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oriente ...la ruta del colesterol...

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Como siempre, como todos los fines de semana, emprendimos con devoción la obligada Vuelta a Oriente. No obstante, en esta ocasión, por vez primera, la idea no era llenar nuestras ya abultadas panzas con todas las chucherías que nuestros intestinos, sin poder protestar, silenciosamente aceptaban. Por vez primera estábamos allí con la firme intención de sumergirnos en los pensamientos, las más secretas intenciones y deseos de una vía abusada e incomprendida… una vía que por años ha sido pretexto de todos los medellinenses para ir a ningún lado mientras tienen la ilusión de que realmente están paseando. Vamos al lugar de los hechos.

¿Cansada?
Claaaaroooo. ¿Por qué no cogen para San Pedro, Girardota, Santa Rosa de Osos…? Por allá también venden arepas, chorizos, fríjoles, rellena y todas esas cosas que sólo ustedes son capaces de comer todos los días. ¡Por Dios! Cambien el menú, intenten comer otras vainas. Lo que comen habitualmente vienen a repetirlo por aquí y se sienten haciendo turismo gastronómico. Insólito además que se quiebre el único restaurante Oriental [Benihanas] en la Vuelta a Oriente, mientras cualquier chuzo sin licencia para vender licor llegue a crear congestiones vehiculares interminables. Y no soy pinchada ni snob. Por aquí pasan cosas increíbles. Imagínense que a uno de ustedes, que vive a un lado de mí, le querían cobrar 90 mil pesos por una botella de tequila en un lugar frío, con mesas en un pedrero y mucha brisa. La Vuelta alrededor de mí tiene enloquecida a mucha gente.

Estás cambiando, ya no sos tan sana e inocente como antes. Estás creciendo…
Sí, y no me gusta. No me gusta lo que me está empezando a pasar. No me gustan esos grandes y lujosos carros que no respetan filas, que desafían a los demás. No me gustan los menores de edad volados con el carro del papá que terminan estrellados contra mis vallas de protección o recostados en mis cunetas. No me gustan los borrachos irresponsables, los que manejan a cien cuando mi piso está mojado, los que se pasan en curva y de paso insultan. No me gustan los buses escolares repletos de niños bien educados que arrojan basura sobre mí. Me fastidia haberme vuelto un motel de cincuenta kilómetros, un botadero de muertos, un atracadero de turistas. No me gustan las 89 vallas instaladas desde el Poblado Country Club hasta el Alto de las Palmas… me afean, me hacen sentir estúpida. ¿Han visto la valla que dice Nos gusta lo que usted hace? Si los de la Agencia supieran la cantidad de asesinos y ladrones que leen tal genialidad, nunca se les hubiera ocurrido escribir tal despropósito.

Me estás dando una entrevista amarga, llena de lamentos, trascendental… una entrevista que a mucha gente le puede resultar aburrida…
Como dicen ustedes, vamos por partes: tengo razones suficientes para quejarme, para pedir a gritos que dejen abajo, en Medellín, todos los vicios, defectos, problemas sociales y manías. Quiero ser un territorio libre, despejado de tanta maldad. Quiero que me gocen bien, que me respeten, que no me hagan daño… Quiero estar libre de retenes, pescas milagrosas, boleteos, extorsiones…

Esto es Colombia, esto es Antioquia… a veces pareces un paisaje suizo, pero no sueñes tanto…
No pido tanto. Estos pinos, este verde, este aire aun puro, no pueden inspirar más que cosas buenas. Me toca hablar como paisa de pura cepa (o puro asfalto)… Si son capaces en Antioquia de llenarme de túneles, variantes y otros costosos proyectos, no creo imposible que dejen de llenar de balazos todos los avisos de curva peligrosa y llenar de vómito de señora mareada cada cuneta.

No sé, ¿quieres que mejor volvamos luego? Parece que es ese día para tí… no sabíamos que eras suceptible también al famoso síndrome pre-menstrual.
¡Aaayyy! Ahí están pintados ustedes… Los hombres paisas si no… Una mujer no puede renegar ni quejarse porque de inmediato le dicen que está enferma. Maduren y empiecen a preguntar algo interesante. Tal vez sea lo único interesante que pase por aquí desde que mataron al pobre Carlos Mauro… Hasta los atracos diarios de los pasajeros del vuelo de Miami se han vuelto aburridos ya. Váyanse para la setenta a jugar en Brincos y no me interrumpan. Aunque me duele, no quiero perderme cómo le van a quitar la bicicleta a un amigo de ustedes

charlas virtuales, por supuesto, es un ejercicio literario de ficción

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Página actualizada el jueves, 6 abril 2000
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