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Se denominó "La Travesía", no el Eco-Criollo, por supuesto, pero como no hay otro referente en el país, lo llamo así en honor a la carrera de expedición o aventura más famosa del Mundo: el Eco-Challenge.
La organización del primer evento de este tipo en el país estuvo a cargo de un equipo multidisciplinario encabezado por dos jóvenes expedicionarios colombianos que el año pasado fueron a competir por Colombia, precisamente en el Eco Challenge 99 de Argentina. Se trata de Jorge Llano y Luisa Ríos quienes, con el apoyo de la marca Bosi se metieron literalmente de cabeza, con el fin de hacer una carrera de aventura en el departamento de Antioquia; una carrera de expedición regional. Ahora bien, si me lo preguntan, tengo que admitir que al principio estaba un poco escéptico con el evento, pues me asaltaba la gran duda de la seguridad de los competidores. Y no estoy hablando de la seguridad física, de que se aporrearan o tragaran agua del Cauca y les diera tifo; no, me refiero más bien a su libertad. Y es que no se puede pensar en campos abiertos en este país sin evocar inmediatamente a los señores de la toalla y la boina, o a los otros, los que no quieren al de la toalla y la boina. Afortunadamente en la primera rueda de prensa, muy discretamente, se le dijo a los periodistas que "todo estaba hablado" a ese respecto, sin extenderse en muchos detalles que de todas manera nadie quería saber.
Así pues, todo hablado, todo "arreglado", empezó La Travesía 2000 en la localidad de La Pintada, a orillas del Río Cauca. El primer día los competidores se montaron en kayaks inflables, y remaron algo más de 35 kilómetros hasta Bolombolo. En el camino, bastante manso para los estándares del segundo río de Colombia, varios participantes supieron de primera mano a qué saben Cali, Manizales, Pereira y el resto del Eje Cafetero. En una oportunidad un competidor, a la altura del río Piedras, decidió divorciarse de su kayak y algo asustado se refugió en la orilla, lo cual le causó una severa penalización de tiempo. En Bolombolo fué donde primero me dí cuenta de que, a pesar de lo bien organizado de la carrera, los competidores no estaban realmente entrenados y carecían casi por completo de estrategias de competencia. En esta modalidad, donde hay que cargar todo (comida, carpa, saco de dormir, agua, etc.) y donde el peso es realmente importante para ganar, ví participantes sacando talco para pies en tarros inmensos y otras curiosidades como huevos duros y un galón de agua (¡un galón!). No es que sea criticón, pero he visto y sufrido en caminatas largas, serias, de 4 y 5 días, la tortura del peso innecesario en los hombros. El peso siempre es la primera consideración en un carrera de este tipo y quienes no lo tienen en cuenta están condenados a perder desde el principio.
Una vez abandonados los kayaks, los competidores debían hacer una larga caminata a campo traviesa hasta la cima del Cerro Tusa, de casi 2000 metros de altura. Infortunadamente, la inexperiencia de la mayoría los llevo a tomar el camino equivocado, y un gran porcentaje de los equipos (incluyendo al que finalmente ganaría) tomó un atajo indebido por la carretera asfaltada que conduce de Bolombolo a Venecia. El Cerro Tusa, de una inclinación verdaderamente asustadora, fué coronado por algunos equipos que alcanzaron a llegar a la base antes de que anocheciera. Yo mismo decidí seguir a los grupos hasta unos metros de la cima para tomar fotos, y doy fe de que no es fácil, mucho menos después de remar y caminar por doce horas, con morral al hombro. El cerro cobró varias víctimas. Muchos equipos decidieron que el esfuerzo era demasiado para ellos y se retiraron una vez llegaron seguros al campamento de Venecia, a un par de kilómetros de ahí. Otros contaron con suerte y no les tocó escalar la montaña porque llovía copiosamente. El resultado del primer día de carrera fue un grupo totalmente extraviado, varios retiros y todos nivelados en el campamento, que no podían abandonar el sitio hasta las 4 a.m. debido a problemas de seguridad pública (un mundo de linternitas caminando de noche por fincas ajenas no es un cuadro acogedor para ningún mayordomo, por más avisados que estén).
El día dos fue similar, aunque la modalidad cambió de caminata a bicicleta de montaña. Por paisajes realmente espectaculares, los competidores pedalearon desde Palomos hasta Caldas pasando por el pintoresco (y peligroso en bicicleta) viaducto-puente de Amagá. Allí tuve la oportunidad de oir a una de las competidoras decir: "mierda, si tengo que pasar otro puente, me retiro". Además de esa queja, la pobre tenía otros problemas. Estaba empantanada hasta el cuello y de su muslo izquierdo salía un hilo de sangre todavía sin coagular. En resumidas cuentas, la chica estaba nerviosa, cansada y herida, pero seguía compitiendo. Afortunadamente ese fue el último puente, porque ahí sí que no hubiera aguantado. Los equipos que llegaron a Caldas temprano decidieron seguir por una trocha de miedo hasta el río La Miel y de ahí, toda la noche hasta la meta, que fue alcanzada primero por el equipo Bosi en la mañana del tercer día.
El balance general, la primera impresión que La Travesía 2000 me dejó, fue la de una impecable organización y una peligrosa falta de profesionalismo en los equipos. Dormir en un hotel, llamar por teléfono a la mamá (les juro que ví eso en la carretera), perderse en un recorrido señalizado, comprar conos o ciruelas a venteros ambulantes en los puestos de control, dejar mojar los mapas, no saber leerlos, demorarse 35 minutos en los puntos de transición, quejarse mucho, caminar en un estado general de confusión y tratar la competencia como una carrera de observación, debe servir de experiencia para estos y otros equipos en la próxima Travesía que se llevará a cabo en Semana Santa del año entrante. No es una promesa, pero creemos que en esa carrera elocio estará compitiendo y reportando desde la perspectiva de los corredores, no de los periodistas.
Juan Camilo Jaramillo
juan@elocio.com |
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