.
.
archivos
sexo

Regreso al listado de artículos archivo de brújula

en silencio por favor

Soy, lo que las señoras antojadas llaman, un buen polvito. Y para llegar a tan honrosa denominación, me he tenido que esforzar mucho: practicar con alguna frecuencia, repetir el asunto hasta el cansancio; escuchar con atención los gustos y necesidades de las dos o veinte mujeres con las que me he acostado en toda mi vida. A las buenas me he vuelto ingenioso, creativo, arriesgado, paciente, sensible. El placer de mis mujeres siempre ha estado en primer lugar. Esa, quizás, es la clave que me ha ganado respeto y reconocimiento cuando voy al hecho en el lecho.
Los buenos amantes, pocas veces, presentamos objeciones a nuestras compañeras de cama. Resistimos estoicamente a las que no les sirve una maravillosa sesión de siete polvos en una sola noche. Aguantamos en silencio a las que muerden, arañan o gritan hasta despertar a la mamá (de ella) que duerme en el cuarto del lado.
Yo, el buen polvito, tengo un sólo tipo de mujer a la que nunca le voy a repetir esfuerzo: Papi –me dijo, mientras, jadeante, blanqueaba los ojos- cuéntame lo que estás sintiendo en este momento… paso a paso, lo que está cruzando por tu cabeza… decime cuánto te gusta lo que estamos haciendo… ¿no crees que es lo más maravilloso de la vida? Oh Dios, cómo gozo… En fin, todas esas cosas, mientras yo cumplía con mi deber de amante varón. A esa muchacha, y a las de su especie; a las que hablan y hablan, nunca, la gran mayoría de los hombres, las vamos a volver a llamar. Advertidas.
javier rodriguez


ten miedo, ten mucho miedo

Aquí le tenemos miedo a las putas, a los gays, a los travestis, a los transformistas, a las lesbianas, al sexo oral, al sexo anal, a las ayudas sexuales y hasta a los videos pornográficos. Le tenemos miedo, básicamente, al sexo. Somos una raza solapada y mojigata… y nosotros estamos incluídos. Este número debió aparecer en abril, pero luego de discutirlo brevemente, se decidió que no podíamos sacar un número dedicado al Sexo en plena Semana Santa. ¡Por Dios!, ¡si el padre Marianito va a ser beatificado en abril por el Santo Papa!. O sea, le tuvimos más miedo y respeto a las señoras de la esquina, o a que el Sindicato Antioqueño nos vetara, que a los mismos Tirofijo y Castaño, a quienes les dijimos malparidos, sin el mínimo asomo de temor, en elocio de marzo. El sexo en Colombia es redondo, no tiene aristas ni puntas, no tiene recodos. Aquí, el sexo es de puertas para adentro, en posición de misionero y sólo para tener hijos, como manda la Iglesia. Aquí causa más indignación que la prostitución (relegada siempre al centro) se haya pasado cerca a los barrios elegantes, a que se asesine en Medellín, en un sólo fin de semana, a más de cuarenta personas. El sexo aquí es, lamentablemente, un tema tabú y vergonzante. Si este número de elocio contribuye, así sea un poco, a cambiar esa actitud, nosotros iremos a la cama más tranquilos… y satisfechos.
juan camilo jaramillo


la chispa de la vida

Viene con el paquete básico. Va con uno a todas partes. Suaviza pesares profundos y borra heridas superficiales. Es universal y generoso con quienes lo ejercen, incluso si lo hacen mal: en el peor de los casos, quedan ganas de repetir.
Por otra parte, si las cosas salen bien, una sonrisa invisible quedará marcada en algún lugar, allí donde vive el goce, donde el placer es. Irónicamente, intimida por ese mucho placer que puede provocar. Asusta a gentes estrechas y claro, ilumina la vida de sus adoradores y adoratrices. Ellos (nosotros) saben que se mezcla muy bien con el amor, pero que también puede degustarse solo, a solas también, también en multitudes: sus posibilidades llegan hasta donde la imaginación lo permita.
Yo no sé que tanto lo conozco, pero me gusta pensar que soy un discípulo aplicado, que me porto bien en su exuberante presencia. Todo está en la actitud, porque el sexo es como la vida… mejor aun: el sexo es vida.
braulio uribe


la chispa de la vida

Jorge, un amigo común (común porque es amigo de otros amigos y común, también, porque es muy común, muy barro, muy repetido; mucha gente se parece a él, y él a mucha gente y hasta se parece a cosas, a objetos) cuenta con la asombrosa capacidad de divagar sobre aparentes bobadas. Tiene, en otras palabras, la capacidad de hablar mierda corrida. De todas sus diarreas verbales recuerdo una con especial interés y que tuvo inicio en esta reflexión: ¿qué razón existe para que se diga de alguien que es una güeva, una pelota?. Si una güeva, por favor, ha sido algo tan importante en la historia de la humanidad, si ha sido y es algo fundamental para preservar la especie, si pone sus millones de granitos de arena a la hora de concebir, ¿por qué ahora - o ¿desde cuándo?- se ha visto reducida a tan pobre dimensión, se ha visto transformada en insulto y además se le han sumado significados con los que facilmente se señala a un idiota, se califica a un fanfarrón, se menciona a un pesado, se advierte a un atorrante?. No encontró nuestro amigo una razón lógica que explicara la afirmación tan popular entre las damas, pues una bola como ella sola no entrega mayores argumentos. Sin embargo, al verse acorralado por su mismo cuestionamiento, encontró la salida perfecta que dio solución a la pregunta. En el sexo, el conjunto que conforman los testículos con la bolsa escrotaria que los soporta sólo sirve para una cosa: golpetear; se mecen de un lado hacia el otro o de atrás hacia delante y, en efecto, golpetean. Sólo eso. Esa es su función. Es decir, concluía nuestro amigo, que, prácticamente, las pelotas no sirven para nada. Eso, sencillamente, justifica el hecho de que algunos tipos sean proclamados, unánimemente, unas absolutas güevas. Jorge, nuestro amigo, desde luego no lo es.
juan carlos gomez

Secciones elocio
portada
cartas en el asunto
brújula
sonido... 1,2,3
karma sutra de paroli
mmmmmmm
afuera
medios y publicidad
tempo
al vino, vino
mondo
mea culpa
cine, video & dvd
charlas virtuales
lo raro, lo absurdo
allá sí, aquí no

archivos información | info@elocio.com contribuya | elocio ahora


Página actualizada el martes, 30 mayo 2000
elocio online© es un producto de Publicaciones Elocio Ltda.
Todos los artículos firmados son responsabilidad de sus autores.
Ningún artículo puede ser reproducido sin permiso previo.
elocio© es una marca registrada
Todos los derechos reservados © 1998–2005