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¡no más... malparidos!

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• Es tan profunda la frustración en la que vivimos los colombianos por la situación actual, que hemos aprendido, curiosamente, a no protestar. Con cálculo frío, metódicamente, nos callamos. Y cuando nos atrevemos a algo, sólo apagamos las luces del cuarto del servicio por dos minutos en señal de repudio. El miedo está incrustado en todos, le tememos hasta a las sombras. Cuando oímos una bomba en la madrugada en Medellín, Cali o Bogotá, apenas nos sobresaltamos y decimos con rabia lo mismo, todos pronunciamos la misma palabra: ¡Malparidos!. Sí, es la palabra más fea del diccionario nacional. En el exterior saben que cuando un colombiano dice esa palabra una pistola está a punto de hacer su aparición. Sin embargo, en público, es usada con precaución, con timidez. Cuando estábamos discutiendo sobre si emplearla o no en esta edición, muchas fueron las advertencias: "¡no se les ocurra, los van a matar!". Primero la ibamos a poner en el título de la portada, luego nos amedrentamos, después la recuperamos y la pusimos en esta página. Ahora estamos alerta pero no tenemos miedo porque sabemos que cada colombiano, aunque no lo diga, aunque no lo publique, lo piensa. Así que ahí está señores guerrilleros: eso es lo que este país piensa, y no sólo de ustedes, sino de los paras, de los corruptos, de los ladrones, de todos los que nos tienen con miedo…

• Malparido no es una palabra castiza. Existe malparida, que, según el diccionario de la lengua publicado por la Real Academia, significa "mujer que hace poco malparió". Malparir, por su parte, significa parir antes de tiempo, abortar. En estricto castellano, entonces, los amigos estos que tienen desbaratado al país no son ningunos malparidos porque, si así fuera, vivirían en frasquitos llenos de cloroformo o se hubieran ido por las alcantarillas. Sin embargo creemos que cuando la gente usa diariamente la palabreja, quiere decir cosas como las siguientes, estas sí, palabras muy castizas:

-Malandrines: malignos, perversos, bellacos.
-Malaventurados: infelices.
-Malayos: individuos de piel muy morena, cabellos lisos, nariz aplastada
y ojos grandes (raza esparcida en Malaca y en el territorio nacional).
-Malcarados: de caras desagradables y aspecto repulsivo.
-Malcriados: faltos de buena educación, incivilizados .
-Maldispuestos: indispuestos, algo enfermos.
-Malditos: perversos, de malas intenciones y dañadas costumbres.

• El último guerrillero está muerto, o luchando contra la chochera en alguna isla del Caribe. Ya no hay guerrilleros. Los que se hacen llamar así en este país no son más que unos malos políticos y peores criminales que perdieron el sentido (todos los sentidos) y buscan inútilmente una justificación para sus actos mientras se lucran del magnífico negocio que es la guerra.
Que yo recuerde, no he autorizado a ninguno de estos señores para que me represente, ni mucho menos para que, a mi nombre, hagan toda clase de supuestas reivindicaciones sociales… además, ¿a qué hora decidieron que el secuestro, el asesinato y el terrorismo eran métodos que yo aprobaba y compartía?. Estos tipos tienen un problema de identidad el berraco: no son los que alguna vez fueron (el mundo les cambió muy rápido) ni van a ser ya los que sueñan.
Hay muchas cosas por cambiar, muchas ideas por estudiar, pero esos actos criminales que ustedes, señores guerrilleros, cometen a diario, son una simple y repugnante canallada. ¡No más, malparidos!.

• Tan mortal y destructiva como una pipeta de gas arrojada sobre un derruido comando de Policia. Tan dañina y perversa como una carga de dinamita aplicada sobre una torre de energía. Tan criminal y absurda como la muerte de civiles ajenos (¿ajenos?) al conflicto, así de maligna resulta la presencia de una clase política nacional acostumbrada al desfalco, a la comisión, a las prebendas, a los viajes con viáticos millonarios, a los puestos para familiares, al serrucho, al miti-miti… Sí, porque el robo indiscrimiando del erario público es otra forma de violencia que tiene a este país desangrado. Hay que verles las caras, recordarlos, señalarlos, pedir recompensas por ellos. Hay que marcarlos, perseguirlos, porque no son los actores armados los únicos que están acabando con todo. Malparidos ellos, vestidos pulcra y elegantemente, perfumados y debidamente almidonados. Malparidos los que dejaron sus enormes tetas burocráticas y nunca les descubrieron su trampa. Malparidos los que vienen con la intención de enriquecerse a costa de la desgracia y pobreza de otros. Malparidos.

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Página actualizada el jueves, 6 abril 2000
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