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Algunas cosas son eternas, aunque no duren para siempre. El amor, con todos sus enredos, es una de ellas, y ahora que los adolescentes son objetivo natural del cine de vacaciones, del simple entretenimiento, era lógico que tuvieran tambien sus Relaciones Peligrosas a la medida, confeccionadas según sus patrones y expectativas.
Para los que no estan al tanto de la historia, hay un par de personajes, en este caso dos niños perversos y hermanastros (Sarah Michelle Gellar y Ryan Phillipe) que llevan su hedonismo al límite de la perversión y se la pasan, o agrediéndose mutuamente, o seduciendo a la que (o al que) se les ponga delante.
Esta es una visión simplificada del asunto, pero pinta el cuadro general de la historia. Lo priimero es situar a nuestros héroes afuera del sistema moral tradicional, así tiene sentido la tranquilidad con que pueden ocuparse de sus asuntos sin perder el sueño. Hace falta tener la vida resuelta para dedicarse a la aventura con tanta convicción e irresponsabilidad como lo hacen este par de muchachos. En un caso similar de la vida real es muy posible que las cosas siguieran así por mucho tiempo, pero estamos en el cine, y necesitamos drama, acción, crimen y castigo. En Cruel Intentions las cosas sufren un giro dramático por cuenta de un pequeño, insignificante asunto que se atraviesa tercamente en sus planes: el amor. El amor de verdad, intempestivo y con fuerza suficiente para cambiar el balance de las cosas. Por su culpa, la víctima seducida (Reese Witherspoon) sale triunfante, y la inocente (Selma Blair) se convierte en el instrumento de la venganza final.
Porque los protagonistas son jóvenes colegiales el tono de fábula es más evidente y los presuntos excesos (que a nadie asustan hoy en día) sirven para reforzar la moraleja. Al fin y al cabo, esa ha sido la constante en todas las versiones hasta ahora conocidas de Les Liaisons Dangereuses, la célebre novela que dió origen a la historia.
En 1960, el francés Roger Vadim la llevó a la pantalla ambientada en nuestra época y encarnada por un matrimonio tan liberado como perverso. Por supuesto fue todo un escándalo y prohibida mucho tiempo en su propia tierra.
Luego, en los ochentas, y con un año de diferencia, dos extraordinarios realizadores coincidieron en su realización: Stephen Frears con sus Dangerous Liasons en 1988 y Milos Forman con su Valmont, de 1989, ambas con sus méritos y manera particular de aproximarse a tan difícil asunto. Para volver a nuestra versión modelo 99, situada en el Upper East Side de Manhattan y filmada al módico costo de 11 millones de dólares, resulta evidente que lejos de llevar la trama original a un lugar avanzado, se trata simplemente de una aventura colegial, clasificada R, pero lo suficientemente dulce y divertida para que nadie la recuerde como algo extraordinario. Si todos, hasta el director, son muchachos divertidos y despreocupados, quien los va a culpar? Esta vez los héroes sólo quieren divertirse, son bellos, jóvenes, millonarios y deliciosamente irresponsables. Algunas cosas son eternas, aunque no duren para siempre
Cruel Intentions (EUA, 1999) de Roger Kumble con Reese Witherspoon, Sarah Michelle Gellar, Ryan Phillipe, Selma Blair
director
Kumble
En la foto podemos apreciar al flamante director de Cruel Intentions retozando en el piso de su casa junto a su colección de DVDs, su mega televisor y su satisfacción ante el deber cumpldo.
Roger Kumble (neoyorquino, 32 años) jamás ha pisado una escuela de cine y cree que no hay nada como ver las películas en casa, no sólo para disfrutarlas sino para aprender.
Sus discutibles creditos en el mundo del cine incluyen colaboraciones en el guión de Power Rangers, Dumb & Dumber y Kingspin. No son ciertamente las credenciales más impresionantes, pero explican -no justifican- su tono cómico y su manera desenfadada de conectarse con el ambiente de Holywood.
A partir de su pasión de cinéfilo (incluso vive en una casa que alguna vez habitara la actriz Mary Astor) a Kumble se le ocurrieron unos cuantos tratamientos dramáticos para teatro y las colaboraciones ya mencionadas antes de atreverse con Las relaciones peligrosas, la célebre novela epístolar del siglo XVIII.
Realmente, lo más cierto que puede decirse de Kumble es que suena sincero: no pretende ser un nuevo Orson Welles o partir la historia del cine en dos. Simplemente quiere divertirse
alquilado
Out of sight. Después de Sexo Mentiras & Video, el director Steven Sodebergh ha mantenido eso que los tecnócratas contemporáneos laman bajo perfil, o, para ponerlo en términos más simples, estuvo escondido un tiempo, con la única interrupción de una que otra película menor.
