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¿Querés que te dejen tranquilo?
Mejor. No quiero estatuas; guarden las llaves... No le aumenten la sintonía a Radionet, a los noticieros de Amat. Muy querido él, pero no quiero homenajes que se aprovechen de mi imagen, de lo que yo representaba... si es que yo representaba algo. Nunca me tomé demasiado en serio. Ese trabajo siempre se lo dejé a los otros. No quiero ser pretexto para que, en mi nombre, llenen espacio en los noticieros, digan, quieran o piensen lo que yo hubiera dicho, querido o pensado. Terminada la noticia, agotados todos los ángulos de la información, lo que viene es mera especulación, vil aprovechamiento de la sensibilidad sensibilera de un pueblo sediento de héroes, sediento de llorar por una nueva causa que, en el fondo, es la misma. Yo no quería jugar al mártir, pero me tocó. Héroe, ¿para qué? Por aquí todo está patas arriba, las verdades contienen sus mentiras, las paradojas son la constante. Reir para no llorar. Ser payaso es amargo. Incluso, la expresión, se usa como insulto. Aquí ya no necesitamos reir más. No hay motivos... y los que nos los inventamos... Este país es una mierda. No importa, no vale cualquier cosa que hagas por él. A nadie le importa. Los secuestrados son los otros, los muertos son los otros. Cuando empezamos a ver que todos los males de los otros nos empiezan a cercar, sólo en ese momento comienza la reacción. Me morí, me mataron por ninguna causa, sin ningún objeto. Otro absurdo. Esa es la dinámica maldita de Colombia. Las cosas pasan porque sí. No hacemos la lectura correcta de los acontecimientos. Nada tiene sentido. Aquí la lógica se fue a la mierda. Mi muerte, desde luego, no va a servir para nada. Las cosas van a seguir igual. Yo sólo soy un pretexto, el siguiente asesinado... el magnicidio de fin de siglo. Ya tienen los medios, para cada año, los quince minutos sentidos, el informe especial, las imágenes inéditas, la edición de aniversario, unas cuantas páginas en la revistas de la 93, marica (ya las deben tener escritas). Se les apareció la Virgen, otra vez. En muy poco tiempo, seguro, voy a empezar a hacer milagros, me van a ver en paredes podridas por la humedad, en pescados costeños con números ganadores de chance, en empanadas, en nubes, en huecos de La Candelaria. No bauticen a nadie Jaime Garzón Chitivá. Ya no tarda la moda de los muecos; el yuppie que replantea la dirección de su destino, se vuelve embolador y le encuentra el verdadero sentido a la vida. Dentro de poco, va a resultar que no estoy muerto, que me han visto por ahí, tratando de conectar con la nueva diva de la TV (lo que no es mentira.. me gustaría bajar y concluir algunos asuntillos que dejé pendientes), que todo fue un montaje. Pero, si me ven, ojalá sea en compañía de Elvis. Por aquí dicen que da unas rumbas del putas. Sí, mejor déjenme tranquilo.
charlas virtuales, por supuesto, es un ejercicio literario de ficción
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