peor, cómo aniquilar enemigos sin escrúpulos ni desperdicios. No es eso lo que buscamos hoy.

Otra categoría, de orientación científica, nos pone al tanto de los logros y conocimientos que hemos alcanzado tras una larga evolución, y los términos obligatorios que exige el nuevo diccionario para ser aceptado en el mundo moderno. La alternativa, si no se siguen sus reglas, es pasar ante todos por fósil antidiluviano, anterior a la Guerra de las Galaxias...
En este grupo vienen, por ejemplo, los alienígenas (que alguna vez fueron simples marcianos), las naves y cruceros espaciales (antes platillos voladores), los Fhasers [diga feisers]... (antes pistolas de rayos), la ropa casual (antes de plástico brillante) y procedimientos científicos como la clonación y la criogenización, ocupando ese lugar en donde antes hubo Frankensteins y explosiones radioactivas. De este grupo tampoco nos ocupamos ahora.

Lo crean o no, estas y otras categorías que dejo de lado, son las fáciles. La verdadera dificultad está en el enmarañado mundo de las relaciones personales. Ahí es donde el cine, como escuela del corazón, la tiene difícil.

El cine tiene un poder inmenso, y lo usa cada día para enseñarnos cómo vivir. Si usted es paranoica(o), preocúpese. Si es despistada(o), relájese. Cualquiera que sea su caso, no hay mucho qué hacer. Los modelos del cine nos marcan fuertemente, y debido a su influencia la familia seguirá yendo junta a ver las películas familiares, los novios seguirán yendo abrazados a ver las Love Stories de la temporada, los papis seguirán yendo con sus niños a las matinales sabatinas, y así... en cada caso, sabrán lo que hay qué hacer gracias al cine. Para la muestra, tres botones.

Eso del cartero y la larga espera mientras llegaba está a punto de pasar definitivamente a la historia. Para reemplazarlo la gente se envía en estos días correos electrónicos: más rápidos, más espontáneos, más baratos, más estimulantes...
Por supuesto, hay que tener el hardware adecuado, y a pesar de lo masivo de Internet, mucha gente seguirá usando todavía el romántico y noble papel.
En You got mail, una melcochuda comedia típicamente estadounidense, se toca el tema haciendo un remake de una cinta de los 40. La vieja historia funciona, sólo cambia el soporte físico de las cartas.
Los protagonistas (Tom Hanks y Meg Ryan) nos enseñan cómo los correos electrónicos están llenos de posibilidades si uno se las ingenia. El misterio de los bits, la ensoñación al no conocer físicamente al otro, la posibilidad de conexión en todo momento, constituyen todo un protocolo de usos y manejos del nuevo sistema. La película es un curso sobre el romance en línea: cómo sostener relaciones virtuales sin propasarse (o cómo propasarse adecuadamente), cómo adornarse de cualidades sin mentir, cómo pillar a los mentirosos, cómo hacer el amor vía modem; en fin, el arte de la seducción con unos... y ceros. Está bien, el asunto tiene sus ventajas, pero lo mejor hubiera sido una historia más inocente. La película comienza como una vulgar operación comercial entre la librería grande que quiere absorber a la chiquita... Debe ser que el amor y los negocios hacen una mezcla imposible de rechazar.
Este caso es más delicado. Juliette Lewis hace en esta película uno de esos papeles que consagran o estigmatizan largamente a los actores. Representar a alguien con discapacidades físicas o mentales siempre sirve para que lo recuerden a uno como intérprete, pero también es una maniobra delicada en la que cualquier gesto de más resulta dañino. La Lewis y su compañero de reparto, Giovanni Ribisi, son una pareja de jóvenes con leve retardo mental que quieren hacer su vida juntos y se encuentran con los prejuicios y rechazos de familiares y conocidos. El amor se impone, como es de esperarse en estos casos, y se logra el propósito de comprender estas situaciones, pero nos pudieron ahorrar algunas escenas y pasajes enteros dignos de la más rosa de las telenovelas.

