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las cosas del querer

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Quiero, categórica y terminantemente, dedicarme a viajar. Quiero salir todos los días, conocer y reconocer, maravillarme, escalofriarme, asfixiarme y admirarme. Tajante y definitivamente, eso quiero.
En mi empeño, y para establecer un orden, comenzaré por lo barato, por lo que puedo conocer con lo que ahorre. Empezaré por lo más cerca, y cuando la guerrilla y los costos nacionales me lo impidan, seguiré por los países cercanos. Me compraré una moto, eso haré, e invitaré a todo el que quiera ir conmigo. Conoceré a Quito, me detendré en su mismo centro para dejar entrar las paredes viejas por mis ojos. Luego iré a Guayaquil, la metrópolis y, seguramente comeré en cualquiera de esos lugares que tienen las ciudades grandes como Mc Donald’ s, Taco Bell o KFC. Luego cruzaré la frontera, abriéndome paso entre la turba de cambistas y tramitadores y pasaré al Perú. Recorreré sus desiertos en mi moto, sentiré el aire frío de sus costas, veré mi reflejo pleno de dicha sobre el pavimento y seré totalmente libre, atado sólo al momento, atado a todo lo de siempre, pero convencido de que no es así. Me ilusionaré con la idea de no parar nunca. Me saldré de la carretera y mi moto sentirá el desierto bajo sus ruedas. Llegaré a Lima, la inmensa. Saldré de fiesta (como todo el mundo allá) a eso de las 11:00 p.m., y la noche pasará abierta. Estaré cansado del viaje por el desierto y entonces dejaré mi moto para seguir en bus (lo agradecerán mis nalgas, estoy seguro), lo más al sur que me alcance (la plata). Viajaré como un rey en los buses peruanos, me arrellanaré en mi silla de monarca, veré una buena película en sus muchos televisores y me dejaré atender, con la disposición de un niño, por la terramoza. Entonces llegaré a Nazca, tomaré una avioneta, le pediré al piloto que me la deje manejar sobre las líneas zurcadas en el desierto a mis pies, le daré inclusive una propina para que me incluya una pirueta en el vuelo y diez segundos más tarde me habré arrepentido toda la vida por haberlo hecho. Conoceré a Cuzco, su pasado, desdibujado entre el comercio pero vivo entre las razas; y de allí partiré a Machu Pichu, en tren, haciendo el recorrido que su carrilera ha preferido dibujar en zig-zag por la montaña, bordeando nevados y paisajes de alucinación hasta que finalmente aparecerá, majestousa, impresionante, e indiferente al hecho de que yo haya viajado hasta allá para conocerla.
Luego, cada vez más fortalecido, navegaré las más profundas mitologías sobre el lago Titicaca y soñaré en silencio con que sean ciertas.
Más tarde, cuando el dinero empiece a escasear, emprenderé el regreso, primero a Arequipa, luego a Lima. Remontaré mi moto, variaré el regreso y conoceré el cañón del Huaráz, me sentiré aún más diminuto frente a la belleza de sus nevados, y allí se avivará mi deseo por viajar a Suiza algún día, cuando tenga con qué hacer los paseos caros.
Me perderé de noche, solo, por una carretera desconocida, despoblada y sin pavimento, porque no quiero que todo sea bueno.
Cuando regrese a Ecuador, quiero ir bordeando los nevados, quiero saber si el Chimborazo es tan pretencioso como su nombre, y quiero que el viento me traiga el aire frío del Cotopaxi.
Deseo, finalmente, y para no dejar inconclusa mi visita al extranjero, decirle al mundo que sé dónde queda su mitad, su ombligo, su división, porque quiero que me tema, y que sepa que no me temblará la mano cuando tenga que partirlo en dos, porque ya sabré por dónde hacerlo.
Regresaré a mis montañas, regresaré a mi ciudad. Regresaré a mí. Pero ya no seré el mismo, o ya no soy el mismo, porque ahora no hablo en futuro. Este viaje que hice ya no lo sueño más, ahora cada uno de esos deseos fueron realizados, y ahora estoy dedicando mi tiempo a querer ir a otro lado… mañana mismo si es posible.

Sanos Consejos
Ecuador:
•Nunca cambie su dinero en territorio ecuatoriano.
•Imprima un cartelito (si va en moto) que aclare datos como: cuánto vale la moto, a cuánto corre y desde qué país viene (así se evitará repetirle este discursito a cuanto pato se lo pregunte, en un país en el que pareciera que todos necesitaran estos datos para seguir viviendo).
•Si ya fue hasta allá, conozca todos los rincones posibles, que no le falte nada.
•Suba al Cotopaxi, es necesario.

Perú:
•Si va en vehículo propio, no necesita ningún costoso permiso internacional para cruzar la frontera, ni tampoco un pase internacional, así se lo aseguren en Automóvil Club de Colombia.
•Compre sus tiquetes en cada sitio donde vaya, no compre los paquetes que le incluyen mil servicios.
•Cuente dentro de su presupuesto con un dinero para la policía de carreteras, ellos siempre lo detendrán y le exigirán ese trámite que supuestamente no hizo; tristemente esta multa siempre es negociable y es lo único que le ayudará a sortearlos en medio del desierto, pues amparados por la ley bajo el distinguidísimo cargo de policías viales, “abordan” a cuanto turista se les atraviesa por delante.
•Léase el libro Los jinetes de la cocaína (no importa que ya esté desactualizado), y léase todo lo que encuentre sobre la vida del Pibe Valderrama (son los únicos temas sobre los que los peruanos entablan conversacion con los colombianos).
•Pite todo el tiempo, así estará a tono, y puede que hasta llegue a comprender ese lenguaje que se ha llegado tan refinadamente a construír a base de pitos, bocinas y sirenas.
•Viaje como un rey en bus por las costas peruanas, pero NO viaje, por ningún motivo, en los buses que se dirigen a las montañas peruanas, a no ser que sea inmune a los vehículos que incluyen música Inca a todo volúmen, sobre-sobrecupo, sillas incómodas, bebés llanto-eterno, carreteras destapadas, gallinas, patos y cuanto animal quepa en un costal de fique.
•Si viaja a Nazca y sobrevuela las líneas, páguele una propina al piloto para que le incluya una pirueta en el vuelo, de esas que lo dejan a uno sin ganas de volver a pagarle una propina al piloto para que le incluya una pirueta en el vuelo.
•Cuando los niños lo asedien con su ritual de venta en las calles, respóndales con un enrredajo (Gäuhnter bridriefrish, por ejemplo), y haga señas de que no entiende, éste es el único antídoto efectivo que los ahuyenta de manera inmediata, y les interrumpe su costumbre de ofrecerle la misma cosa hasta seis veces.
•Si va a Machu-Pichu, viaje a pie por el “Camino del Inca”, demórese los 3 ó 4 días que necesite para recorrerlo, pero hágalo, esto hace más espectacular aún la llegada a este destino de maravilla.

Sergio Rodriguez

juan@elocio.com

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Página actualizada el martes, 4 abril 2000
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