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Temblores
Usted no me conoce. Yo soy estudiante de Ingeniería de Producción de EAFIT. En estos días leí su artículo y quisiera darle mi opinión. La primera vez que lo leí me indignó mucho la forma cómo habla de Colombia, el insinuar que hay más gente mala que buena, porque aunque no soy periodista admiro mucho esta labor y me parecía que un artículo con ese contenido no le traería nada bueno a nadie y en ese momento fue en el que decidí escribirle. Pero antes de hacerlo lo volví a leer, y realmente tengo que corregir mi opinión pues hasta hace poco pensaba que la prensa estaba dejando de ser crítica, que lo más importante es tener la primicia, que en muchas ocasiones es exagerada y amarillista. Por esto creo que su artículo fue muy impactante ya que habla abiertamente de lo que nadie se atreve a hablar y después de analizar bien su escrito tengo que decirle que artículos así son los que aportan pues, aunque es duro aceptarlo, esa es la única manera de coger conciencia. Además de esto quería sugerirle que en alguna parte de su periódico invitara a la gente a seguir colaborando con la tragedia, pues después del impacto de la noticia, la gente deja de colaborar, y todavía los damnificados no han conseguido ni comida, ni techo, ni medicinas que los auxilie mientras rehacen su vida laboral. Gracias por su atención.
Marcela Velandia Galeano
La Venganza de Freddie
Hola Señor Patiño: Siempre he sostenido que la irreverencia es el "DON" que acompaña a muy pocos privilegiados (pocos sabios y muchos genios), pero también algunos atrevidos, que con un claro afán protagónico, quieren hacer noticia o mostrarse como eruditos en campos tan complejos como los del Arte.
Sorprendido e indigando por su cantinflesca aparición como el "espíritu" de Fredy Mercury en el artículo del "periódico" Elocio, quiero expresarle mi total descontento. Tal pareciera que con una galimatica prosa, quiere usted desvirtuar el trabajo de cuatro ingeniosos músicos británicos, que mostraron al mundo del rock que podían interpretar casi cualquier cosa que sus locas y geniales mentes produjeran. No es sólo la crítica inquisitiva acerca de la calidad del trabajo de la banda lo que me indigna, es también, el estilo poco elegante y la forma peyorativa en la que se refiere a algunas de sus grabaciones, que sin ser obras maestras son consideradas como valiosas piezas musicales por verdaderos conocedores del tema musical como Alberto Correa y Louis Carl.
Quisiera además, que procurara hacer algo más de investigación cuando toque temas que aunque parezcan frívolos e inocuos, no pasan desapercibidos, ante quienes no sólo gustamos de la música por el simple placer de escucharla, sino que también, nos interesamos por su origen, historia y composición.
No dejo de reconocerle también, que acertó en la escogencia del mejor álbum de la banda, aunque opacó la relevancia del mismo inscribiéndolo entre, según usted, un copioso número de melodías insulsas, poco elaboradas y carentes de valor musical e histórico. También es cierto que existen trabajos que pueden ser considerados como carentes de calidad, pero esto es sólo otra muestra de la irreverencia que sólo se hace atractiva en mentes como las de Fredy, John, Roger y Brian. Ah olvidaba, que gracias a esos muy regulares trabajos, es que personas como usted llegaron a conocer la música del grupo, pues no podía existir otra forma de acceder a esa gran gama de exquisitas melodías que antecedió a los mismos y que hoy hacen parte de la colección más selecta del rock.
Me despido indignado, como muchos otros fans de Queen y espero que no sea esta la única voz de protesta ante su muy particular y bastante parcializada forma de percibir la música.
Jorge Iván Gómez Londoño
P.D: ¿Qué poder divino te otorgó el privilegio de ser: The Fredy's Holy?
Jorge: sí fuiste la única voz de protesta
Los Dogmáticos del Ritmo
Parece que una oportuna alineación de dirección corrigió la incipiente pero preocupante desviación hacia la derecha. No puede utilizarse aquí la palabra "sumergirse" porque el número de páginas no da para tanto pero el interior del vehículo muestra, después de cinco números, un confortable habitáculo que promete convertirse en el escenario propicio donde caricaturistas y escritores acompañen las peroratas, los discursos y los lamentos de los que son. (A propósito: ¿la idea es establecer un record Guiness de número de portadas con trabajos de un mismo fotógrafo?). Lo que menos me ha gustado es que cada número me termina gustando más que el anterior. Del cinco, por ejemplo, conservo gratos recuerdos del humor del viajero en taxis, comparto ciertas situaciones y conceptos de quien se cree peor que todos sus amigos, puedo añadir a quien durmió en la finca de su amigo, la visita del familiar impertinente que consiguió serenateros en el pueblo... ¡y los trajo!; lamento no haber sabido de la visita del grupo francés que no se bañaba, me sigo sientiendo regañado por ese señor que sabe tanto de vinos y apunté un CD más en la lista.