Después de eso, y basado en una novela de Elmore Leonard, este realizador hace un viaje al mundo del crimen a través de una
circunstancia tan antigua y trillada como la de los polos opuestos que se atraen, que sirven para algo más que probar leyes naturales.
Él (llamémoslo el polo criminal), es un ladrón que va camino a la cárcel después de ser atrapado con la manos en la masa. Ella (el polo de la ley), es una de las oficiales que participa en su traslado.
Luego del encontronazo inicial la electricidad (mas un intento de fuga) hace saltar chispas, y nuestros dos personajes, interpretados por George Clooney y Jennifer López, empiezan a moverse a lo largo de la trama con una ambigüedad tan convincente que saca a la película del esquema clásico ladrón-amor-policia. A diferencia de otras historias sobre temas similares, aquí hay varios niveles para explorar, la gama de sombras es muy extensa y, como en la vida real, uno alcanza a ver tanta maldad en los buenos como bondad en los malos.
Como tiene más de Thriller que de acción espectacular, Out of Sight es además una de esas películas que se dejan ver bien en la casa, un buen Alquilado para resolver una noche que amenace tranquilidad....
bloque de cortos
American History X. Las lecciones que da el cine, lastimosamente, son breves y livianas y casi siempre hace falta un empujón de la vida para recordarlas. Si fueramos civilizados, si hubieramos aprendido algo, no nos odiaríamos por razones tan absurdas como el color de piel o cosas por el estilo.
Eso es lo que pasa en American History X, un drama áspero, poderoso, y mortal acerca de un muchacho que recorre los caminos del odio racial y la cárcel antes de llegar, trágicamente, a su punto de no retorno.
La mezcla típica de probreza, horfandad y prejuicios produce un mundo duro en el que las reglas normales no aplican y uno crece con odios heredados, odios que rara vez pueden superarse pero sí dejan un camino lleno de cadáveres.
La actuación del protagonista, Edward Norton (Primal fear, The people vs Larry Flynt, Everyone says I love you) es, tal y como todos los críticos coinciden en afirmar, impresionante. La convicción y el auténtico dramatismo con que nos transmite su proceso de redención son lo mejor de la película, y nos hace olvidar el tono por momentos dogmático y predecible que adopta.
Entre imágenes impactantes (sin dramatismos exagerados pero sin conseciones), himnos extremistas, calles sórdidas y personajes perdidos en busca de su destino, American History X da otra vuelta de tuerca al confuso panorama del racismo en la americana tierra de la libertad.
Finalmente, y para sumar puntos a su prometedora carrera en el cine, Edward Norton se encuentra terminando su primera película como director: Keeping the Faith, que protagoniza junto a Jenna Elfman y Ben Stiller
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b-clips
Ir a cine, en Medellín, implica algunas agresiones al incauto espectador que no se las espera uno ni en el más inculto y bárbaro de los pueblos. Irrespetos tan burdos y frecuentes que alimentan sin esfuerzo una columna de quejas, como esta. No generalizo, pero al que le caiga el guante, que se lo chante.
La primera sí tiene nombre propio: ¿Cuándo nos dejarán de torturar en las salas de Cine Colombia con el corto ese que nos aplican antes de la película?
Las copias del susodicho corto están penosamente mutiladas, y aún así lo pasan una y otra y otra vez. Desde que protestamos en Elocio (¡Número 4, noviembre del 98!) no ha pasado nada. Dr. Iván Augusto Mejía, ¿usted que opina?
Una película no termina hasta que el último crédito ha pasado por la pantalla. Por qué entonces en muchas salas de la ciudad se viola constantemente nuestro legítimo derecho a ver TODA la cinta...
Esto incluye no poner estorbosos vidrios que indiquen la salida sobre los créditos finales, o encender las luces durante los mismos.
Y hablando de luces, parece que los empleados en muchas salas de cine tienen atrofiado el sentido de la oportunidad lumínica: No saben escoger el momento correcto para apagar las luces de la sala al comienzo de la función o cuando deben cerrar la puertas para evitar los molestos reflejos del exterior...
Y para que no vaya toda el agua sucia al mismo lado, hay que ver la cochinada de piso que dejan algunas hordas de espectadores crispeteros después de disfrutar su película.
Finalmente están esas películas largamente prometidas cuyos cortos y afiches vemos durante semanas, e incluso meses, hasta que finalmente descubrimos con tristeza que no van a ser exhibidas en la ciudad (vaya uno a saber por que), y que tanta expectativa fue para nada...
braulio@elocio.com |
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