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pérdida total
(Optimistas sin remedio, abstenerse de leer)
Nunca había reparado con cuidado en el abanico nacional de culpabilidades. Desde que tengo memoria siempre he oído que la culpa es "de los políticos". Entre tios, padres, profesores y en general todos los adultos de los que estuve rodeado en mi infancia y adolescencia, sólo se habló por décadas de lo mal que estábamos, de que no podíamos estar peor, de que se necesitaba un cambio. Sin embargo nunca ví a nadie hacer nada real por resolver la situación. Siempre votaban por Belisario o por López o por el primer imbécil que liderara un partido tradicional y fuera el candidato de turno. No niego que fueron honestos (mis tíos, mis profesores, los adultos), pero su apatía, su sumisión, fue simplemente patética. Y lo peor es que sus padres, nuestros abuelos, fueron iguales, e iguales a sus padres y abuelos respectivamente. Siempre hemos sido iguales en este páis: borregos. Vivos que viven de los bobos.
En pocas palabras
nos dejaron un pais vuelto mierda para que nosotros viéramos que hacíamos con él
Ellos, las generaciones anteriores a nosotros, lo acabaron, acabaron el país, se lo robaron, lo regalaron, se dejaron montar al primer campesino ignorante con fusil, cansado de la injusticia social y el caos que ellos mismos crearon. De extrema derecha, de extrema izquierda, en el centro extremo, en todos lados se vé la huella de un pais mal manejado, un país descuidado y abandonado al pillaje. Ahora no esperen mucho de nosotros
el seguro no cubría pérdida total .
Juan Camilo Jaramillo
colombia, la nuestra
Repasé minuciosamente cada uno de los 1141.748 kilómetros cuadrados del territorio nacional ayudado por la enciclopedia más reciente que pude hallar. Perdí el aliento. Volví a saber de su mar territorial, de su zona económica exclusiva, su plataforma continental
incluso remonté su espacio aéreo, me hundí en su subsuelo y, para a que no faltara nada, me elevé hasta su franja de espectro electromagnético.
Bañé mi amor al terruño en sus dos mares. Embadurné mi colombianidad en sus selvas, montañas y valles. Releí la gesta emancipadora. Quebré otra vez el florero de Llorente. Me reí de la patria boba. Lloré con la época de la "violencia". Observé el salomónico y "conveniente" Frente Nacional. En resumen, estudié otra vez mi patriotismo de colegio.
La conclusión, para mí (ya lo había dicho en otra brújula), es que la patria de libro es un abstracto y "nada que ver" con la de carne y hueso; la de todos los días.
Patria es un concepto que debe facilitarte la vida, y no convertirse, como nos toca hoy, en una carga que soportamos esquivando el fuego cruzado.
La patria es, en la Colombia modelo dos mil, trinchera tras la que muchos se ocultan para mejor disparar, o púlpito para sus discursos encendidos. Yo digo que la patria, a estas alturas de la película universal, no hace falta si uno vive bien y en paz. Mejor apátrida decente que patriota ruín y ladrón.
Braulio Uribe
boba, es la patria
elocio propone que, en la próxima legislatura, los Honorables Padres de la Patria estudien la posibilidad de presentar un proyecto de ley que propenda por la inclusión de nuevos símbolos que identifiquen de manera más acertada el país del Sagrado Corazón. Todo, desde luego, acorde con el giro de 360 grados que ha dado la patria desde la época del Libertador. Hay opciones, por supuesto.
El Animal Nacional: La rata, el chulo, el lagarto, la mula o el mico.
La Flor Nacional: La dormilona o dormidera.
El Deporte Nacional: El Bloqueo de Carreteras, El Secuestro o El Boleteo.
El Deporte Olímpico: Hablar Mierda o Escurrir el Bulto.
La Seña Nacional: La Pistola.
El Adelanto Científico Nacional: Las Vacunas.
La Perogrullada Nacional: Luz al Final del Túnel, Investigación Exhaustiva o Crimen Execrable.
El Personaje Nacional: El Almuerzo Ejecutivo.
La Bandera Nacional: El Trapo Rojo.
El Refrán Popular Nacional: Más Sabe Tirofijo por Viejo...
El Escudo Nacional: El Escudo Antimotines.
El Adelanto Tecnológico Nacional: La Pipeta de Gas.
El Himno Nacional: Dos Puñaladas, Mataron a Lucio Vásquez o Me Voy Pal Monte.
El Medio de Transporte Nacional: Ir en Coche.
El Monumento Nacional: El Monumento a la mediocridad.
La Joya Nacional: El Collar... bomba.
El Traje Nacional: El Pasamontañas o La toalla colgada al cuello.
El Recurso Natural Nacional: Las Minas... Quiebrapatas.
Los Beatos Nacionales: Los Santos... Domingo, Castillo, Calderón, etc.
El Dicho Nacional: Lo Mío es Persecución Política.
El Verbo Nacional: Colocar.
Juan Carlos Gómez
malo y medio
Cuando pienso que soy paisano de Garavito, el violador y asesino de más de cien niños, se me ocurre que, siquiera, no soy compatriota de Adolfo Hitler. Cuando veo las imágenes de horror, muerte y destrucción que dejan las AUC, ELN o FARC en municipios miserables, vienen a mi cabeza los aviones norteamericanos fumigando con Napalm pequeños poblados vietnamitas; y me alegro de no ser gringo, de no haber compartido tanta vileza. Al observar con detenimiento el extermino casi total de etnias completas en algunas apartadas regiones de esta patria, me consuelo con mirar acciones más drásticas y sanguinarias en otros tantos países africanos. Al mirar la pobreza y abandono a que tienen sometidos a nuestros hermanos chocoanos, me tranquiliza pensar que en Suráfrica los morochos no la ven mejor, ni con Mandela abordo. Cuando salgo a la calle, me roban el carro y me dejan echando dedo para regresar a casa, me alivia leer que en Sao Paulo, Brasil, las cosas son aun peores. Cuando me aterran las imágenes de docenas de desplazados por la violencia doméstica, respiro más o menos tranquilo al recordar que en Indonesia, Suharto, ha trasteado a cientos de miles, en una sola semana. Cuando veo que los grupos armados vuelan oleoductos, y contaminan ríos y lo que encuentre a su paso el viscoso oro negro, una pequeña mueca de alegría se dibuja en mi rostro al saber que por aquí no tenemos plantas nucleares de dudosa seguridad, ni grandes buques cisterna que pueden chocar contra otros barcos. Cuando veo el montón de cosas malas que hay en mi país, me consuela saber que allá afuera hay equivalentes
pero demasiado regados por todo el mundo; nunca concentrados en un sólo lugar
y éso, definitivamente, no me dejar dormir tranquilo..
Javier Rodríguez
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