Gabriel Abad
Feos Limitada
El novio de mi mejor amiga es uno de los mayores enemigos de la sociedad de consumo que he conocido en la vida. Debido a ello, nunca sigue los patrones de la moda, por su cabeza no se atraviesa la idea de comprarse un carro, aunque a regañadientes reconozca, de vez en cuando, que es un mal necesario, no huele nunca a las fragancias de los más prestigiosos diseñadores, quisiera que existiera un uniforme para todos y así no tener que preocuparse por qué prendas usar para determinada ocasión y nos critica a quienes, cayendo en las trampas de la publicidad, seguimos esos modelos bellos y perfectos que día a día nos imponen los medios de comunicación, como únicos patrones aceptables y deseables de imitar. Esas mujeres tipo Natalia París y Sofía Vergara, ¡qué horror! ¡Pero si es que no tienen nada auténtico! Sus cuerpos tienen más silicona que tejido vivo, sus largas, rubias y seductoras cabelleras son el resultado de litros de oxigenta que le reportan a los peluqueros sus mayores ganancias y las toneladas de maquillaje que usan, les acaban de corregir lo que las cirugías plásticas no hayan podido hacer a la fecha. Para acabar de ajustar, la mayoría de mujeres que se preocupan tanto por su apariencia exterior, suelen carecer de interés para quienes sí se centran en lo verdaderamente importante, lo que se lleva por dentro. Eso es lo que dice el novio de mi mejor amiga, a quien he observado en numerosas ocasiones voltear a mirar, casi chorreando la baba, a cuanta vieja con las características físicas antes mencionadas se le cruza en frente; claro, como él es un hombre que defiende la igualdad de derechos raciales, sociales, culturales y estéticos, trata de disimular cuando voltea a mirar, haciendo cualquier comentario sobre digamos, esa peluquería que no había visto antes; no vaya a ser que se comente de él, que no es consecuente con lo que tanto defiende, es decir, el derecho a pertenecer a la gran mayoría fea de la población sin sentirse mal, ni ser por ello discriminado. Pero lo más curioso del asunto, es que todos sus amigos, con quienes comparte dichas ideologías, actúan igual. Y no es que yo diga que todos los hombres son iguales, ni mucho menos; lo que pasa es que me confundo un poco, porque resulta ser que mi mejor amiga es una mujer rubia, voluptuosa, que sabe maquillarse y a quien le gusta mantenerse bien actualizada en cuanto a las últimas tendencias de la moda en todos los campos, y no puedo dejar de mencionar que además, es una mujer muy inteligente e interesante, y no es porque sea mi amiga. Afortunadamente, todavía quedan hombres que nos prefieren a las mujeres del montón y no se derriten por esos modelitos que parecen sacados de revista y que pululan en los centros comerciales y en los bares y discotecas de las Palmas y la Zona Rosa; hombres, que reafirman nuestros derechos a no ser perfectas. Me queda una sola inquietud para terminar: ¿por qué será que estos hombres maravillosos que defienden el derecho de la gente a ser fea, son todos ellos... feos? ¿Por qué será que nunca he escuchado todo ese discurso saliendo de la perfecta y enloquecedora boca de un hombre bello?
Tatiana Saldarriaga P.
Tati (asi te deben llamar tus amigas Goyi, Nati y la melliza): si reivindicamos la condición de nuestros hermanos los feos, no es porque pertenezcamos a tan impopular club. Nuestra defensa del feo como sujeto con derechos, es pura solidaridad, un grito de esperanza para aquellos que fueron atropellados por el destino. ¿Por qué los bonitos no echan discursos sobre la fealdad? Sencillo: no conocemos un solo bonito que sepa escribir dos renglones seguidos. Sus múltiples ocupaciones (el gimnasio, arreglar la moto, medirse unos jeans estrechos), no les deja mucho tiempo para ocuparse de asuntos tan superficiales.
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