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Esta no es una clase de geografía, tan solo una pequeña muestra de la variedad gastronómica que se puede disfrutar en la mayoría de ciudades norteamericanas de por lo menos un millón de habitantes… entre más grande la metrópoli, más extensa la variedad. A nadie le parece extraño que en las grandes ciudades del globo exista comida regional y tradicional de muchas regiones. Por ejemplo, en Nueva York el sushi es tan popular que adquiere el carácter de comida rápida y en Londres el curry lo venden hasta en los McDonald’s. Sin embargo y generalizando de una manera basta, se puede asegurar que si se quiere hacer un gira gastronómica del planeta Tierra (¿o ya le cambiaron el nombre a Planeta Océano?) un buen punto de partida es visitar los Estados Unidos.
¿Gastronomía en los Estados Unidos? ¿El país de los perros calientes, las hamburguesas y—según muchos—de la pizza? Cuando pensamos en comer bien, naturalmente gravitamos hacia los países o regiones que más han contribuido a la cocina global: Italia, Francia, China, México, Medellín (¿o acaso a la Bandeja Paisa no la podemos elevar a la altura de un Filet Mignon?). No pensamos en los iu-es-ei ni en sus Burger Kings, ni en las famosas sopas enlatadas, ni en las comidas congeladas. Y naturalmente que de eso tenemos suficiente. Pero también se puede encontrar variedad y calidad, tal vez como en ninguna otra región del planeta.
El fenómeno se puede explicar de una manera relativamente sencilla: a pesar de que los EEUU derramen su imperialismo cultural de una manera portentosa, la cultura americana es como una aspiradora, absorbe todo lo que se le aproxime. Esto se puede apreciar no sólo en la comida sino en el lenguaje. En Inglés si no existe la palabra se crea o se adapta del lenguaje original sin cambio alguno. Aquí cualquier analfabeta llama a los abrebocas hoers d’oevres, al repollo hervido sauerkraut y a la salsa, bueno, salsa. La rata de cambio del lenguaje es tan ágil que hoy día existen palabras en el diccionario que fueron inventadas en el programa de televisión Seinfeld. En Español, naturalmente, that is impossible. El otro motivo es que a los gringos les encanta comer, a toda hora, en todo momento. No en vano se calcula que más del 50 por ciento de la población es obesa. En Colombia se acaba la fiesta cuando se acaba el trago, aquí se termina cuando ya no hay más comida que ofrecer. Cualquier evento se convierte en una excusa para comer: una conferencia, una reunión de trabajo, y hasta cuando se presentan exámenes en la universidad se presenta el profesor con una bandeja de comida. Es difícil resistir la tentación constante.
Estos factores se convierten en terreno fértil para la extraordinaria proliferación de restaurantes y comidas regionales que se pueden disfrutar. Lo más interesante es que no sólo se puede saborear la cocina regional sino que existe un fenómeno culinario conocido como la Nueva Cocina Americana que está incorporando ingredientes y elementos de muchas partes del mundo a los platos tradicionales de la comida típica americana.
Por ejemplo, el mango, fruta originaria de la India que es tan común en Colombia como el chucu-chucu, pero que con toda seguridad la mayoría de colombianos tan solo ha disfrutado de una manera más o menos convencional: el juguito, de pronto verde con sal y a lo mejor una mermeladita. Aquí en los EEUU el mango no se conocía de una manera generalizada hasta finales del siglo pasado (¡qué rico escribir esa frase!), pero hoy día se puede comer en una variedad de platillos increíble. Salsas para pescado y carnes, cous-cous, postres, sopas, se combina con sal, con dulce, con todo. Los resultados son espectaculares. Lo mismo pasa con el plátano, la yuca, el jengibre, el tofu, el curry, el aguacate, el maíz… la lista es interminable. Nuestra bebida nacional, el café, se consume de una manera ávida en por lo menos 50 variedades y combinaciones que no se le ocurrirían ni a Juan Valdés. A la vanguardia de este movimiento se encuentran la CIA y el FBI (no ese lugar abominable que patrocina golpes de estado en países del tercer mundo ni el que anda metiendo las narices en las intimidades ajenas) sino el Culinary Institute of América (Instituto Culinario de América) y el Food and Beverage Institute (Instituto de Comidas y Bebidas), hoy día consideradas las mejores escuelas culinarias del mundo (Francia, naturalmente, no está de acuerdo, pero uno de los chefs más famosos de la nación gala, Paul Bocusse, mandó a su hijo al CIA para que aprendiera el arte… concluyan ustedes).
Así que en el próximo viaje a los EEUU no se queden todo el día en el centro comercial comprando encarguitos para la familia; aventúrense a los restaurantes y regálense la experiencia culinaria de la vida. No se van a decepcionar. O a lo mejor se deciden a abrir un restaurante tailandés en El Poblado, ¿quién dice que el ton-ka-gai no se puede comer con arepa?

Rafael Araujo

rafa@elocio.com

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Página actualizada el martes, 4 abril 2000
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