Y el premio mayor de la página, una de las escuelas más divertidas y, para mí, discutibles de la temporada, es para el actor Adam Sandler con su Big Daddy, traducida como Papá Genial en nuestra cartelera.
Motivos para darle el premio hay muchos, pero es mejor resumir. Según la película, ser papá no es tan duro como muchos creen: sólo basta un poquito de simpatía y un buen repertorio de bromas adolescentes. Así, el hijo se convierte en amigo de francachelas, no importa si es adoptado por accidente y si la novia no se conmueve por el truco y se va. Ya vendrá la correcta un día de estos.
En este, como en los casos anteriores, hay un afán de simplificar las cosas de la vida convirtiéndolas en fábula rosa o tira cómica, y eso no es bueno en todas las ocasiones. De todos modos, lo que aquí se ha escrito se refiere a una porción muy pequeña (y taquillera) del cine actual y deja para otro día algunos temas que requieren tratamiento especial. Para el matrimonio por ejemplo (principalmente su ceremonia inaugural), es necesario abrir un capítulo entero. Se los quedo debiendo. Mientras me llega (si llega) el día señalado, observaré a mis amigos con mal disimulada envidia y aprenderé de sus penurias... digo, domésticas experiencias.


director

no hay director este mes


alquilado

Con eso de las denominaciones es difícil llegar a un acuerdo. ¿Dónde comienza y termina, por ejemplo, el llamado cine independiente? Como nadie tiene la
respuesta definitiva es mejor dejarlo así.

En lo que a mi concierne, The opposite of sex, de Don Ross, independiente o no, tiene todos los méritos para ser tomada muy en cuenta. Llegó directamente a las tiendas de video, su reparto es de lujo (Cristina Ricci, Martin Donovan, Lyle Lovett, Lisa Kudrow, todas estrellas del Off Hollywood), y la suya es una historia amorosa, agridulce, inteligente y descarnada.
No les voy a contar la trama (algunos se podrían escandalizar) pero sí le digo que el protagónico de Cristina Ricci es uno de los más completos que he visto este año. La niñita que debutara en Sirenas e hiciera luego La Familia Adams (entre otras), se ha convertido en una mujer de belleza sui generis y papeles conflictivos, manteniendo su carrera en el límite que separa el estrellato de la marginalidad. Su registro y su temperamento son perfectos para películas como esta.
Como su personaje en The Opposite of Sex, uno puede despotricar de las cosas pero concluir que es posible la redención para su cinismo, que puede estar equivocado. Como ella, uno puede saber que la vida no es siempre fácil, pero que si uno se mueve, las cosas también. Ya no fuí la misma después de ese verano, dice ella al final, rematando todo un viaje de acción y emoción a escala humana.


bloque de cortos

De tal palo tal astilla, dicen; y parece que Jake Scott (hijo de Ridley, sobrino de Tony) hace honor al refrán debutando en la dirección de largos con una historia que ha sido muy bien recibida en Europa, donde se estrenó el verano pasado. Los ladrones galantes y filántropos siempre han sido personajes simpáticos en el cine, y de eso se aprovecha Plunkett & MacLeane (Protagonizada por Johnny Lee Miller y Robert Carlyle), crónica jocosa sobre las andanzas de dos forajidos-uno culto y distinguido, el otro un atarbán-. Por supuesto, hay una hermosa dama (Liv Tyler) en la historia junto a una dosis adecuada de picarezca inglesa. Nombres jóvenes en una película que muy seguramente nunca veremos...

La Hora Llegada

Éste mes se entregan los Premios de la Música MTV para Europa. No pasa nada. Lo curioso es que para promocionar el evento hay un concurso en el que uno se puede ganar un auto BMW igual al que usa James Bond en su nueva película (que se promociona también, por ahí derecho). Tampoco pasa nada. Lo que se me hizo realmente simpático es la pregunta del concurso: ¿Quién será el anfitrión del evento?. Opciones: Gloria Trevi, Ronan Keating de Boyzone, Ernesto Che Guevara (¡!). No piense y responda. Después de semejante combinación, de ver al super agente secreto de su majestad británica y al revolucionario suramericano juntos gracias a MTV, estoy listo para lo que sea.

Bueno, casi. Hay otro caso de alianza estratégica que se me hizo muy particular; ya había oído de él, pero fue sólo cuando tuve frente a mí a sus protagonistas, a la vista de todos en el supermercado, mostrando impunemente su felicidad por estar juntos, que comprendí los alcances de la historia.
Resulta que el afamado diseñador español Paco Rabanne sintió de pronto el llamado de la mística oriental y, lleno de ilusiones, viajó (al Oriente claro) en busca de Sabiduría. En algún lugar de su peregrinación conoció al monje Bokar Kimpoché, con quién habló largo y tendido. De esa charla salió el libro La Iluminación del Budismo, que al parecer se está vendiendo satisfactoriamente. Que conste: respeto, admiro y comparto el Budismo. Pero no le creo al señor Rabanne como guía. Prefiero consultar directamente a otros, así sean menos conocidos hoy en día, como un tal Sidharta Gautama, por ejemplo...

El corto aquel, antes de la película en las salas de Cine Colombia, se sigue pasando... (¿¿¿!!!) Si, sí puede ser.

Braulio Uribe

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Página actualizada el jueves, 6 abril 2000
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