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herramientas de trabajo
Si no fuera por algunas complicaciones de salud que pueden causar graves enfermedades a quien la usa dentro de su cuerpo, no le veo el problema a la silicona. La percepción de la belleza es tan diversa como la gente misma. Y no sólo eso, es tan mutante, evoluciona tanto, que a veces se complica seguirle el paso. De sobra sabemos que cuando Goya pintó su Maja no tenía al frente a una Kate Moss o a una Cindy Crawford, no, la que se le empelotó para la eternidad era bastantoncita y contaba de sobra con lo que hoy consideramos más que unos kilos de peso. La modelo, una gorda digna de nuestro maestro Botero, era sin embargo en su momento algo así como una top model de la antiguedad. No hay que remontarse tanto. Hace sólo unas décadas, Marilyn Monroe era considerada la mujer más bella del planeta. En lo que a mi concierne, Marilyn parecía mas bien la moza de un traqueto que la mujer más bella del mundo. Gordita, reteñida, con labios pintorreteados y vocesita de tonta, la Monroe en cambio era moza
pero del tipo más poderoso del mundo. Ahora las top models se tienen que agarrar de los postes en la calle para que el viento no se las lleve, y comen una vez a la semana cuando estan de apetito feroz. La belleza pues cambia y cambia mucho. De manera que cualquier herramienta que ayude a que esta siga evolucionando es bienvenida. ¡Viva la silicona!.
Juan Camilo Jaramillo
silicona para principiantes
No creo que haya una sustancia como vos, silicona. A pesar de ser inerte y neutra, provocás unas revoluciones químicas, físicas y culturales increibles.
Silicona: sos un conjuro que conduce a la belleza, al amor propio, al deseo ajeno, a la aceptación de los otros
al éxito.
Silicona: te has regado por el mundo voyeurista y narcisista como la buena nueva de los creyentes. La que les ofrecés es una salvación parcial y efímera, pero no hace falta más si es glamorosa.
Silicona: te amo en silencio y con un poco de vergüenza. Es que adoro tus resultados, pero detesto tus teorías y procedimientos. ¿Estaré loco?.
Silicona: sos la primera piedra de un nuevo mundo artificial, lleno de prótesis, cambios cosméticos y seudo eternas juventudes; cosas que cada día son más y más naturales.
Sos poderosa, silicona. Abrís no sé cuántas puertas, y le das trabajo a miles de personas en el mundo. Sos hija nuestra, "hombres necios que acusamos a la mujer sin razón
etc"; pero sos hija también de las mujeres que creen en el juego, y lo multiplican. Propongo empate de culpas.
Esperá sentada silicona. En cien años todos calvos.
Braulio Uribe
Fellini tuvo la culpa
Inevitable: la primera conexión que crea el cerebro (por lo menos el mío) a la palabra silicona, es la de un buen par de tetas, sin importar que también se use para corregir labios, párpados, nalgas y demás. Las tetas, así, en castizo, o las variaciones que le dan algunas personas (busto, senos, pechos, mamas, kikas, pochecas) se han convertido en fascinación y hasta enigma en la vida de los hombres y, desde luego, de las mujeres. Tan es así que una mujer es tan reconocible por su cara como por sus tetas. El asunto es que cada vez se hace más difícil ese reconocimiento; están en vía de extinción las tipo pera, las altivas que desafían la ley de la gravedad, las pequeñas, las bajitas, las tipo misil. Lo que ha hecho la silicona es, en buena medida, homogenizar lo que antes eran formas caprichosas y propiciar una confusión maravillosa, pues hoy día las que asoman son todas iguales: rebosantes, henchidas, llenas, duras, turgentes, muy redondas, que confunden cuando intentamos recordar a quién pertenecen y que, sospechamos, se inspiraron en el catálogo que el cirujano tiene de Anita Ekberg, Sofía Loren o Gina Lollobrigida.
Juan Carlos Gómez
país siliconado
En Colombia ya la cosa pasó a mayores. La silicona, más que una forma de corregir las imperfecciones inventadas por diseñadores y comentaristas de la moda, se convirtió en algo así como una actitud, una forma de ser o estar. El periodismo, la política, las conversaciones de paz, el deporte, la publicidad, las relaciones interpersonales, la economía
en fin, las cosas supuestamente serias, se llenaron de nada, como una teta antes desinflada, y ahora grande y atractiva
rellena de esa nada que es la silicona. Construimos realidades alternas. Lo que vemos, lo que percibimos o nos dejan percibir, nunca corresponde a la realidad
Nunca llegamos a saber, con certeza, qué está sucediendo, para dónde va todo. La realidad nacional es pura apariencia. Realidad siliconada. No sabemos qué sentido tienen las negociaciones del Caguán, por qué razón la caída de la bolsa de Shangai nos afecta; por qué cuando la bolsa de Shangai gana, nosotros no. No sabemos si en realidad los bancos quieren a la gente o si todo puede ser mejor... si lo que como me está matando o alimentando, si las etiquetas de los productos dicen la verdad. Vivimos en un limbo. En la era de la información
sabemos menos de todo. Nos llenan de ese vacío que contienen las secciones de farándula de los noticieros, las tetas de Sofía Vergara, los romances de Shakira, los concursos en los que todos ganamos, los líos de Bill Gates, el horror nuestro de cada día. Y como con la silicona, uno se queda sin saber qué sentido tienen las cosas, si de verdad importa lo que estamos viendo, si es real lo que estamos viviendo. Se siliconizó Colombia
y no nos importa. Después de todo, de lejos, se ve hasta bien
como la silicona.
Javier Rodríguez
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